Crítica de "No tengas miedo a la oscuridad"

Hay que ver, lo que le gusta a la gente de la industria cinematográfica suicidarse cada dos por tres. Hace relativamente poco, veíamos cómo la última película de Joe Dante (una revisionable Miedos 3D) se vendía como un producto para niños, siendo en realidad un relato más bien terrorífico con fantasmas, muñecos animados, y realidades paralelas dignas del mejor Tim Burton. Y ahora nos llega el caso de No tengas miedo a la oscuridad, primera película de Troy Nixey pero que cuenta con producción de todo un Guillermo del Toro (con todo lo que eso implica), y que supone además la ¿esperada? recuperación de Katie Holmes en la gran pantalla después de un tiempo cuidando de sus niños (de todos: de Suri, y de Tom). Curiosamente, aquí pasa lo opuesto al caso Dante: se vende como una película de terror puro y duro, con susurros en la oscuridad y presencias indefinidas, y a la hora de la verdad sí, vale, juega con los elementos más clásicos del género, pero tiene tanta vocación de asustar como Pequeños guerreros, o las sagas de Gremlins y de Critters. En realidad, nos encontramos ante una revisitación en clave lúgubre del mito del ratoncito Pérez, por lo que si alguna virtud tiene la cinta, es la de acercarse a aquella época en que se colaban como cine infantil determinados títulos con elevado potencial para traumatizar a los más jóvenes. Repito: sólo a los más jóvenes. La diferencia es que allí donde antes había encanto, ahora hay refrito y poco más.
Esos son los dos males más graves de No tengas miedo a la oscuridad. Y es que parecerá una tontería y nadie debería fiarse demasiado de todo ello, pero al final, la promoción de una película está ahí por algo, y si opta por apuntar a un target totalmente erróneo, no puede esperar salirse de rositas. Así, tras un ametrallamiento continuo de lo que pinta a película de terror del año, el espectador se genera unas expectativas. Y si luego no se cumplen (puesto que desde el primer minuto se demuestran voluntariamente descartadas) la decepción asoma. No debería ser demasiado grave, claro, siempre y cuando se contara con los suficientes atractivos como para paliar el desencanto inicial. Pero es que desde este punto de vista, la cinta que nos ocupa se queda francamente corta. Remake de una tv-movie estrenada en 1973, todo en ella suena a vieja cantinela, no hay nada que no hayamos visto antes y, por lo tanto, nada acaba de emocionar demasiado ni en lo humano (típico núcleo familiar con un hombre separado, su nueva novia, y la hija del primero, que no acaba de aceptarla), ni en lo espectacular.

Y es que no quiero ser pesado, pero en serio, ¿a quién se le ocurre pretender que puedan asustarnos unos bichitos a medio camino entre el ser humano y la rata… del tamaño de la segunda? ¡Pero si son hasta entrañables! Se suben por todas partes, te intentan atacar con media tijera oxidada, si les da un haz de luz huyen, se pasan el día hablando… Quizás la única forma de tenerles respeto hubiera pasado por no mostrarlos tan abiertamente desde el principio del film, mantener la intriga; pero ya se sabe: una película con Del Toro entre sus títulos tiende a la acumulación de bichos digitales, y esta no iba a ser la excepción. En fin, que de esta manera se elimina de un plumazo la posibilidad de sorprender al espectador adulto, pero se mantiene el potencial de traumatizar al pequeño. O sea, que no tiene público objetivo… salvo que estemos ante un ejercicio revival como los muchos otros que recientemente han pululado por nuestras carteleras. Ah, aquí la cosa podría ser ligeramente distinta.
Abogando por el espíritu gamberro de hace unos años, aquel en el que en una película inocente de golpe y porrazo se podía ver la amputación de un brazo, la extirpación de un corazón o la paulatina desaparición de una persona en un escenario, No tengas miedo a la oscuridad se aferra al último cabo ardiendo que le queda, y es por donde logra evitar el batacazo completo. De hecho, en ocasiones parece que se esté asistiendo a una proyección de otra época, sólo que de de esas películas más reguleras, exploit de pelotazo palomitero o similar (que es lo que, suponemos, debió de ser la original). Eso sí, de una calidad notable.


Contrariamente a lo habitual, estamos ante un producto de corte impecable, donde la cámara se mueve juguetona por la escena, la fotografía acompaña el espíritu lúgubre de su argumento, y la banda sonora, totalmente salida de sus casillas, logra insuflar en no pocas ocasiones un plus de sensaciones más que bienvenido. Fallan las interpretaciones y se echa en falta un mayor aprovechamiento de las posibilidades de la casa en que sucede la acción, pero por lo general, nada puede recriminársele a nivel puramente formal. Lástima que la chicha de todo ello no acompañe. Uno intenta reajustar expectativas, relajar el ánimo y predisponerse a un productete de escasa relevancia pero menor molestia, y aun así, las sensaciones no varían: No tengas miedo a la oscuridad es poco más que una de las muchas y muy intrascendentes mediocridades que añadir a esa lista de películas que contribuyen más bien poco a recuperar la dignidad de un género, el del cine de género, demasiado vapuleado. Que pase la siguiente, gracias.
4/10
Por Carlos Giacomelli

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