Crítica de "Los idus de marzo"

De un tiempo a esta parte, George Clooney ha perdido definitivamente la losa de sex-symbol puro y duro, que lo limitaba a ser considerado como actor mediocre válido sólo para deleite (principalmente) femenino, y poco más. Sus periplos como director, su madurez y su participación en películas serias, comprometidas y/o con voluntad de algo más que vacuo consumo, despertaron el interés en el espectador más exigente, y de paso sirvieron para descubrir a una persona con ideas interesantes y bien establecidas, tanto a nivel social como artístico. A día de hoy, nadie duda de que Clooney sea uno de los cineastas más interesantes de Hollywood, y sus recurrentes apariciones en Globos, Oscars y demás premios así lo atestiguan. De modo que ya no sorprende a nadie que su nueva película delante y detrás de las cámaras, Los idus de marzo, se haya convertido en una de las destacadas de la temporada. Adaptando la obra de teatro de Beau Willimon, el propio chico de los recados de Nespresso se encarga de co-escribir junto a Grant Heslov (con quien ya coincidió en Buenas noches y buena suerte ) este thriller político sobre un joven de talento arrollador enrolado en el equipo del candidato demócrata, que prueba en sus propias carnes la implacabilidad de este mundillo días antes de las elecciones. Clooney es el candidato, Ryan Gosling el chico, y Evan Rachel Wood, Paul Giamatti, Marisa Tomei, Gregory Itzin y Philip Seymour Hoffman echan el resto. Con repartos así, difícil que se tuerza la cosa.
Y no se tuerce, no. Los idus de marzo es una propuesta sumamente complicada, en cuanto a que el espectador tiene que sentir un mínimo de interés por el sistema político norteamericano para siquiera acercarse a ella. Es más, si no se sabe nada del tema, tratar de seguir lo que va ocurriendo con este o aquel estado, las encuestas, las llamadas telefónicas y las estrategias a seguir para obtener más votos, puede llevar al colapso, especialmente en los primeros compases del film. Por si fuera poco, su estilo y su rigurosa cadencia echan más leña al fuego, siendo esta una película que no rehuye (ni mucho menos) de dramatismos propios de la ficción cinematográfica, pero sí los maquilla lo suficiente como para no regodearse en ellos, evitando cualquier tipo de fuga excesivamente sencilla hacia el clímax emocional de turno. Pero con todo eso, insisto, no se asusten que no se tuerce.


Ante todo, porque el propio director se encarga de evitarlo con su ya conocido estilo, que película tras película va depurando (está a punto de llegar al estatus en que uno pueda decir de sus trabajos que esta es una película de George Clooney): su juego entre lo clásico y lo moderno, deudor aquí tanto de los thrillers de hace más de medio lustro como del Soderbergh más vistoso, a punto está de alcanzar su máxima expresión, lo que se traduce en algunos pasajes de antología. Mezclados, eso sí, con otros un poco más vulgares. Reflejo perfecto de un entramado con puntos más interesantes que otros, momentos casi folletinescos (a los que hacíamos alusión hace unos instantes) entrelazados con otros más sesudos, que en conjunto impiden la excelencia, pero que afortunadamente decantan la balanza del lado de los segundos. De todo ello se extrae una cinta bien hilvanada, no perfecta pero sí de nota, compacta y estudiada para no caer en la tentación del recurso fácil, y con escenas que quedan en la memoria (esa charla detrás de la bandera; ese momento del que nada podemos decir...).
Pero buena parte del éxito se debe también a su reparto, como era de esperar. Clooney bien podría colar como posible próximo presidente de los USA, pero su rol es secundario, recayendo casi todo el protagonismo en un Ryan Gosling que, sorpresa, está espléndido. Secundado estupendamente por una serie de rostros tan descomunal como desaprovechado (algunos actores apenas rebasan el límite del mero cameo), brilla con especial fulgor la apasionada relación que se construye enseguida entre él y Evan Rache Wood, otra a la que seguir (seguir siguiendo, más bien) la pista muy de cerca.


De acuerdo, pues, en que Los idus de marzo pueda dar cierta pereza. Si no se siente especial devoción hacia la política, meterse de lleno en los instantes finales de una campaña norteamericana echa para atrás. Pero el esfuerzo se recompensa con un guión (cuyas raíces teatrales se antojan tan evidentes como bienvenidas) que alterna historias de personajes con entramados de actualidad, a los que no les falta la correspondiente carga de crítica y mensaje de alerta al pueblo (americano). Interpretada de lujo y realizada con atino por un director con ganas de hacer las cosas bien, se consiguen disimular sus flecos sueltos en favor de sus virtudes. Y así, hasta la política puede resultar atractiva.
7,5/10
Por Carlos Giacomelli

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4 comentarios:

  1. Y supongo que no en vano la sacan ahora, despues del Supermartes y el "Estado decisivo Ohio" que no hacian mas que hablar de ello toda la maldita semana,en las primarias republicanas...que gano Romney por si nadie se ha enterado..jeje...tiene buena pinta esta pelicula, me la apuntare en la agenda! Capitan como no me guste la tenemos!jejeje...que no!gracias por la critica y ya dare mi opinion cuando vea Idus de Marzo..Saludos

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  2. bueno, como veo que estás más puesto que yo en tema política americana, sí puede que te guste, sí. Habrá una parte que puede que te irrite, yo la verdad es que no me la esperaba y me entró la mar de bien. Pero por lo demás... en fin, no adelantemos. A la espera estamos de tu comentario!

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  3. La acabo de ver...me ha gustado mucho Gosling y no tanto la pelicula,no hay gran diferencia sobre otras peliculas del estilo sobre las campañas en USA, pero cumple con las expectativas tirando para abajo...mas que nada porque me esperaba situaciones y conversaciones complejas y al mismo tiempo ironia o algo gracioso...pero no..todo normalito sin complejidad alguna y eso que la vi en VO(como decis aqui eso siempre suma puntos)pero ni por esas, le doy un 6.Saludos

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  4. vaya, pues a mí me pareció apasioannte a su manera. No llega al nivel de los guiones de La red social o Moneyball, pero es que para eso es necesario un Aaron Sorkin puro y duro.
    El tándem Clooney-Heslov va a la zaga, pero a cierta distancia...

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