Crítica de "The Human Centipede 2: Full Sequence"

The human centipede 2Tom Six moló. Durante un tiempo, fue el director de cine más deseado por parte de la comunidad freak. O de la underground. O de la gresquera. Lo que fuera, pero había quien ya le veía como el nuevo dios del cine de terror, y todo se debía a una película: The Human Centipede. Aquella brutal salvajada sobre un mad doctor dispuesto a crear un nuevo organismo viviente, mediante la unión de tres personas compartiendo aparato intestinal, revolvió cielo y tierra… amén de muchos estómagos, claro. Lógicamente, una película de estas características por aquí sólo se pudo ver a través de festivales, igual que en la mayor parte del mundo (la humanidad no está preparada para ciertas cosas). Lo cual era mejor todavía; la leyenda cobraba peso. Por cierto, estamos hablando del año 2009. De ahí hasta ahora culto, canonización, y deseos exacerbados de ver la segunda parte de la prometida trilogía, este The Human Centipede 2: Full Sequence que ahora, al fin, ha visto la luz de manera poco brillante al no pasar, curiosamente, por el festival de Sitges que dos años atrás había dado comienzo al mito. ¿Algún motivo más allá de los problemas del director del certamen con la justicia1? Parece que sí. Y parece que no haya que ser demasiado hacha para descubrirlo: no reunía los mínimos de calidad (ya de por sí bastante bajos) para merecer tan digno honor. Y es que exactamente dos años ha tardado Tom Six en bajarse del cielo para descender directamente al último círculo de los infiernos, mereciendo una pena similar a los calvarios por los que hace pasar a los protagonistas de sus películas. Valiente puñalada en la entrepierna nos hemos llevado por su culpa, maldito sea.
Pero no nos vayamos a engañar, que nos olíamos el pastel desde el principio. Se habló tanto del primer ciempiés que la fama se le debió de subir a la cabeza, y eso pasó factura desde el instante en que supimos de la existencia de una segunda parte. En concreto, hubo un primer indicio francamente revelador: el empleo del blanco y negro. Esa fue la primera jarra de agua fría: ¿ínfulas de auteur para una película que (pasado el efecto sorpresa) sólo debería ser guarra a más no poder? Mal empezábamos… Y peor seguimos cuando descubrimos su argumento. Un hombre obsesionado con la película original decide imitar al personaje principal de aquella. Divertido punto de partida, sí, pero arma de doble filo puesto que esconde un serio potencial de rizar el rizo de la pedantería. Y al final, así se ha demostrado. En un terrible intento de convertirse en el director más in del momento, Tom Six ha perdido totalmente el norte cargándose su película, su leyenda y, lo que es peor, demostrando ser un director de cine nulo. Que eso puede que ya lo hubiera demostrado con la anterior entrega, no lo sabemos ni nos importa. Aquella sí sabía a lo que jugaba, a lo que aspiraba y lo que podía y debía ofrecer a un público exigente y sibarita: repulsión mediante lo nunca visto en degradación humana.
The human centipede 2

En cambio, en The Human Centipede 2 los esfuerzos se han centrado en dar con el actor indicado para dar vida al protagonista principal. Y ahí hay que reconocer que han dado en la diana. El cambio en relación a Dieter Laser es total, y el asqueo que provoca el Laurence R. Harvey de esta con tan sólo mirarlo invitaría a colocar la suya entre nuestras figuritas favoritas, junto a Leatherface y Freddy Krueger. Sin embargo, el esmero por actor y personaje es tal, que el 90% de la película está basado única y exclusivamente en su descripción. Y no es que sea un Hamlet precisamente. Como una broma con gracia estirada hasta el rechazo, se insiste una y otra vez en confirmar que sí, que el tío que trabaja como securata de un parking y se masturba repasando los high moments del primer ciempiés da mucho asco. Queda claro la primera vez que la cámara le usa como pilar sobre el que girar; queda claro la segunda vez. La tercera, ya cansa. Con la duodécima le entran ganas de pegarle fuego a algo. Y sin embargo, en eso consiste toda la cinta, en una estructura de apenas un par de minutos, repetida una y otra y otra vez hasta decir basta. Y tanto vale para los ataques a sus víctimas, todos iguales y carentes de enjundia: gente que merece recibir un par de tortas se fija en el tipo del parking, hacen mofa, y reciben un merecido sumamente light (hay que sudar de lo lindo para ver un chorretón de sangre). Luego el del parking va a su casa con su disfuncional familia, se masturba un poco viendo The Human Centipede, vuelve al parking, una persona se fija en él, recibe su merecido... ¿Veis por dónde voy? Así hasta en prácticamente doce ocasiones. Y por el medio, chorradas que irritan hasta al espectador más inocente.
The human centipede 2

