Crítica de "Perros de paja"

poster perros de paja 2010Hubo un tiempo en que una película como Perros de paja, aquella con la que Sam Peckinpah enfrentaba a Dustin Hoffman a un pueblo de rednecks de armas tomar, tenía sentido. Y hubo otro tiempo en que los remakes se hacían con alguna finalidad, generalmente las de renovar y aportar nuevos matices, puntos de vista o dimensiones argumentales. Ninguna de estas épocas se corresponde con la actualidad, puesto que a día de hoy, el discurso de Peckinpah suena a superado, y cuesta encontrar una cinta no original que realmente tenga (o considere tener) algo que aportar a la original. Desde luego, condición sine qua non en todo ello es que el responsable se crea lo que hace, que lo viva: pese a no ser la mejor de su carrera, el Perros de paja de Peckinpah trascendió en la historia entre otras cosas porque el cineasta consiguió hacernos respirar pura rabia a cada fotograma; las decisiones artísticas jamás se anteponían a las sentimentales. Con los nuevos perros esas sensaciones se pierden, lo cual no deja de resultar irónico, habida cuenta de que se trata de poco más que una fotocopia en alta definición de la anterior...
Hay cambios, claro, y no todos voluntarios. Desde el primer minuto queda bien claro que el director y guionista del invento, Rod Lurie, busca esa originalidad que pedíamos a base de alguna escena nueva, o de pequeñas variaciones aquí y allá para renovar el marco temporal. Así, asistimos a una escena de caza allí donde antes unos niños jugaban en un cementerio, se nos presenta un entrenador de football hiperactivo y borrachuzo en lugar del borracho del pueblo, y las fiestas locales se sustituyen por partidos de de dicho deporte. Todas estas alteraciones de la obra original son voluntarias, y hasta ahí bien. Con lo que no cuenta Lurie es que aplicando estos cambios, también varía el único pilar sobre el que en verdad se sustentaba la anterior: la violencia porque sí. Desde la propia escena de apertura, la recién citada cacería, se atisba un matiz nada bienvenido en la descripción de los principales personajes negativos, como si se los quisiera hacer más humanos, al tiempo que los dos protagonistas positivos no tardan en descubrirse como poco menos que unos gilipollas integrales. Dos pijos de la ciudad que se mudan al pueblo más por capricho que otra cosa, vacíos por dentro y cargados de puñetas.

perros de paja 2010

Se pierde, pues, el alma máter del primer Perros de paja, una violencia latente e inexplicable, que además se ve suavizada ya sea por un enfoque más comercial, como por un reparto reconocible y buenrollista que le resta credibilidad (James Marsden, James Woods, Kate Bosworth, Alexander Skarsgård, Walton Goggins, Dominic Purcell, Rhys Coiro… esto parece una quedada de amigotes molones para una barbacoa en el campo). Pero también se pierde el sentido del film de manera más explícita, tanto a nivel argumental como puramente físico: en el primer caso, porque casi parecería que el responsable de su adaptación no hubiera entendido el material de partida. La introducción (o más bien, el aumento de relevancia) de cuestiones religiosas en medio del asunto y la ya citada humanidad de los pueblerinos (que hasta llegan a parecer organizados en los compases finales), desvían la bala. En cuanto a lo físico, tres cuartos de lo mismo: Lurie normaliza la cinta, se contiene y huye de desnudos, de salidas de madre, de planos aberrantes, montajes flipados y fotografía polvorienta. Y con estas, la bala no sólo falla, si no que va a dar a un blanco diferente. Donde antes había un relato incómodo desde el principio, una historia de violencia, aquí hay una historieta normal y corriente, incluso vulgar, que a falta de 30 minutos toma un giro inesperado porque entonces, y sólo entonces, es cuando parece desmelenarse. No, no es lo mismo.

perros de paja 2010

Claro que todo esto, si el espectador se presenta en una sala de cine sin haber visto nada antes, da lo mismo. Esa clase de público encontrará en el nuevo Perros de paja un thriller a medio camino entre El Álamo, Acorralado y La última casa a la izquierda, sobre una pareja que se desplaza al pueblo en que antiguamente vivía ella, y que parece que no acaba de hacerse con los vecinos (por decirlo de alguna manera), cada vez más atosigadores. Una película eficiente pero sin demasiada personalidad, y con claros problemas de ritmo durante buena parte de sus excesivos 110 minutos. Por si fuera poco, quien quiera darle a la mandarina no tardará en descubrir lo muy cogido con pinzas que está todo, y es que ya avisábamos al principio que un argumento así no se sustenta en los albores del 2012… pero pese a todos sus males, el giro final hacia la violencia le valdrá la pena. Ahora bien, una violencia que ni es todo lo explícita que debería ser, ni genera ningún sentimiento especialmente perturbador, y es que como de costumbre, estamos ante otro producto de lo más aséptico, light (la escena del gato, la escena del destete inexistente, las borracheras…) y apto para todos los estómagos.
Entretenimiento a medias, decepción gorda para los adeptos de Peckinpah, y por lo general poquito que aportar tiene este Perros de paja que sí, queda mucho más bonito para la vista y el oído (atención al detalle: los vecinos malotes escuchando "Flirting With Disaster" de Molly Hatchet… sutileza al poder), se deja ver... pero se olvida de algo que deberían tener todas las películas con independencia de su género, su proveniencia y sus características o limitaciones: un alma bien definida, que sepa en todo momento a qué juega y así se lo haga sentir al espectador. Lástima.
5/10
Por Carlos Giacomelli

2 comentarios:

  1. Ok, Caps, ni pa'l cine de mi casa. Muy buena la crítica, por cierto, y muy linda.

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  2. jejeje, gracias, qué sorpresa! La verdad es que mejor que no diga en qué condiciones se escribió esta crítica... madre mía, qué de sacrificios hay que hacer por La Casa...

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