Crítica de "Cowboys & Aliens"

Se acaba el verano. Últimas oportunidades para despedirse de los días soleados, los viajes al otro lado del mundo, las horas ociosas alejadas del trabajo y los grandes blockbusters que copan la cartelera de los cines… Claro que este verano ha llovido a mares, no hay pasta para viajes, y las horas se pasan ociosas porque hasta el Tato está en el paro. Visto así, quizá la llegada del otoño tampoco sea un drama. ¿Y los blockbusters? Mal, gracias por preguntar. Salvo alguna meritoria excepción (simios conquistando el planeta) la mayoría de los grandes títulos han pinchado con mayor o menor estrépito. Con semejante panorama ¿Nos salvarán del tedio Harrison Ford y Daniel Craig?
Cowboys & Aliens adapta un cómic de Scott Mitchell Rosenberg que a su vez parte de una premisa tan bizarra como brillantemente resumida en su título: en el lejano Oeste, un tipo que ha perdido la memoria llega a un polvoriento pueblo controlado por un rico terrateniente. Pronto las rencillas iniciales quedan aparcadas para hacer frente a un enemigo común: ¿Indios? ¿Forajidos? ¿Tormentas? ¿Kevin Costner? Pues no: Alienígenas, armados con tecnología muy superior y muy malas intenciones. Ahí es nada. ¿Alguien se acuerda de una publicación española (no sé si llamarla revista) llamada CIMOC que allá por los 80 seleccionaba algunos de los mejores cómics para adultos del panorama europeo y americano? Sus historias a menudo presentaban futuros extraños, distopías de pesadilla y universos paralelos en los que extraterrestres y vaqueros podían ser un buen cóctel. El trabajo de Rosenberg no pertenece a esa época de esplendor de la viñeta, pero resulta curioso observar como se repiten algunos modelos en el panorama de la cultura contemporánea.


Precisamente, para los que necesiten una coartada intelectual, el argumento de esta película la convierte, a priori, en el ejemplo perfecto de un cierto cine posmoderno. La hibridación de géneros y la recuperación de la narración clásica (aunque sea el del Western, que es la mitología norteamericana) son moneda común en la cultura actual, y en un mundo ideal Cowboys & Aliens entraría en el panteón de los iconos de su tiempo. Sin embargo, la película de Jon Favreau se queda a medio gas. La realización es correcta, el diseño de personajes se adecua a los márgenes de la historia y el conjunto funciona, pero son precisamente estas virtudes las que la acaban lastrando a la mediocridad. Tras un inicio interesante, el filme se desliza por terrenos conocidos y lugares comunes. Pese a que el punto de partida invita al riesgo, Favreau y sus guionistas optan por un relato más canónico y convencional de lo que sería deseable. En lugar de jugar a distorsionar el género, a explorar sus tótems bajo un prisma diferente y a reescribir el universo del Western, la narración recoge todos sus tópicos. No faltan indios, mujeres de fragilidad solo aparente, barmans apocados, bandidos y persecuciones a caballo. Nada de ello es malo de por sí, pero no puedo evitar lamentar la oportunidad perdida, la ocasión de coger un material altamente inflamable y construir una película que discutiera el cánon, que lo sacudiera para hacerlo avanzar. Despojada de toda inquietud subversiva, la trama avanza pulcramente haciéndose eco de John Ford (Centauros del Desierto planea sobre todo el metraje) Anthony Mann o Delbert Daves. Las mentes pensantes de la película elaboran una trama que a menudo deja a los alienígenas a un lado para centrarse en la convivencia de un variopinto grupo de individuos enfrentados a toda clase de peligros, y es precisamente en esos pasajes que toman consciencia del clasicismo que impregna la narración que la película alcanza sus mejores momentos.

En manos de un director más torpe estaríamos ante un despropósito, pero reconozcámoslo: Jon Favreau nos cae bien. Como actor no pasará a la historia pero como director se ha ganado unos cuantos admiradores, encantados con su estilo resultón que quizá no sea muy personal pero casi nunca chirría ni mete la pata. En el caso que nos ocupa se revela respetuoso, correcto, mesurado y un tanto aséptico, consciente quizá de que el primer objetivo que tiene es el de entretener a la audiencia, aguantando el ritmo de la narración durante dos horas sin desfallecer. Nada que objetar en ese sentido; el filme es un mecanismo de diversión correctamente engrasado, con escenas espectaculares y otras más intimistas que no tienen mayor ambición que la de ocupar su sitio en la estructura clásica del guión. Todo giro es previsible, toda salida de tono tiene su razón de ser, como en un manual. Aparcada toda veleidad autoral, lo que nos queda no es nada desdeñable porque cumple de sobras con su cometido y no niega su condición de espectáculo de domingo. Una nueva muesca en el currículum como productor de Steven Spielberg, que entiende mejor que nadie el valor de una historia bien narrada, por muy anodino que sea el resultado.

El cásting tampoco es un problema: Ford y Craig construyen personajes de una pieza, mil veces vistos pero que, al igual que el resto del reparto, cumplen su función en la historia y no desentonan con el conjunto. Pese a que no sea el papel de su vida, se agradece ver al viejo Indy metido en semejante fregado, encarnando al avinagrado terrateniente en un registro más matizado que los héroes que lo hicieron famoso y que lo estaban amansando últimamente. Parece ser que la necesidad de salirse de un papel agotado es la que ha llevado a Ford a aceptar el trabajo, buscando una conexión con el público más joven que perdió a finales de los noventa. Desgraciadamente, no lo ha conseguido: la película ha sido un fracaso en los Estados Unidos. Pese a que atesora virtudes suficientes para ser un buen blockbuster de circunstancias, el batacazo en la taquilla norteamericana ha sido considerable, viéndose obligada a competir con Los pitufos. Más allá de lo caprichoso que es a menudo el éxito me cuesta entender semejante varapalo, si no es por la posibilidad de que más de uno se haya echado atrás ante un argumento a priori rocambolesco.
Pues no había para tanto.
6,5
Por Manel Carrasco

3 comentarios:

  1. Ya que estoy animado a comentar por todos lados me voy a lanzar por aqui tambien, aunque no tenga nada que ver con la peli...que es un poco casposa!
    Y teniendo en cuenta eso, no entiendo(no quiero entrar en ningun tipo de polemica)como poneis o anunciais o como lo queramos llamar, el condensador de fluzo,en una pagina de "nivel internacional" en catalan y yo no me entero de nada...vengo mosca porque iba totalmente feliz a escuchar y a pasar un rato ameno y me encuentro que estan hablando de veinticuatra e Isidra...espero que se entienda mi tono jocoso no hay ningun tipo de malintencion(soy fan del barcelona de baloncesto y para mi barcelona es de los ciudades grandes la mejor sin duda en todo)pero esto ha sido un golpe bajo bajo bajo(repito estoy "cabreado"porque me apetecia escuchar un programa sobre cine y con las ganas hasta los Oscar)....

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  2. Acabo de leer lo que he escrito y se nota que soy extranjero, sobre todo en la parte final que parezco de otro planeta...en fin

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  3. Bueno, el programa es en catalán porque es para una radio de Catalunya. No hay más.
    Y lo anunciamos por aquí porque creemos que puede ser interesante para todos los lectores de La Casa de los Horrores, independientemente de que hablen o no la lengua.
    Porque ya verás, a la que nos hayas oído unas cuantas veces estoy convencido que nos vas a seguir a la perfección ;)

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