Vale, aceptamos que estamos ante un producto de ficción, y en este sentido todo debería valer. Pero si se opta por hacer un discurso metalingüístico jugando con la ficción de la ficción, o sea, reconociendo que la primera parte es una película que el protagonista de la segunda ve y toma como ejemplo para sus fechorías, se autoestablecen ciertos límites de cordura y verosimilitud que no deben rebasarse: no puede ser que una cinta que parezca reírse de su hermana mayor y apostar por la realidad, presente a un don nadie que desde su móvil llame a una empresa de representación de actores, pregunte por “la actriz de tal película” haciéndose pasar por un productor de renombre, y se le conteste que “la actriz de dicha película está encantada de colaborar con él”. Y no puede ser que una película que va sobre gente que caga en la boca de otra gente (y perdón por mi francés) de golpe apueste por el retrato social de chichinabo a través de la recién citada familia, que no sólo está hecho con los pies hasta caer en la vergüenza ajena (no, Tom Six; no eres Ken Loach), sino que, simple y llanamente, no es por lo que hemos pagado.
Que alguien le quite la venda de los ojos al otrora glorioso cineasta: si uno espectador va a ver una película titulada “El ciempiés humano” tiene muy claro lo que quiere ver. Y quiere ver lo que en aquí aparece tan sólo a falta de diez minutos de la conclusión. Demasiada espera para tan poco premio, resuelto deprisa y corriendo y con apenas un par de escenas para la gloria. Es que ni la víctima embarazada, con todo el potencial que se le podía dar, se aprovecha como es debido. Amigo Tom, siento decirte que la has cagado pero bien. Nos abriste las puertas del cielo, y prometiste que ahora nos ibas a dar el empujoncito para entrar en él; pero en vez de eso, nos has dado con las puertas en las narices y devuelto de malas maneras a una realidad muy triste. Un realidad que confirma que lo tuyo fue flor de un día, que eres un pedante sin demasiada idea de hacia dónde tirar, y que no, no tienes lo que hay que tener. Seguiremos confiando en que Peter Jackson regrese a sus orígenes, porque está claro que en la juventud de hoy en día no se puede confiar...
2/10
Por Carlos Giacomelli

1 Todas esas denuncias que recibió por haber tomado la decisión (aplaudida desde aquí) de proyectar A Serbian Film

6 comentarios:

  1. Bueno, pues aunque no tuviera ninguna intención de verla, tu crítica lo deja bien claro. Muy buena.

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  2. no, no has entendido nada. La peli no es muy buena, es una mierda (jo jo, qué chiste, eh? Ahora en serio, gracias por el piropillo ;))

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  3. No, si ya lo habías leído bien a la primera: es tu 2 lo que me hace pensar que tengo que verla. Muy buena la peli. ;))

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  4. Syd XD pues esperamos Lector opina. Junto a Acorralado. Sssss...

    Xavi, tú es que no tienes nada que cortar cuando se ponen a pensar dos cerebros de mujer. Un momento... ein?

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  5. Yo ni siquiera tengo nada que cortar cuando se pone un cerebro de mujer a pensar.
    Cuestión de capacidad

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