Crítica de "Grupo 7"

Casi siempre a rebufo de la censura, y soslayando la tijera más directa -mediante retratos sociales poco complacientes pero casi nunca abiertamente alusivos- de un país en pura descomposición cultural por culpa de la dictadura, lo cierto es que España posee una rica tradición en cine negro y policiaco que se remonta a los primeros cincuenta. En aquellos años una serie de artesanos, casi ideólogos del estilo asentados en dos escuelas, Barcelona y Madrid, daban salida, continuidad e ideas (o versiones) propias a un género principalmente deudor del Hollywood negro (quizá más que de los incipientes intentos europeos que posteriormente terminarían encontrando un punto álgido en el 55 con el Rififi de Dassin) pero con suficiente entidad como para haber resultado en un legado sano y moderadamente potente. Que sin embargo luego fueran otros los títulos que trascendieran la historia de nuestra cinematografía se explica por las circunstancias asociadas con la dictadura: al fin y al cabo, los grandes éxitos comerciales sólo podían venir aprobados "desde arriba". Incluso los policiacos que pretendían pasar la criba tenían que exhibir un marcado sentido de legalidad y proscribir cualquier tentación de representación de la podredumbre del estamento policial.

Todo aquello quedó, y podríamos rastrear en ello y en lo que vino inmediatamente después unos primeros referentes morales y temáticos (en distintos grados y facetas, Apartado de Correos 1001, Distrito quinto, A tiro limpio o algunas de las películas de Ignacio F. Iquino) para esta Grupo 7 que, sin embargo, parece haber ido libando de los tics y modos de una tradición hispana que si bien nació en esos momentos ha ido evolucionando y mimetizando para sí (de nuevo) otro tipo de referentes, especialmente con la llegada de la generación de la televisión USA. Primero porque la ambientación de la película de Alberto Rodriguez nos transporta a unos años ochenta (los previos a la Exposición Universal de Sevilla en 1992) que, más allá de sus cargas temáticas, lo conectan directamente con un cierto tipo de cine de la época (varios años después de la muerte de Franco), aún fresco el cine de quinquis, El crack de Garci y, si mucho me apuráis, varios intentos (y logros) del malogrado Eloy de la Iglesia, como El pico. Y segundo porque su suciedad y su apuesta por la "fuerza directa" remiten directamente tanto al hard boiled como a los modos del policiaco norteamericano "desencantado" que empezó a florecer a finales de los sesenta y eclosionó en los setenta con los títulos que todos recordamos, fibrosas muestras de expedición al estilo Harry el sucio, French Connection, Brigada especial o Los implacables, patrulla especial.


Y -espero que la trabazón de referentes vaya ya dando forma a mi opinión sobre Grupo 7- la película bebe de una última fuente de inspiración directa, si cabe la más clara e indisimulada: la ficción policiaca televisiva de penúltimo cuño. La que empieza a coletear de verdad con Canción triste de Hill Street, encuentra un lugar del desencanto y el desasosiego (a pesar de ello) esperanzado y humanista en Policías de Nueva York y Homicide: Life on the Street y encuentra su cenit como radiografía social en The Wire y como ejercicio de estilo sobre la laxitud moral en The Shield.
Es principalmente en estos productos de David Simon (más Ed Burns) y Shawn Ryan(1) donde podemos encontrar la fuerza motriz de una Grupo 7 que pretende mostrarse tan socialmente relativista como la primera y tan contundente y vitaminada como la segunda. En la de Alberto Rodríguez la clásica línea entre buenos y malos queda diluida, la corrupción policial marca una vez más la descomposición de las ideas tradicionales que asocian fuerzas del orden a justo eso, el orden. Y la calle se muestra como el mar proceloso donde nadan peces grandes que deben comerse a los pequeños. Yonkis y putas desglamurizados, víctimas de una sociedad que los ha marginado y relegado bajo llave al cuarto trasero.
Y como una suerte cañí del strike team de Vic Mackey (The Shield), el Grupo 7 liderado por Antonio de la Torre y Mario Casas no titubea a la hora de derribar la puerta desvencijada de un picadero o de una casa de putas ni tampoco en el momento de plantar una papelina en el bolsillo de una pobre matado sólo para luego tener vía libre y plena comodidad para hacerse con un cargamento de cara al beneficio propio.


Y detrás de ellos (o encima, según), los altos estamentos del orden, desde el superior de la policía hasta los políticos, aprovechan el trabajo hecho por los perros de caza para vender imagen y espejismo de progreso. No es casual que la película concluya en el año 92, el momento álgido del proceso de saneamiento negligente de una ciudad que aprovechó una exposición universal para situarse en el mapa mundial mediante un lavado de cara que descuidaba todo lo que no quedaba expuesto a la galería. Pero -lejos de querer cargar concretamente contra la ciudad andaluza- la película de Rodríguez pretende expandirse y consolidarse como (nueva, enésima, si se quiere) metáfora de la sociedad que mira hacia otro lado, hacia donde está la cámara sacando un perfecto frontal mientras en el flanco la podredumbre se va enquistando. Y eso funciona para cualquier sociedad.
No obstante, como puro tomado de temperatura y ejercicio de crítica social, Grupo 7 quedaría un poco coja. Sus apuntes incisivos no pasan de la ligera contextualización, su raspado no se dirige hacia los mismos mecanismos de la corrupción política, ni busca causas ni saca conclusiones. Se limita a ofrecer un marco sucio y pesimista donde engarzar las historias que llevan paulatinamente a la perdición moral que ejemplifica ese Grupo 7. Y que conducen a un único punto sin retorno: el de la violencia, que genera violencia y a su vez tiene su origen en la corrupción de las altas esferas -y no tanto en los traficantes de calle- de la que hablaba: los protagonistas al fin y al cabo son puros monigotes atraídos por el mal (Ángel, Casas) o por la fuerza de la redención (Rafael, de la Torre), pero que indefectiblemente terminarán atrapados por el lado oscuro.
Como tales (monigotes), las evoluciones psicológicas y éticas de los dos personajes que capitalizan la atención queda, acaso, poco clara. Contada de una manera más bien abrupta, un poco torpe incluso, sus arcos (perfectamente opuestos el uno respecto al otro) se perciben un tanto gratuitos, algo predeterminados por la fuerza del capricho narrativo. Pero sea como sea, funcionan a la perfección como metáfora de grandes ítems (esos que decía, la redención, la condena, y también la expiación, la pérdida de humanidad, de principios o incluso la conservación ciega de los mismos) y por ende, de un mensaje claro y contundente basado en una voluntad simple y meridiana: la de Rodríguez de construir un thriller callejero tenso y vibrante.


