Crítica de "A Better Life"

Con todo, hay una zona de la sociedad norteamericana a la que el cine no suele querer o poder acceder, con lo que permanece en sombras, en una especie de despiste semiconsciente. Y es que es obvio que la población hispana ocupa un terreno demográficamente significativo de la parte meridional de los Estados Unidos, así que no deja de resultar curioso que esta se haya soslayado siempre en pos de una especie de silencio basado no sé muy bien si en el desinterés, en el desconocimiento, en la tranquilidad burguesa o en el puro etnocentrismo.
De modo que el hispanoamericano siempre ha formado parte del cine de Hollywood desde el gueto de lo exótico, lo anecdótico o lo meramente presencial. O bien ha llegado a articular un discurso sociocrítico propio, pero siempre al lado de y en contraposición a la clase media estadounidense. Muchas de esas ocasiones como parte de una operación de lavado de consciencia de esas clases más o menos progresistas de una población que por lo visto empieza a ser autoconsciente.

Así que no viene mal que un director estadounidense dé cuenta de una realidad que ya no es importada (segundas generaciones de emigrados), que ya está presente y que, para desgracia de derrotistas de dudosa moralidad, terminará constituyéndose como un sector sano y saneado: los inmigrantes que no por falta de papeles van faltos de honradez. La gente que, simplemente, quieren ganarse las lentejas. En ellos se centra esta A Better Life, crónica de un padre y un hijo, mexicanos que se las ven y se las desean por subsistir en esa sociedad que, por pura miopía, prejuicio o inercia social, los quiere relegar a la marginalidad delictiva. De modo que la lucha no es sólo por la supervivencia básica, sino por su propio posicionamiento en la geografía cotidiana del ciudadano medio.


Y luchan, vaya si lo hacen. Carlos, el padre, por ganarse el sueldo como jardinero y facilitar a su hijo Luis un buen entorno donde crecer. Luis por sobrevivir en un contexto de violencia incipiente (las escuelas infestadas de pandilleros juveniles) y sacar adelante sus estudios. Un robo, sin embargo, pondrá a padre e hijo en marcha para la recuperación de su furgoneta desaparecida, en una suerte de ejercicio de Ladrón de bicicletas vato que servirá como macguffin para que ambos personajes se expongan el uno ante el otro y descubran sus auténticos sentimientos. Y es que al fin y al cabo, Luis se siente extranjero en tierra extraña, ajeno a los preceptos culturales de un padre que ni siquiera nació en el mismo país que él.
En estas coordenadas navega este drama semi-indie del realizador Chris Weitz (neoyorkino de desconcertante carrera: en su curriculum figuran una con Chris Rock, un Crepúsculo, Un niño grande o La brújula dorada) que opta por la sobriedad y el rigor narrativo, por la puesta en escena efectiva pero sin efectismo, sin grandes circos sentimentales ni escandaleras dramáticas. Porque sabe que el paroxismo termina convirtiéndose en caricatura, en deformación grotesca de la realidad. Pero precisamente por eso y por la condición de Weitz de criatura a medio camino entre el mercenariado de Hollywood y la artesanía de lo autoral, A Better Life se conforma como una película algo anodina, poco original (a pesar de resultar novedosa en su enfoque 100% comunidad hispana) y decididamente nada arriesgada. Como si, a pesar de todo, prefiriera el conformismo aburguesado de un Babel o de un Crash a la rebeldía combativa de los tebeos de los Hernández bros. Y como si, aunque se sepa medianamente humilde en su filiación ideológica, quisiera no dejar de formar parte de las grandes ligas del cine más o menos prestigiado de Hollywood.


No obstante, y obviando su apelmazada corrección general, hay buen hacer en los meandros dramáticos de A Better Life. La narración es sólida y las herramientas formales está bien usadas: la fotografía de Javier Aguirresarobe contribuye a crear un clima propio envolvente y casi preciosista, y Demián Bichir ofrece una interpretación intensa y digna, perfectamente mesurada, encuadrada en esa tendencia de retratar gente honrada en situaciones complicadas.
Y a poco que uno se deje calar por ella, A Better Life puede conseguir emocionar sinceramente gracias a su facilidad para transmitir al final una considerable honestidad, una franqueza más transparente de lo que cabría esperar de entrada viendo un producto de este tipo y perteneciendo a una clase de películas con facilidad y tendencia al sobrono sentimental.
¿Buen cine? Cine digno, por lo menos.

6/10

Por Xavi Roldan

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