Crítica de "11-11-11"

crítica de 11 11 11
Durante algo así como un año se instauró una suerte de debate entre quienes, con la saga Saw recién franquiciada, opinaban que James Wan tenía más talento que Darren Lynn Bousman, y quienes pensaban lo contrario. En todo caso, se los veía a ambos, director de la primera entrega y de la segunda (y tercera, y cuarta) respectivamente, como grandes esperanzas del cine de género, aunque poco a poco, el tiempo los fue dejando en su lugar. Mientras uno se perdería en homenajes de pacotilla al cine de terror, el otro se metía en jardines de agárrate y no te menees intentando probar su genialidad con un musical gore por aquí y un remake de una película de Troma por allá... Por supuesto, ni falta hará que diga el resultado en ambos casos. Así que desde una posición mejor definida, lejos de hypes proféticos y sabiendo hasta dónde puede llegar realmente su (ejem) arte, el director de Repo! The Genetic Opera vuelve a intentarlo con un producto de terror que, curiosamente, guarda más de un parecido con lo último de Wan, ese Insidious que también nos sirvió para rebajar estados anímicos. Igual que aquella, el 11-11-11 de Bousman tira de maquillajes y caretas, de sustos clásicos y de temática entre lo demoníaco y las hauted houses; e igual que aquella, el resultado deja mucho, mucho que desear. ¿La diferencia? Que mientras una es un juguetito inofensivo tratado desde el prisma de un tipo sinceramente apasionado del género, esta otra saca a colación temas y discursos entre líneas con la intención de levantar ampollas. O sea, encima de mala, ofensiva. Bravo.
Antes de entrar a valorar pros (pocos) y contras (infinitos) del film, situémonos: 11-11-11 presenta a un escritor reputado que, un 11-11 a las 11:11, vio como su hijo y su mujer morían en un incendio ante la atenta mirada de lo que parecía ser un diablo; que a las 11:11 de cada noche se despierta y cree tener visiones; y que un buen día de este mismo año, a las 11:11, sufre un accidente de coche del que sale ileso. Ese escritor, pocos días antes del 11-11-11 (es decir, de este viernes) recibe una llamada de su hermano: debe trasladarse a Barcelona para visitarle a él, cura paralítico, y a su padre, que también vive en la Ciudad Condal y está en las últimas. Así que viaja y, sorpresa, cada vez que el reloj llega a la fatídica hora, en la casa de su familia pasan cosas raras principalmente debidas a presencias extrañas que pululan por el lugar. A priori un argumento de terror como cualquier otro. Sólo que el “11-11-11” es un fenómeno real, entendiendo como tal que muchas personas creen en esta fecha como la señalada para la llegada de algo (fin del mundo, Salvador, o similar), y creen a quienes dicen que a esa hora siempre les pasa algo de corte espectral. Y con esta excusa, Bousman apunta a los fanatismos, Iglesia incluida por supuesto, y divide su discurso entre el mero cine de terror y el discurso pretendidamente moral/social. Malo. Por aquí siempre hemos defendido las críticas hacia todo y hacia todos, siempre y cuando se traten desde un punto de vista inteligente, algo en lo que el director y guionista del asunto yerra de la misma manera que lo hizo Kevin Smith con su horripilante Red State.

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Bien, discurso en teoría serio que no tarda en caer en lo ridículo, y posibilidad de cabrear a más de uno. Ya lo tenemos: de una película que podía (y debería) ser únicamente tildada de buena o mala, se pasa a un producto con serio potencial para resultar irritante (y ya lo es: no son pocos los eleveners que han puesto su grito en el cielo). Queda por saber si, al menos, el producto cinematográfico como tal tiene algo que añadir. Y la verdad es que desde ese punto de vista resulta difícil buscar adjetivos que eviten el insulto, así que por nosotros que no quede: 11-11-11 es una soberana idiotez. Y lo es en primer lugar porque empieza un 7 de noviembre, y pretende asustar con visiones amenazantes y demás pese a saber que lo que tenga que ocurrir tendrá lugar sólo el día 11. Por lo tanto, cada vez que el film funde a negro y recuerda la fecha en la que se sitúa la acción, el espectador se relaja automáticamente: 8 de noviembre, quedan tres días para que pase algo. 9 de noviembre, quedan dos. Así sucesivamente. Sin embargo, y de ahí la idiotez de todo ello, en vez esforzarse por la elaboración de una trama digna, la creación de personajes o de una atmósfera y estado de ánimo del espectador que acaben desembocando en la fecha señalada a pleno rendimiento, Bousman apuesta por el recurso fácil: cada movimiento brusco, cada aparición en pantalla de un personaje, se acompaña de un trueno musical buscando (sin suerte) que el público salte desde su butaca. Y la primera vez puede que cuele; la segunda también. La tercera ya no. Menos si, en una acumulación absurda de ellos, la mayoría de sustos se limitan a que una persona anciana se acerque al protagonista para hablarle. Vale que la tercera edad pueda asustar, ¡pero tampoco hay que pasarse! El empeño por provocar sobresaltos es tal que incluso en aquellas rarísimas ocasiones en que consigue crear algo de atmósfera enrarecida, lo acaba echando por tierra al concluirlo en el mismo y trillado recurso.

