Crítica de "Infierno blanco"

Si alguien sabe lo que es vivir en el cogollo de la putada, estar abducido por las circunstancias hasta el mismo centro activo de lo que los entendidos llaman "el punto de mierda", ese es Liam Neeson. Auténtico polo magnetizado de problemas, venganzas hacia y desde su persona, infalible atractor fatal de la muerte, Neeson y sus personajes (que podrían ser, circunstancia arriba, circunstancia abajo, siempre el mismo tipo) han desarrollado, a base de cicatrices y tajos en el alma, un estado de serenidad fatalista a medio camino entre el "a mí me pillas, pero preparado" y el "karma is a bitch". Así que tampoco extraña mucho encontrarlo ahora a merced de los lobos (literal) en este el nuevo juguetito que le ha preparado Joe Carnahan tras regalarle en bandeja el extraño honor de relevar a George Peppard como Hannibal Smith. Fue hace un tiempo y estuvo bien mientras duró. Nos pegamos unas risas y luego para el despioje directos. Porque ahora hay que ponerse un poco más serio y optar a esas cotas de prestigio más elevadas que muchos califican de "estado de madurez".

Al fin y al cabo, esta es una del "género Liam Neeson" solo que depurada al máximo, casi hasta llegar a la médula espinal, al tuétano del suspense, habida cuenta de que esto es más que un polo Flash veraniego: quien fuera adalid de la pirotecnia y la otropedia escénica –el tal Carnahan- parece haber regresado al lado luminoso (origenes sundanceros los suyos), a la austeridad pelada del páramo helado en Alaska, probablemente el mismo que transitaban las gentes que protagonizaban los relatos de Jack London, solo que un poco más encabronados y algo más circundantes al mismo centro del terror forestal: ahí donde los lobos campan a sus anchas, cazan (se nos dice) siguiendo depredatorias conductas organizadas y se meriendan todo lo que se les ponga a tiro de colmillo. Lo que es lo mismo: la naturaleza en su máxima expresión vital. El pez grande se come al pequeño.
Y como esto, ya decía, va de un hombre siendo el tipo más badass que se tiene a mano, al final todo el festín va a versar sobre la Eterna Lucha. Esa que enfrenta al hombre con la naturaleza para que, de paso, pueda encararse consigo mismo y con sus propios fantasmas y demonios del pasado. Etcétera.


O sea, que aquí aparece el homo erectus solo, desnudo, on his own y contra las cuerdas. En la situación límite que despeja de un manotazo todas sus tribulaciones superfluas (nada, el señor planeaba suicidarse justo antes de ser secuestrado por los acontecimientos) para confrontarlas con la auténtica soledad y aislamiento. Con la amputación del individuo de una sociedad que lo acoge y le pone la mantita y la leche caliente en las manos. Si hay alguna metáfora en todo esto, es justo esa. Y para que finalmente el Hombre (también hay mucho alfamachismo, por supuesto) coja las riendas de su vida de una maldita vez y le plante un estruendoso sopapo en todo el morramen, aunque con eso al final se le queden los nudillos (los nudillos, las entrañas, qué más da) literalmente licuados.
¿Aborda todo esto Carnahan? Probablemente esa fuera su intención. Hablar de todo eso y también de la camaradería, el azar, el destino, Dios, la fe y nuestra función en el mundo: todo inducido por un estado de repentina lucidez espiritual a medias con el acojone más puro y duro. Algo de todo eso hay en Infierno blanco. Pero no nos engañemos: el resultado no arroja nuevas luces y no crea sombras inéditas entorno a las teorías del survival of the fittest, a las reflexiones más o menos existencialistas, a las consideraciones sobre la autoconsciencia. Porque en todo esto se baraja mucha metafísica fast food, bastante épica de bolsillo, y al final la película termina pidiendo a gritos la acción, el sentimiento de aventura más o menos limpio. Que para eso se ha venido. Para eso, para ver a Neeson partirle la cara a unos cuantos lobos con su propia cara norirlandesa y, básicamente, para pasarlo mal en modalidad manhunt polar.
A eso, claro, se le llama survival. Se le llama pastiche aventurero con puntadas terroríficas o como le apetezca más a uno. Consideraciones de género que en resumidas cuentas van a parar a una única e insondable palabra clave: entretenimiento. De calidad, a ser posible. Como tal, Infierno blanco se postula como una fibrosa película de Gran Cazador Blanco que maneja cierto tino narrativo y una cuanta chispa escénica. El rostro de Infierno blanco está lleno de callos rocosos, sus dientes afilados y engarzados en encías negras, un mal aliento de cagarse y su mirada inyectada. Y lo mejor del pack es que todo eso la mayoría de veces sólo se intuye. Agazapado tras unos matorrales, el terror se sugiere más que se muestra. Mejor, se muestra abiertamente, pero en su propio terreno (en oposición de "el de los hombres"), que no es sino la más zumbante oscuridad: un enjambre de ojos a pares por aquí; el vapor de docenas de alientos babeando al alimón por allá. Mucho yuyu.


