Fallece Theo Angelopoulos


Tragedia y conmoción. Ya sé que suena a tópico, pero así es como lo vivimos. Porque la muerte, cuando le sobreviene a uno, parece que se tinta (de ironía, de fatalidad, lo que sea) y ya no es la misma, que es más perra. Angelopoulos gozaba de buena salud a sus 76 años. Tanto en el plano físico como en el profesional: se encontraba en estos momentos en mitad de una trilogía temática que había tenido como segundo episodio una El polvo del tiempo estrenada hace ahora tres años.
El señor llevaba muchos años consolidando una de las carreras más importantes del cine europeo reciente y guardaba en su cartera títulos mayores (obras de referencia para un servidor) como Paisaje en la niebla, El paso suspendido de la cigüeña, La mirada de Ulises o La eternidad y un día. Una cumbre en cuatro tiempos de una carrera que empezaba en 1970 con la seminal Reconstrucción y se revelaba incorruptible e insondable, ajena criterios de valoración estándar y, obvio, a modas. Durante aquellos 70, Días del 36, El viaje de los comediantes y Los cazadores descubrieron que en Grecia también existe el cine y pusieron sobreaviso a los cinéfilos de medio mundo. Angelopoulos se descubría como un director eminentemente comprometido, interesado en historiografiar su propio país y con ello desgranar las neuras de toda una sociedad. Posteriormente, la cosa se consolidaría en unos 80 donde Alejandro el Grande, Viaje a Citera o El apicultor se escapaban de las líneas políticas del autor. Y más tarde, llegaría el cuarteto de películas citadas más arriba, apostilladas por esa trilogía que empezaba con Eleni.
La ironía, como decía, se lo ha llevado por delante en forma de moticicleta conducida por un agente de policía por las calles de su Atenas natal. Se encontraba en pleno rodaje de su nueva película. 
Terrible pérdida.
Comentario destacado

A ver si renováis el comentario del día, porque siempre que acabo de leer una crítica me salta al ojo "Esta película es un auténtico pedazo de mierda" y me dificulta un poco la digestión de lo leído. Un saludo, y abrazos, y besos, y mojones con ojitos! .
Un anónimo dixit, en Crítica de La invención de Hugo

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