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De este modo, claro, 11-11-11 se convierte por un lado en cine de entretenimiento que es de todo menos entretenido. Le falta dinamismo, no consigue hacerse con el interés de nadie, y está construida con los pies: la prueba más clara reside en que pese a no llevar ni media hora de película, ya se ha repetido hasta en tres ocasiones la recurrente pesadilla del protagonista, sin añadir absolutamente nada. Y por otro lado, se convierte en cine de terror que no asusta porque la propia película se cava su tumba, avisando por activa y por pasiva que, hasta la dichosa fecha, no ocurrirá nada. La pregunta es: y esas presencias, ¿por qué no hacen lo que tengan que hacer directamente el 11 de noviembre, ahorrándose así todo el esfuerzo de aparecer y desaparecer? Es que a ver, uuh, qué miedo: ahí hay una forma humanoide, sí, pero... ¡está totalmente quieta! En fin, incongruencias y más incongruencias que sumar a otras de tipo anacrónico, como el hecho de que en pleno 2011 aún se recurra a personajes a quienes “no les gusta usar ordenador” por lo que escriben diarios personales a mano (¿seriously?); o de tipo geográfico, porque (primera noticia) ahora resulta que del aeropuerto de Barcelona al pueblo costero en que sucede todo hay que pasar por Colón y la Sagrada Familia, para luego poder ir a pie al laberinto de Horta y tener el Gótico a un tiro de piedra.
En fin, me estoy excediendo, al grano: 11-11-11 es una mala película de terror con lamentables ínfulas de grandeza, hecha sin gracia y escrita con algo peor (la triple negación del hermano religioso es para mear y no echar gota, ¿de verdad no había forma mejor de expresarlo?), que como mucho asustará a los eleveners. O los irritará, quién sabe. En todo caso, sólo ellos sentirán algo con el visionado de este triste ejercicio de terror barato y de andar por casa. Esperemos al menos que la ciudad de Barcelona se haya embolsado algo por permitir su rodaje...
3/10
Por Carlos Giacomelli

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Ficha técnica de "11-11-11"

6 comentarios:

  1. Las criticas de malas películas son divertidas de escribir y de leer. Por el texto avisado quedo, pero no se si podre resistirme a la oportunidad de echar pestes sobre ella con conocimiento. Ya veremos.

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  2. jejeje, son divertidas sí. Lo malo es que antes toca el proceso de ver la película y, claro, ahí la cosa ya no se hace tan divertida. En concreto, cuando 2395 horas después de empezar la peli, miré el reloj y apenas habían pasado 30 minutos, me entraron ganas de coger ese 11-11-11 y usarlo como peine de metal con el que rajarme las venas...! COn todo, ahora espero tu opinión al respecto, así que ya la estás viendo, jeje!

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  3. Pues a mí me has chafáo el pla, yo que quería ir a verla con Bluto para verle jiñarse con los scary numbers y va a ser que no; después de leerte no ganas ni de en el cine de mi casa. Y encima, que pase en Barna -que era una de las cosas que me tiraba a verla- veo que te ha entrado igual de bien que a mí en Vicky Cristina, que casi me desajunto con Woody pa siempre jamás...
    Jooo, a mí me hacía gracia verla...

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  4. jur, qué manía se le pilló al pobre Woody Allen. Yo es que soy de la opinión que si fuéramos a ver cada ciudad en la que pasan las pelis lo fliparíamos, así que no me pareció en absoluto mal.
    Seguro, por ejemplo, que Madrid tiene algo más que lo que muestra El día de la bestia, por ejemplo. Y que en Londres hay más que esa preciosidad aséptica y lujosa de Match Point. Y que los Transformers cuando se cargan Los Ángeles no pasan por toda su superficie... en fin, eso. Que molestó a tantos (de por aquí) porque en este caso se trataba de una ciudad que conocemos, y sabemos que sólo muestra una parte de la misma... a mí me hacen gracia estas cosas! Cómo ven los extranjeros la ciudad y tal... Claro que en el caso de Bousman, la mayoría pasa interiores y la ciudad no aporta absolutamente nada, así que suena a excusa para pegarse unas vacaciones de lujo, la verdad xD

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  5. Soy Luis. Pues yo la acabo de ver, tengo un problema y es que tengo a mi hermano en casa y tengo que ver estas mierdas con él (el otro día le engañé con Verbo jajajjaja) este finde he visto dos pelis totalmente diferentes, a moment to remember (coreana, romanticona pero bastante recomendable, no la tenéis por aquí) y esta basurilla con efectos especiales a la altura de Tuno negro.
    Me ha parecido malilla, y el final SPOILER DE VERDAD, SI NO LA HAS VISTO NO LO LEAS eso de que al final los malos eran buenos está más trillao...FIN DEL SPOILER, TRANQUI YA NO TE JODO ESTA SUPERPELI. se veía venir desde Cuenca. Pero bueno, hablando de la impresión que se tiene de los españoles, lo de la tienda de las fotos es verdad, todos los extranjeros piensan que la palabra española por antonomasia es "mañana", en fin, me centraré en el apocalipsis de esta temporada de Dexter que está más currao, jeje, por cierto, me apuesto una entrada de cine a que el malo de esta temporada oye voces...

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  6. ni idea de la coreana!
    ...y ni idea de Dexter! Buf, me decepcionó tanto la segunda temporada que dejé de verla. En vez de eso, opté por leerme los libros, pero no tienen nada que ver, desde luego... Así que por ahí tampoco rasco.
    En cuanto a la peli... pues sí, una chorrá como un piano. Valiente forma de desaprovechar la fecha!

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