Crítica de "La dama de hierro"

Lo que podríamos denominar el “biopic fallido moderno” es un subgénero en sí mismo. Crea escuela, porque aunque conlleva, como su nombre indica, un fracaso artístico, va comúnmente acompañado de muchos billetes verdes en taquilla. La razón es que, así como existen ciertas películas que encuentran en su personaje central un bote salvavidas, las cosas se ponen algo más sencillas cuando tal protagonista se halla desarrollado en su totalidad antes incluso de que dé inicio el rodaje. Así que digámoslo directamente: el biopic fallido moderno suele estar motivado por el afán creativo de retratar, para incluso el espectador más despistado, la personalidad excéntrica del personaje en el que se centra. A veces porque el recuerdo colectivo lo maltrató, otras veces porque nunca está de más rememorarlo tal y como nos lo hemos imaginado siempre. Y si es Hollywood quien pone el precinto, entonces la propuesta se convierte en un mero vehículo de lucimiento para el afortunado actor con talento que se encarga del papel. Siendo el timonel del proyecto, el actor se ocupa de darle empaque. Y un Oscar por cuenta propia. Por lo demás, la cosa suele desmoronarse.
En La dama de hierro hay mucho de todo esto. Que Meryl Streep brilla por su interpretación de Margaret Thatcher es, a estas alturas, ya casi redundante asegurarlo. Meryl Streep es, sin más, la mejor actriz americana que ha existido en muchos años. Sin embargo, la película en la que se apoya flaquea de los síntomas más arquetípicos de la arriba mencionada escuela del biopic fallido: primordialmente, el del repaso acelerado de los años más relevantes de la conocida figura de turno, pero a través de una sucesión de escenas inconexas que tratan de desarrollar el personaje a niveles melodramáticos que no casan entre sí más que a través de intentos significativos para transmitirnos sus méritos y contribuciones al mundo. El inevitable ejemplo es aquella Una mente maravillosa, posiblemente el biopic/retrato más injusto y sesgado de nuestro tiempo.


Parece claro que cuando alguien quiere recrear una personalidad conocida, especialmente si ésta perteneció al mundo de la opinión pública, debe comenzar posicionándose con claridad sobre las direcciones hacia las que desea que su película se escape. Aquí, La dama de hierro falla, en primer lugar, en delimitar sus fronteras formales: comienza adoptando una postura bien conocida, centrándose en la figura anciana, triste y enferma de su personaje más que en el papel de éste como figura pública destacada del pasado. Classic Hollywood move. Sin embargo, la obligada revisión de greatest hits sociopolíticos de los ochenta la saca enseguida de rumbo. En su indecisión, el relato se fragmenta, se rompe la cohesión y el espectador sale confundido. El montaje abrupto, cuando no ajetreado, traba la correcta progresión dramática, que es en consecuencia a ratos casi inexistente. Los acontecimientos políticos se relatan en numerosos saltos temporales, injustificados por tan continuos, que desestructuran la narrativa formal hasta el punto que la película pasa momentos a la deriva, como gobernada por la demencia senil de la propia Thatcher. Un ejemplo rápido: el auge y la caída, otrora temas detenidamente investigados por el cine, se cuentan con pasmosa rapidez. En cambio, gran parte del metraje se sitúa en un tiempo presente en el que, dicho claramente, apenas pasa nada de relevancia.
Por lo menos, las intenciones eran buenas. Pero quizá hacerlo todo más sobrio, menos arty, hubiera sido la solución sencilla.


Cabe, por supuesto, la posibilidad de que no fuera en absoluto el rigor formal lo que se pretendiera desde un comienzo. No obstante, La dama de hierro es poco hábil también en delimitar sus fronteras ideológicas. Podría ser el caso de que se hubiera querido dar una visión panorámica pero crítica de la sociedad del momento. Pese a eso, la angustia social, la convulsión pública y la guerra callejera, todas ellas tan a la orden del día (la excusa que todo productor avaricioso parece entender como suficiente), son sólo un mar de fondo que se nos recuerda a través de imágenes de archivo que, saltando con interrupción, dotan a la cinta de su necesario marco referencial histórico pero de muy poco más. El resultado es que una película que podría haber contado un tiempo interesante por no menos conocido (el de la cabreada sociedad británica durante los ochenta) desde un punto de vista novedoso (el del enemigo dominante), acaba explicándonoslo con un puñado de anécdotas mal expuestas y gobernadas por una tónica general constantemente indecisa.
Así que mucho, y muy bueno, de Meryl Streep. Poco del resto.
6/10
Por Pau Roldan

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Trailer final
Primer póster

10 comentarios:

  1. Bueno, pues no sé yo ni si para el cine de mi casa, sólo por ver a la Streep no sé yo... casí que me pongo Mamma Mía XDD. Se veía venir...

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  2. pobre Streep sus ultimas pelis a excepción de La Duda han sido muy malas jejeje.. Y el directo cree q por tenerla salvara el barco,

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  3. ...yo es que sigo siendo fan de Mamma Mia!

    Y de esta película, tras la crítica, ya me ha quedado claro (bueh, era lo que me imaginaba, pero se confirma: paso de verla. Me pongo un trailer para ver cómo lo hace la Streep y arrando)

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  4. jeje bueno yop si la vere... me gusta Merryl jejeje

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  5. Pues a mí la Thatcher me ponía mogollón, pero la meryl Street no

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  6. Pues acabada de ver y enorme bluff.. la ancianita da penita y tal pero la peli no tiene coherencia por mucho que quieran hacernos creer que es la demencia y el duelo por un ser querido el que origina esos saltos en el guión.
    La peli abarca demasiado y se queda en nada, toda una vida, mal contada. y sí, una gran interpretación.. pero nada más.. se perderá en el mar como lágrimas en la lluvia... después del Oscar y premios varios a la Streep...

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  7. juas, y yo que sigo confirmando lo bien que hice quedándome en casa. Vale, mentira, estaba en el trabajo. Pero las sensaciones fueron las mismas. En fin, pero la X en la casilla de mejor actriz como que se la pongo a ella ;)

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