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Sitges 2011: Crítica de "Verbo", por el Capitán Spaulding

Llévatelo
sitges 2011 crítica de verbo
Tras algo menos de noventa minutos, se vuelven a encender las luces de la sala mientras los versos del rapero español de turno atronan a través de los altavoces. En pantalla, van apareciendo uno tras otro los títulos de crédito correspondientes a la dirección, la interpretación y demás. Pero la verdad es que el espectador sigue tan estupefacto, tan descolocado, que ni siquiera puede prestarles atención. “¿Pero qué demonios ha sido eso?”, se pregunta (como poco, hay quien introduciría aquí toda sarta de adjetivos descalificantes que, de momento, omitiremos). Pues eso, amigos, ha sido Verbo. Ese ha sido el debut en la dirección de largometrajes de Eduardo Chapero-Jackson (¿?), y esa ha sido la última superproducción de Telecinco, cadena que parece no aprender de los errores tras haber financiado ese otro disparate llamado Agnosia. Para no perder la marca de la casa, la película que nos ocupa reúne a una miríada de actores cuyas almas han sido adquiridas por la cadena que más veces es omitida por la audiencia1, y quizás el mencionar a alguno de ellos sirva como primera herramienta con la que catalogarla: Miguel Ángel El Duque Silvestre, Adam Jezierski y Macarena Gómez (tranquila, si lees esto, nuestro fanatismo hacia ti no ha variado un ápice, entre otras cosas porque apenas te da tiempo a decir nada en la película) no es que ayuden precisamente a una producción que, si no ha quedado claro todavía, lo diremos desde ya: es de lo peorcito que ha pasado por nuestros cines en los últimos tiempos.
Y es que vaya un ejército de las tinieblas se ha ido a reunir para la ocasión. Por un lado, nos encontramos ante una historia sobre una niña que sigue las pistas de un graffitero que se cree poeta (algo así como un Banksy con complejo de Fito, o viceversa) y parece albergar un mensaje oculto en sus estropicios; porque eso es lo que son los graffitis, y me da igual que algún lector pueda escandalizarse, estropicios para las ciudades. En fin, por un lado esto; por otro, tenemos un vestuario que navega entre lo emo y lo skater: capuchas oscuras, pantalones cagados, y por lo general, todo ese estilo que cuando lo lleva alguien por la calle, hay quien siente lástima y poco más. Pero bueno, sus fans tiene, y allá cada cuál con sus gustos. Mi definición de buen gusto, desde luego, va en otra dirección. Y finalmente, tercer horror que echarse a la cara, o más bien a los oídos: buena parte del protagonismo auditivo se lo llevan el rap y/o el hip hop (agradecido estaré a quien me explique la diferencia), hasta el punto de que los actores cuentan con infinidad de diálogos medio rimados y medio cantados, haciendo del resultado un galimatías desesperante por innecesario.

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Imagino, claro, que la idea es asemejarse en dignidad al Don Quijote, obra a la que Verbo parece querer rendir homenaje aunque, la verdad, para homenajes así es una suerte que Cervantes lleve muerto un buen tiempo... Y ya que estamos en materia, vayamos a por cuestiones de mayor gravedad, que a fin de cuentas, no estar de acuerdo con la temática de una película no tiene por qué suponer que esta desagrade. Lo grave en Verbo es que, se mire por dónde se mire, no hay forma humana de cogerla. Su guión se mete en un jardín de cuidado pese a partir de una anécdota válida para poco más que un corto, sus metáforas y poesías se antojan baratas, huecas y gratuitamente enrevesadas, y los personajes quedan a medio definir en el mejor de los casos (burdamente ridiculizados en el peor). Nada es creíble, nada engancha y menos aún interesa, por culpa de un film más centrado en demostrar ser una rareza, que en lo que realmente importa. Vamos, que se esfuerza tanto por ser diferente, que se olvida de cubrir, primero, las bases fundamentales para que una producción cinematográfica sea considerada como tal.
Y por otro lado (sí, aún hay más), es de severo correctivo tanto la dirección como el montaje del film, que lo mismo se convierte en una copia barata de Matrix, que se pasa a los dibujos animados, adopta recursos y estilos propios de una película de terror... En fin, un cúmulo de géneros carente de gracia, que acaba en el rechazo absoluto. Toda una pesadilla para el espectador, que se agrava si, como decíamos, no comulga con lo que la película entiende por arte.

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Súmese un mensaje de fondo francamente peligroso, y ya tenemos el pack completo: Verbo es un desastre de los pies a la cabeza, un quiero y no puedo que se estalla violentamente contra el suelo, y luego le sigue dando cabezazos para atravesarlo pese a haberse demostrado inquebrantable. Su constante esmero por ser original, distinta e innovadora acaba agotando la paciencia de muchos, que ante todo van al cine a ver una película, y no un graffiti en movimiento. Horror para la vista, el oído, la cabeza y el corazón, la única posibilidad que tiene Verbo pasa por encontrarse con un espectador fan de alguno de sus actores, que se contente con ver al dichoso Duque sin esperar que, ya si eso, le cuenten una historia decente. Quienes no den con el perfil, y aun así quieran entrar en el cine, será mejor que no lleven cuchillas a mano... Por su propia seguridad y la de la sala a la que asista.
0,5/10

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1 Aunque, curiosamente, también es la más vista.

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