Crítica de "¿Y ahora adónde vamos?"

y ahora adónde vamos
La carrera de la libanesa Nadine Labaki cambia en el año 2006 cuando, tras un puñado de películas en las que había participado como actriz, dirige, escribe y protagoniza Caramel. En ella, un grupo de mujeres ofrecía un refugio bucólico y empachoso en medio de un clima de tensión político-social, como queriendo demostrar que en el fondo, el ser humano aún puede albergar cierta esperanza. Por supuesto, hay que hilar muy fino para no caer en el mero atracón de sacarina, y en este sentido su opera prima distaba de la perfección. Tal vez por eso, con su nueva intentona delante y detrás de las cámaras Labaki retoma buena parte de las motivaciones de aquella, tratando de limar y ampliar los horizontes de su discurso ya antes fácilmente extrapolable a diversas culturas y pensamientos, pero ahora directamente universalizable desde el momento en que opta por no desvelar nunca el pueblo en que está situada la acción. En definitiva, ¿Y ahora adónde vamos? vuelve a hablar de un conflicto de muy difícil solución, y vuelve a otorgar su voto de confianza a la humanidad de la humanidad (valga la redundancia), que supuestamente debería salir a relucir en casos así. Y sigue siendo una receta eminentemente almibarada, sólo que ahora se le añade algo de pimienta a la mezcla, dando como resultado un plato que endulza pero también, además de provocar alguna llaga por empacho, alimenta.
Ubicado en un lugar muy limitado y conectado con el resto del mundo mediante un puentecillo de acceso casi imposible, un pueblo vive en un estado de calma chicha rápidamente quebrado por culpa de la tele (¿por qué iba a ser si no?): pronto afloran tensiones de corte religioso, peliagudas ellas, y ante el continuo empeoramiento del ánimo de sus maridos, las mujeres del lugar deciden tomar cartas en el asunto, intentando de todo para volver a calmar los aires. Y de todo significa, como primera medida, traer al lugar a un grupo de bailarinas exóticas de Europa del este, bien ligeritas de ropa, que no tardan en revolucionar el gallinero como si de un ciclón feromónico se tratara. Claro, la cosa no acaba ahí, pero a buen entendedor no le hará falta mucho más para comprender el tipo de película al que nos enfrentamos. Y es que Nadine Labiki propone que nos tomemos con buen humor una determinada problemática (que no deja de ser un enfrentamiento ideológico llevado a su extremo como cualquier otro), desde la presunta despreocupación de la que hacían gala, no sé, La vida es bella o la propia Caramel, por citar dos ejemplos recientes.

y ahora adónde vamos

Oh, y desde Occidente la vemos y nos reímos y sentimos lástima por ellos a la vez, y nos preguntamos cómo es posible que hayan llegado a esos niveles de violencia social... ¿Hace falta recurrir a eso de la paja y el ojo ajeno? Queda claro que la libanesa centra su objetivo en la sociedad que la rodea en general, y que además del argumento principal, aprovecha para meterse (desde un humor muy sano y nada gratuito) con ciertas costumbres y cuestiones que más bien parecen dignas de trogloditas; pero mal iríamos si no captáramos la indirecta que nos está lanzando a todos y cada uno de nosotros. De hecho, que ¿Y ahora adónde vamos traspase fronteras lo ponen en evidencia no solamente su estilo, ritmo, factura y demás, de todo menos herméticos; no sólo el hecho de que nunca se diga dónde sucede; sino un guión cambiante que tan pronto recurre a gags propios del slapstick (uno de sus actores es la viva imagen de John Belushi, por cierto), como adopta la personalidad propia de las comedias románticas e, incluso, tira de puntuales escenas musicales para deleite de amantes de Bollywood (!).

y ahora adónde vamos

En todo este machambrat, por supuesto, no todo sacia. En más de una y de dos ocasiones, el guión abusa de convencionalismos, clichés que confunden azúcar con sacarina y no dejan de recordarnos que, por muchos giros dramáticos que puedan esperar a la vuelta de la esquina, y por mucha gravedad que esconda su aparente liviandad, estamos asistiendo a una ficción cinematográfica. Pero, hey, que lo mismo ocurría de manera desmesurada con Slumdog Millionaire, y ahí está. Ya que estamos, puestos a hacer comparaciones injustas y del todo salidas de madre, la que ahora nos ocupa bien podría ser la respuesta de Oriente Medio a Danny Boyle, en cuanto a que como en aquella, ¿Y ahora adónde vamos? tiene la capacidad de transportar al espectador a otro lugar, hablarle de los problemas que lo asolan, y sin embargo hacer que le parezca casi un viaje bucólico, exótico y sumamente reconfortante... Sólo que aquí todo sale de manera más natural, y eso permite disfrutar y recapacitar en idéntica proporción. Hasta esos momentos dramáticos recién atisbados, insertados estratégicamente para decirnos que nos podemos reír siempre que no olvidemos la gravedad del asunto, cuajan tranquilamente.

y ahora adónde vamos

Bien cierto es que, a todas estas, el tiempo es poco clemente, y a poco que se empiece a pensar en ella y a redimensionarla, puede acabar perdiendo algún entero. Pero nadie le puede negar la maravillosa experiencia que supone su visionado; hay que entrar a ¿Y ahora adónde vamos dispuesto a ser sorprendido y dejarse llevar… y desde esta perspectiva, funciona a las mil maravillas. ¿Argumento exiguo? Bueno, cuántas veces se ha dicho que a veces, lo que importa de un viaje es el viaje en sí.
8/10
Por Carlos Giacomelli

2 comentarios:

  1. pues yo soy de esas personas que se deja llevar y le gusta ser sorpendida asi que apuntadita queda! :)

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  2. pues (y esta vez va en serio, no como de costumbre xD) querremos saber tu opinión. Aquí he visto opiniones de todo tipo. Fue publicar esta crítica y repasar algunas opiniones atroces, otras que están aún más satisfechas... en fin, que sí, que quiero (queremos) saber qué te parece la peliculita :D

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