Crítica de "30 minutos o menos"

Crítica de 30 minutos o menos
Algo ocurre en América. Probablemente a causa de un cinismo que va imponiéndose paulatinamente (en un proceso que, imagino, empezó hacia los 70), esos tipos están empezando a dejar de lado el idealismo de las grandes figuras tradicionales arquetípicas para hablar de la flaqueza del héroe. Y claro, se junta esta tendencia con las visiones narrativas postmodernas y el resultado sólo puede ser uno. Que en el fondo, la condición humana es una chapuza, un desastre que hace de nosotros panolis miserables que, para colmo, no se dan cuenta de que lo son o incluso llegan a creerse el centro erógeno de la humanidad. Y en el terreno cinematográfico la cosa se traduce en el final de la grandeza decadente de los géneros clásicos: de todo eso ahora sólo queda lo segundo, la decadencia. Y si no, preguntad por ejemplo a los Coen más hijoputas, radiógrafos de las interioridades del Don Nadie venido a más.

En 30 minutos o menos, el título de glorificados Nadies (ya ni siquiera llevan don) lo ostentan por un lado un par de mindundis de clase media, atolondrados postadolescentes con la vida patas arriba y necesitados de una aventura urgente. Y por el otro dos representantes de la más maloliente white trash adicta a los VHS de chicas con metralletas y a zanganear de la manera más heteroconfusa posible. En el momento en que se cruza un plan maestro por en medio (obligar los segundos a que los primeros atraquen un banco colocando una bomba en uno de ellos), el embrollo bufo está servido.


El problema es que esta desmitificación de los arquetipos, esta en concreto, termina cobrándose una víctima: el buscado gatillazo se lleva por delante las propias capacidades genéricas de la película, que termina siendo thriller de acción, sí, y termina siendo comedia, también, pero poquita cosa en ambos casos. Desde luego, la cosa necesitaba de una cierta complejidad para erigirse en película -aun paródica- de atracos. Y por supuesto demandaba de un mayor ingenio cómico al servicio de un puñado de actores que por lo demás han demostrado firmemente sus capacidades y potencial para el desopile generalizado. En palabras del pueblo, 30 minutos o menos resulta entretenida en lo thrilleresco y meramente graciosilla en lo cómico: ni hay una trama negroide alambicada ni un regimiento de gags memorables, más allá de algún chascarrillo autorreferencial y de lo que es, quizá, su mejor momento cómico; ese que llega tras los créditos, gloriosa caspa con denominación de origen Kenny Powers.
Todo queda, al final, en una especie de remake no reconocido de la ya seminal Superfumados, solo que donde allí David Gordon Green se mostraba moderadamente crispado y en permanente alerta, aquí Ruben Fleischer opta por una excesiva discreción de la que el empaque final se resiente. Su tarea tras la cámara es relajada, invisible casi, demasiado funcional y por todo ello anodina. Y deja que la acción se desarrolle por sí misma dentro del encuadre, que los intérpretes se expongan sin protección y el plano simplemente cueza sin enriquecer, evitando poner ninguna nota de color a una apartado formal de lo más inane.
Tampoco es que pretenda mucho más. Y quizá esa es su clave, su vía de escape y principal excusa. 


Delimitada por unos escasos ochenta minutos que difícilmente dan para muchos desarrollos, el impacto de 30 minutos o menos parece quedarse deliberadamente raquítico. Como si conscientemente se hubieran amputado posibles ramificaciones psicológicas y temáticas -las podía haber- para circundar (y circuncidar) el material en el terreno de la buddy movie de pura evasión con excusa argumental anecdótica. Lo cierto es que ese final no deja lugar a dudas: se acabó la acción, se acabó lo que se daba. Las pretensiones son escasas y los resultados claros y meridianos.
Lo cierto es que en el caso hipotético de que Ruben Flesicher termine convirtiéndose en el tipo de interés que intuimos allá por Bienvenidos a Zombieland, cuando hagamos balance de su carrera dentro de unos años, 30 minutos o menos no supondrá un manchurrón especialmente lamentable. El problema está en el posible precedente -habrá que ver la futura Gangster Squad- que abra una película que se adecua con corrección a sus propios preceptos pero que es francamente fofa, poco trascendente y sin momentos de especial brillo.
Balance. Tiempo de impacto emotivo y adhesión en la memoria: pues eso.

5/10

Por Xavi Roldan


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9 comentarios:

  1. Yo con Zombieland tuve suficiente, no me gusto nada y mira que tenia ganas de verla...mi amor por Emma Stone comenzaba en aquellos tiempos.
    Y Jesse Einsberg, no lo aguanto,lo detesto, lo aborrezco.

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  2. Pues no, si no te gustó "Zombieland" esta ya ni te lo pienses.
    Comparto tu amor por Emma Stone (pero nada de tríos, te aviso), aunque a mí Eisenberg sí me gusta. Ah, ¿que siempre interpreta igual? Sí, en realidad así es. Pero oye, me parece muy solvente como inadaptado social
    (más allá de eso no creo que aspire a llegar)

    Salud!

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  3. Yo creo que directamente ni actua y en realidad es tan paradico como en las peliculas.

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  4. XDD
    Pues oye, no lo descarto, la verdad...

    A ver que pasa si algún día lo ponen a hacer de galán georgeclooneyesco...

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  5. Pues si, comedia normalita que no tiene ni tensión ni interés en su trama suficiente para aspirar a Thriller. Para mi el único actor creíble es el gangster hispano, porque supongo que es ex-presidiario reconvertido (tampoco es que actue demasiado, no?), Eisenberg me gusta aunque no entiendo que hace el creador de Facebook repartiendo pizzas (esto es una pre-cuela de la Red Social?). A mi modo de ver, no le llega a la suela de los zapatos a las citadas Zombieland y Superfumados...

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  6. una precuela de La red social. Gracias Simmons, por hacer que el cine tenga sentido! (no la he visto ni creo que la vea nunca, pero ese comentario má matao)

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  7. XDDD
    ¡Secundo!

    (aunque yo creía que la precuela de "La red social" era el video ese de Youtube del tipo que hace beatbox casero; sí hombre, el tal Lasse Gjertsen ese...)

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  8. no hombre no, ese tío hacía pruebas para entrar en la obra de teatro de El rey león, que no te enteras de nada...

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