Sitges 2011: Crítica de 4:44 Last Day on Earth, por el Capitán Spaulding

sitges 2011 crítica de 4:44 last day on earthSi algo está dejando claro la tendencia el cine de los últimos años es que, al final, la moda es la moda, y el séptimo arte irá donde Vicente, cuando se mueve la gente. Que la sociedad no deja de mirar con el rabillo del ojo a ese 2012 que se acerca imparable y que tantas veces se ha señalado como el fin del mundo, y a ello responden las carteleras con acumulación de películas pre, post o apocalípticas a secas, todas ellas tratadas desde diversas perspectivas... o presupuestos. Como si todo el mundo quisiera decir la suya, ofrecer su punto de vista sobre este gran miedo de la humanidad que, de hecho, parece que no tendrá respuesta 100% segura hasta que lleguemos al 2013 (maldito año nos espera). Desde luego, juego da: puede llegarse al fin del mundo de mil y una maneras, y puede servir como excusa para pirotecnias palomiteras, como sinónimo de ese pavor hacia una amenaza no del todo clara con la que viven sobre todo al otro lado del charco, o como punto de partida para un estudio social. Tanto se puede hacer con ello, que hasta el mismísimo Abel Ferrara se ha subido al carro, colocando a Natasha Lyonne y a Willem Dafoe en el epicentro de un mundo al que le quedan 14 horas y 44 minutos antes de desaparecer (exactamente a las 4:44), pero cuya humanidad es consciente de ello desde hace bastante tiempo, por lo que afronta el fin de sus días de manera bien distinta a lo habitual: tiempo hemos tenido, y de sobras, para prepararnos a encarar nuestra muerte. Con este punto de partida arranca 4:44 Last Day on Earth.

Que el responsable de Teniente corrupto se haya lanzado con la dirección y el guión de este proyecto no deja de resultar curioso, como curioso es que apenas se haya invertido dinero en ella, pese a que en no pocas ocasiones hable abiertamente de grandes masas sociales. Vamos, que el experimento se antojaba la mar de interesante. Y a la hora de la verdad... Bueno, digamos que tiene que caer muy bien Ferrara (y en especial, su última etapa), para que pueda caer en gracia la propuesta. Porque tan cierto es que tiene varios aspectos a destacar positivamente, como que también cuenta con muchos otros negativos que, la verdad, cuesta pasar por alto.

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A un lado de la balanza tenemos la relación tan extraña como embriagadora de la pareja protagonista; su manera de afrontar el fin del mundo pintando cuadros, manteniendo relaciones sexuales cada dos por tres, bailando y hablando; con teles, iPads y Apples conectados a Skype, a retransmisiones de noticiarios y a mensajes de diversos líderes religiosos... Todo eso dibuja un lienzo francamente inesperado, que se hace enseguida con el interés del público (aunque buena parte del mismo venga dado por las escenas de sexo explícito). Por otro lado, está la forma en que la humanidad entera se aboca a su exterminio: tan sólo es una mera excusa para justificar que, en las escenas de exterior, no se haya contado con extras de ningún tipo, ni evitado que la vida real siga su curso, pero lo cierto es que la opción de que buena parte de los humanos hayan optado por seguir con sus rutinas aún en el último día de sus vidas, da que pensar. Un último apunte positivo tiene que ver con el sempiterno tema favorito de Ferrara, las adicciones. En no pocas ocasiones casi parece que el director esté abriéndonos sus entrañas, reconociendo sus problemas y sus sensaciones hacia ello. Y de todo esto, claro, 4:44 Last Day on Earth sale fortalecida.

En la otra cara de la moneda, bueno, tal vez la forma más suave de decirlo sea que la película, como tal, es francamente limitada. No tanto por su falta de recursos, evidente en todo momento; ni por esa molesta sensación de que a fin de cuentas, a su director se le ha ido la castaña más que nunca, y ha perdido el rumbo más allá de dos o tres ideas resultonas. Como resultado de ello, problemas rítmicos de vértigo, sensación de vacío sideral, y en definitiva, la constatación de estar ante un producto cinematográfico francamente pobre. Hasta parecería que no hayan habido demasiados segundos intentos de tomas, a tenor de los innumerables fallos con que cuenta el film y de las evidentes improvisaciones de su reparto.

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No cabe duda de que el debe está bastante más cargadito que el haber, y de ahí lo que decíamos antes. Que tiene que gustar Ferrara para que guste (o disguste menos), 4:44 Last Day on Earth. Estamos ante un desastre con todas sus letras, una película en la que por fallar fallan hasta las interpretaciones. Pero qué quieren que les diga, me gusta este tío. Me gusta que aún quede alguien dispuesto a contarnos lo que le salga de vaya usted a saber, que demuestre algo de sangre, polvo y sudor. El último film de quien dirigiera The Addiction es rústico y artesanal, de otra época pasada, y aunque esa sea una de las causas de su irremisible condena, debería agradecerse. Por este motivo, no me mojo. Le apunto un aprobado que bien podría ser notable para algunos y rosco para otros, y aprovecho para reconocer mi veneración hacia un autor controvertido y del gusto de muy pocos. Que cada cuál le suba o baje la nota en función de lo que crea conveniente.
5/10

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