A mí, que soy voraz (y disfuncional) lector de comics protagonizados por gente que se viste con mallas, capas y pijamas de todo tipo, me ocurre un fenómeno curioso. Que me encanta cuando un tebeo relativiza el factor superheroico y se convierte en un relato de género que "resulta tener a superhéroes paseándose en él". En realidad el mensaje de todo esto es un simple "los tebeos, sean del género que sean, molan", pero también es cierto que ello puede dar pie a debates interesantes relacionadas con la hibridación de géneros y demás postmoderneces.
Es interesante esa especie de normalización del hecho superheroico a partir de una estrategia que por otro lado es claramente fantasiosa: por mucho que un relato apele a las convenciones del negro, del drama o de lo que sea, mientras haya un tipo que vuele en él, seguirá siendo una pura y dura fantasía. Pero es una fantasía que flirtea con la realidad (no siempre con los resultados deseados) y convierte a los súpers en seres palpables, de carne y hueso. Lo hacía Kurt Busiek, lo hizo Darwyn Cooke y lo hace Ed Brubaker. Y aunque parte del diseño de producción de la película que nos traemos entre manos podría estar inspirado en los lápices de Steranko (o incluso Kirby), quizá es este tipo de relato "realista" el que más ha influido en esta la versión cinematográfia de Joe Johnston, enmarcada casi por completo en la tendencia de la que estoy hablando: "Capitán América" no es sólo una de superhéroes Marvel, también es una película de la II Guerra Mundial. Bueno, de una especie de II Guerra Mundial.









































