Crítica de "Gianni y sus mujeres", por el Capitán Spaulding

Afirma Robert McKee en su prestigiosa tesis sobre el guión que todo protagonista debe ser movido por una gran finalidad; un objetivo elevado que, de no existir, le hace perder su preciado tiempo. Y aquí tenemos a Gianni, un hombre todavía en edad competente pero jubilado a la fuerza, que lo único que quiere es una aventura allende los límites del matrimonio; dichosos sus amigos, que le meten esa idea en la cabeza aludiendo a la doble vida de uno de los más mayores de la pandilla. Y bien por McKee, que seguramente se tiraría de los pelos ante semejante premisa. Ni qué decir tiene que con una excusa argumental así, Gianni Di Gregorio (director, guionista y protagonista de la película que nos ocupa) aprovecha para ir a escarbar en otras cuestiones. La adaptación al nuevo y forzado estilo de vida del protagonista, la relación con los miembros de su familia (de la que él constituye el único miembro varón) y su percepción desde ese punto de vista que se ha visto obligado a adoptar, o la voluntad por escapar de su rutinaria y apática vida llevan a "Gianni y sus mujeres" a convertirse rápidamente en un discurso más profundo, cuyos principales puntos de interés acabar por tocar a buena parte de los espectadores habida cuenta de su terrenal punto de partida y posterior tratamiento. Quién no se ha visto alguna vez ante la tentación de una aventura; quién no ha debido lidiar con un despido inesperado y una posterior reubicación social; en los tiempos que corren, cuántas casas hay que ven cómo los roles clásicos se ven alterados, y el hombre pasa a hacer las tareas del hogar mientras la mujer es la principal fuente de ingresos. Claro que una situación así, en una sociedad que sigue tan arraigada en las costumbres clásicas y a la que tanto le cuesta abrirse de miras como es la italiana, el jugo es más sabroso.
Y efectivamente, pese a lo anecdótico de su premisa, al estilo liviano de Di Gregorio (a quien ya conocíamos por "Vacaciones en Ferragosto", por cierto) y a la tranquilidad general que se desprende en apariencia de ella, "Gianni y sus mujeres" tiene mucho jugo y, de entrada, sirve para demostrar que no sólo de comedias románticas vive Italia. Porque aunque eso parezca, y no sean pocas las veces en que a ese género se acerque, el film es un relato cercano y realista que, como tal, esconde ciertas emociones no tan agradables. Basta ver su escena de apertura, en que Gianni lleva a su senil madre al abogado para hacerle firmar unos papeles que le permitirían tener acceso a su patrimonio (y liberarle así de los dolores de cabeza de una pensión insuficiente). Tiene gracia y se resuelve con un giro inesperado de acontecimientos, pero a partir de ahí Di Gregorio indaga y descubre lo que ese gesto esconde. Y lo mismo en todo momento: entre sonrisas y puntuales risas puras y duras, zigzaguean temáticas de cierta gravedad: la búsqueda desesperada de una mujer responde a la incomunicación, soledad, aburrimiento vital, alcoholismo, dificultad de adaptación a la vida (y a la edad) y ganas de huir de ella... Bien pensado, ésta podría suponer la respuesta italiana a la sensacional "Una mujer sin piano" del madrileño Javier Rebollo.


Porque igual que Carmen Machi, Gianni está esclavizado por una vida que no esperaba. Las mujeres que le rodean (la madre, su cuidadora, la esposa, la hija, la ardiente vecina del piso de abajo) le llevan por el camino de la amargura bien sea por incomprensión (sus conversaciones con su hija, las intenciones de la vecina), por ¿involuntario? aprovechamiento (las escenas en casa de su madre con sus amigas) o un batiburrillo de todo un poco (su mujer); súmese a la fiesta la crisis correspondiente a su edad y a la delicada situación económica, y no resultará tan extraño que el hombre acabe emprendiendo su particular via crucis en busca de una nueva vida. Desde las jóvenes en busca de dinero a la hija de la amiga de la madre o la primera novia del cole, cualquiera se convierte en potencial huida... pero, ah, todas ellas acaban despertando los mismos síntomas de incomprensión y esclavitud. Y con estas, la sonrisa sigue ahí, las escenas de viejo verde hacen mucha gracia y toda la pesca, pero una aprensión subconsciente le va ganando terreno al intrascendente buenrrollismo y ese aroma de liviandad inicial se acaba evaporando hasta llegar a un tercer acto en que, realmente, la posibilidad de que algo grave acabe ocurriendo se hace evidente.


Pareja a esta dualidad emocional se mueve el estilo formal de la cinta, tan aparentemente sencillo como plagado de recursos muy elaborados: con sus largos planos secuencia, travellings cuya cámara es capaz hasta de entrar y salir de un coche, detalles visuales sumamente esclarecedores o pasajes del guión cargados de dobles lecturas, se le aprecia a "Gianni y sus mujeres" una muy marcada voluntad por hacer las cosas bien, previa planificación y rehuyendo de las prisas propias de las muestras más comerciales del cine italiano. Y no hay que olvidarse del trabajo del Di Gregorio actor, una suerte de la mejor versión de Ricardo Darín con acento romano, perfecto en todas y cada una de sus frases, reacciones y miradas (a sí mismo, principalmente). En la otra cara de la moneda, una banda sonora que parece que vaya por su cuenta, y alguna que otra actriz (voluntariamente) florero que acaba pecando de exceso. Y además, puntuales pasajes de ritmo más irregular y repetitivos, que detienen en demasía una película ya de por sí parca en agitación. En todo caso, la balanza acaba decantándose con determinación hacia el lado de lo positivo, por lo que "Gianni y sus mujeres" se revela como una pequeña sorpresa de la filmografía reciente italiana. Tan simple, humana y honrada como disfrutable.
6,5/10

4 comentarios:

  1. Pues muchas gracias, oye! Creía que esta película (y por consiguiente, su crítica) no le iba a interesar a nadie...

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  2. ¡Claro que interesa! Menos mal que hay alguna crítica por ahí de pelis que no ve ni Cristo, que críticas de cine comercial hay a patadas.
    Interesante, por cierto.

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  3. Pues muchas gracias, de verdad. La verdad es que no renegamos del cine comercial (ni mucho menos!) pero qué bien sienta encontrarse a veces con propuestas alternativas con ganas de dar algo al espectador, a que sí?
    Un saludo, y gracias por la visita!

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