Crítica de "El fin es mi principio", por el Capitán Spaulding

poster el fin es mi principio
Es más que probable que más de uno de nosotros tenga en su familia a algún miembro que alguna vez haya coqueteado con la idea de escribir un libro de memorias. Qué demonios, mi tío me envió hace poco una versión impresa y encuadernada de las suyas, y me parecieron fascinantes. Pero me lo parecieron a mí; y aunque una versión editada podría tener cierto interés, ni loco lo consideraría material suficiente como para montar toda una película a su alrededor. Y eso que mi tío es mucho más interesante que el malogrado Tiziano Terzani, periodista que viendo cómo un terrible cáncer apretaba las tuercas para llevárselo a la otra vida, llamó al hijo al que hacía años que no veía para que le visitara y pusiera sobre papel todo lo que le relatara. El resultado fue "El fin es mi principio: un padre, un hijo y el gran viaje de la vida" primero, y la adaptación cinematográfica "El fin es mi principio" después, que recorre precisamente los días en que Terzani Jr. viajó de Alemania a la Toscana para redescubrir a Terzani Sr., apuntar sus historietas y de paso limar asperezas. Interés poco, la verdad. Esto es, hasta que se descubre que el protagonista del film no es sino Bruno Ganz, el maravilloso actor que dio vida a Adolf Hitler en "El hundimiento" y por cuya presencia bien vale la pena conceder, por lo menos, el beneficio de la duda.


De hecho, a la postre es prácticamente él lo único que vale la pena de una película francamente limitada, calidad humana aparte. De por sí, no tendría nada de malo que su idea principal se limitara a lo expuesto allí arriba: un padre y un hijo alejados que se reencuentran para las memorias del primero. El problema es que ni el hombre tiene grandes cosas que contar, ni el distanciamiento entre ambos se debe a montañas realmente insalvables que sepamos, o que apreciemos. De modo que más allá de la curiosidad de saber de una familia que viajó por aquí y por allá y que recibió una determinada educación... poquita cosa. Y del drama que se debería respirar en el seno de la misma por una tragedia a punto de hacer eclosión, ídem. Sí que se hace referencia al contraste generacional, a los puntos de vista de uno y otro personajes sobre determinadas temáticas y demás, pero nada hay realmente revelador, y por momentos la cinta se acerca peligrosamente en convertirse en mera excusa para que un abuelete (la mar de entrañable) cuente sus batallitas a quien quiera escucharlas. Y la verdad, un servidor tienes cosas mejores que hacer. Del mismo modo, es todo tan blanco, tan inocuo y a la vez reverencial, que tampoco se palpan sentimientos excesivamente intensos.

Y a un guión que huye de llagas en las que hurgar (la relación del hombre con su mujer), le corresponde un estilo cuasi teatral, de grandes monólogos y sencilla planificación salvo en contadas ocasiones. En conjunto, una apuesta que funciona a las mil maravillas en según qué situaciones, pero que aquí se antoja más bien poco estimulante. Por todo ello, cuando se acerca el final de la cinta y se busca de manera descarada el pañuelo del espectador (aportación musical incluida), "El fin es mi principio" se queda a medio camino e incita a la llorera tan sólo a los más sensibles.


Así que por un lado nos encontramos con una historia sobre relaciones paternofiliales con nada demasiado nuevo que ofrecer al tema, y por el otro con el repaso de las experiencias personales, de interés relativo, de un hombre en las últimas. Se basará en hechos reales y sus intenciones serán las mejores que del mundo del cine se pueda esperar, pero la verdad es que ante tan poquita cosa, poco puede hacer el espectador. Y si encima tampoco hay nada en el apartado técnico que atraiga demasiado (más allá de la fotografía que posibilita su maravillosa localización campestre), sólo queda un refugio posible, y lo decíamos al principio: la presencia de Bruno Ganz. Toda la fuerza que le falta a su personaje la compensa el intérprete con un trabajo exquisito, convirtiéndolo en un hombre cercano, plausible y entrañable. Él solito salva los muebles, encuentra todo lo que no han sabido encontrar guionista(s) y director, y hace que el film que nos ocupa no sea, por lo menos, una pérdida de tiempo total. Es más, seguro que determinados sectores del público quedarán francamente satisfechos con su visionado... Lástima que no congenie demasiado con sus gustos.
5/10

4 comentarios:

  1. Preciosa crítica. No ganas. Ni por Bruno Ganz.

    "yagas" = llagas
    "quasi" = cuasi

    servidoreta

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  2. mierda, creo que te vamos a contratar como revisora, jejeje!
    Lo cierto es que la peli puede que guste, ojo. A mí... pfff, es que no llegué a conectar nunca ni con ella (la peli) ni con él (el niño que va a escribirle la historieta) ni con ellas (las historietas). O sea, sí, fueron a China un tiempo, y ahí el hombre instruyó a sus hijo según su filosofía y sus ideales. Ok, interesante, condúcelo a algo. Ah, que no hay nada más¿? Que ya está? Bah. Pues muy bien, tengo mil amigos que también han hecho viajes o vivido fuera... qué novedad. En fin :P

    Que gracias por el piropo, pero de preciosa poco, que la he escrito como a las 8 de la mañana y no soy persona, jejeje!

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  3. Yo la he encontrado preciosa muy bien escrita y pa mi es de esas "Capi" que sé que yo lo voy a ver como tú (no siempre es asi, ya lo hemos ido viendo, pero ahora ya he parendido a hilar muy fina y reconozco el 5% en que sé que mi gusto y el tuyo no coincidirán). En esta lo veo claro: es más, tus argumentos són los misms que haría servir yo si la hubiera visto, por eso sé que no... No sé, pa mi está claro. Pues eso, que preciosa y útil.

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  4. pues gracias chica, así da gusto! ese 5% me intriga...

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