Luego lo cierto es que a uno le da la sensación de que su cerebro bombea insistente la señal de alarma de estilo. Y se plantea si la rasposa fotografía -algo así como un simulacro pijo de cinéma vérité secretado a hectolitros por la glándula del yo de Carnahan- es un capricho o (le sienta de puta madre, eso sí) una apuesta estética arriesgada, intentando alquimizar un nuevo cine comercial a partir de los modos del docu. Y es que ameniza la experiencia visual una realización basada en la inestabilidad orgánica de la cámara al hombro, en el uso y abuso de la luz dura y en el poder expresivo y formal de la imagen granulada, elevada aquí a la categoría de ídolo conceptual. A la gloria por el gain de la cámara, absoluta apoteosis del grano.
O sea, que Infierno blanco es todo tripas y medio cerebro. Y cabe rendirse a lo primero para extraer un filón de entretenimiento grueso muy bien encapsulado, tremendamente digno, y relativizar lo segundo para lograr pasar por alto los diálogos inanes y los lugares comunes, más las zonas de remanso y distensión (incluyo flashbacks reiterativos), que flaco favor le hacen a un conjunto que por lo demás debería de estar con el culo al aire y cubierto de alambre de espino.
Lo está. Rasga tejido vivo y da un frío que arruga.

7'5/10

Por Xavi Roldan


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14 comentarios:

  1. Envidia que me dais...viendo pelis tan pronto...dificil decisión, la del dia 10...esta o La Mujer de Negro. Como amante del survival, no tenia muchas esperanzas en esta pelicula...hombre contra lobo? me parecia flojo, ademas el trailer era como El vuelo del fenix pero en la nieve. Ya veo que tiene su chicha o eso creo...me tengo que leer la critica dos veces.
    De Joe Carnahan me encanta Ases Calientes...este tio dirige escenas de acción de forma increible.

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  2. Difícil decisión? Mira, la de Horrie Potter no la hemos visto (se hizo el pase en una sala pequeña, cerca pero fuera de Barcelona ciudad y no nos dio la gana ir), pero mucho me da que esta le va a pegar tres patadas...

    "tiene su chicha o eso creo... me tengo que leer la critica dos veces". Ouch! en qué lugar me deja eso a mí como autor...? :P

    Salud!

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  3. A ti te deja en muy buen lugar...es mi catetismo el que queda al descubierto.
    Soy muy fan de Eden Lake, y visualmente me llama mucho, lo único que me tira para atrás es el Harry Potter. Y la de los lobos...si, muy bien survival en medio de la nieve...pero me falta algo, lo veo todo muy típico.

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  4. Eden Lake. Gloriosa donde las haya. Soy megafan. Bien, bien, +1

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  5. "ver a Neeson partirle la cara"... ya... er... no esperaba que fuera literal!

    Has clavado la crítica. De acuerdo con todo. Quizá a mí se me hizo un pelín más pesado que a ti el tema distensión, donde se pierden muchos enteros. Pero al final, lo que queda es la sensación de haber tenido sudores fríos durante toda la película. Nervio, miedo, vértigo, divertimento... lo tiene tó!

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  6. Sí, bueno, nunca unos botellines de jotabé fueron tan importantes...

    Y no te creas, a mí me direon bastante porculo los momentos de "oh, diosmío, somos una insignificante mancha negra en el inconmensurable lienzo de la eternidad que tejió Dios y que representan estos páramos blancos de bla bla bla..."
    Estos yankis y sus reflexiones de mercadillo

    Pero por lo demás mola o no mola? Pues eso. Celebro que te haya gustado, hermano

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  7. Yo, era medio-alto, no mega.
    Pero si hay que ser mega, se es mega, tú, ningún problema

    Lo añadimos a la POLACA

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  8. sí sí, POLACA = Mega. La peli no se lo merece, pero tampoco lo busca, y precisamente por eso, mega. Esto....ein? A veces no sé por qué me lío con mierdas

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  9. ¿Sólo a mí la película me pareció un bodrio total? Totalmente incoherente, sin sentido, imposible, absurda y sin mensaje ni nada parecido...

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  10. No, hombre, va a haber más gente a quien no le haya gustado, seguro...

    Pero vamos, a mí me parece un survival coherente (dónde está la incoherencia?), aun un poco pretencioso en sus aspiraciones metafísicas. Tampoco entiendo dónde ves la falta de sentido y desde luego no veo por qué debería tener un mensaje...

    Pero vamos, es tu opinión y es respetable

    Gracias por contárnosla! ;)

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  11. esta pelicula es una verdadera caca, aburrida, pesada, lenta y con unos efectos especiales malisimos.
    Que lastima el tiempo perdido en descargarla.

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  12. voy a intentar contenerme, puesto que el tiempo perdido en descargarla es un concepto que me irrita profundamente y espero que vaya de broma.
    A mí me pareció como a mi compañero, un peliculón. Aburrida? Pesada? yo veo ahí tensión sostenida, cocción a fuego lento pero constante.
    Lenta? pero si ya desde el minuto 1 te meten un accidente de avión!!
    Efectos especiales? Bueno, depende. Son flojos, pero seguro que en dvdrip (o peor) cantan más que en un visionado legal...

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  13. Pues sí, oye, yo me uno a Carlos: espero que sea cachondeo eso del tiempo perdido en bajarla...

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