Y lo logra. Trufada de secuencias memorables (la de apertura, la que prelude la conclusión) y terribles momentos para el recuerdo (el perro en llamas, el desfile de rodillas) y vertebrada por una trama contundente y sin concesiones, Grupo 7 es furia en la España más negra y, ante todo, acción policial de duro calado. A pesar de que no exhibe (ni probablemente busca) el rigor escénico y la sabiduría formal de los que hacía gala Enrique Urbizu en su No habrá paz para los malvados, Rodríguez logra empaquetar un reguero de secuencias muy bien tensadas, inteligentemente planificadas y montadas, espartanas y rugosas. Con una factura que (volvemos a los referentes citados) se inyecta de la sangre en ebullición de los realizadores de The Shield y exhibe la estructura ósea del thriller americano de los setenta. Encontrando la fórmula perfecta, aquella alquimia que ha logrado sintetizar en uno sólo el referente norteamericano con la conciencia ética y estética de un país -el nuestro-, dando como resultado un producto que nunca deja de aparentar inequívocamente ibérico, creíble en su cercanía, pero que no por ello tiene que renunciar a la espectacularización del actioner físico más canónico.
Y si de eso se trataba, de facturar un producto competente, un digno sucesor y continuador de la tradición policiaca ibérica pero también un restallante chupinazo negruzco y ante todo vibrante, entonces, sí, Rodríguez lo ha logrado. Poco más se puede pedir. Buen cine comercial de género con los dientes apretados.

7'5/10

Por Xavi Roldan

(1) Los préstamos tomados de dichos exponentes del modelo televisivo se hacen explícitos en algunas secuencias como el asalto al piso en la Candelaria (The Shield) o la secuencia en el patio interior del bloque de pisos de donde llueven electrodomésticos y otros objetos directamente sobre las cabezas de los agentes (The Wire)

9 comentarios:

  1. Buena crítica! Aunque a mí me pareció netamente superior a "No habrá paz para los malvados", mucho menos lineal, con giros y progresiones en historia y personajes.

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  2. Gracias, hombre! ;)

    Pero ojo, yo tampoco he dicho que me parezca mejor la de Urbizu. Sólo que creo que él tiene más chicha como realizador...
    Pero a nivel global me parece que cumple más esta con los objetivos que se propone que "No habrá paz", que en el fondo, para mí gusto, no siempre sabía mantener la tensión y acusaba momentos un tanto televisivos (ejem, "televisivos" en el mal sentido...)

    Saludos!!

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  3. Es que yo creo que en 'No habrá paz para los malvados' el personaje de Santos Trinidad está muy bien logrado, y es más avasallador que cualquiera de los de Grupo 7. En Grupo 7, el guión me parece más logrado o mejor acabado.

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  4. Lo único que me ha fallado (maldito Manel! xD) es el rollo "cine insti" (de instagram) que se gasta. Por lo demás, creo también que le falta apuntillar definitivamente su discurso críticosocial (o lo que sea) pero vamos, de acuerdísimo en que como thriller es de dientes apretados, y que es bastante cañero tanto con la sociedad (ni idea tenía yo de la Sevilla pre-Expo, por muy exagerada que esté la peli) como con el espectador. Efectivamente, escena perro, escena rodillas y escena mordedura, o quemadura, pues... eso, que buf.

    Buena crítica (trufada de referentes de los que conoceré a lo sumo la mitad y de nombre)! (sí, la vi ayer, a este ritmo voy cuando pierdo pases de prensa. Sigo con las celebraciones)

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  5. Contigo: Maldito Manel. mañana lo veo. Ya le daré de tu parte lo que se merece.
    (que no te digo qué es, pero sin que tenga nada que ver te pregunto: si tuvieras que romperle algo a alguien preferirías los brazos o las piernas?)

    Por lo demás, mola! No sabía que entraba en tus planes ver la peli... La verdad es que no me acuerdo mucho de ella, pero si dices que le falta apretar la tuerca social será cierto...
    Por lo demás, ya va bien, ya, que de vez en cuando sigan apareciendo títulos de este tipo entre nuestra filmografía. De hecho algunos son joíamente buenos (El crack es la única película 100% buena de Garci. Boom y ahí queda eso)
    En cuanto a los referentes esos, bueno, cada uno tiene los suyos, oye... No es mejor ni peor ver más referentes o menos en cada peli.
    (dicho lo cual, todas esas que he citado molan un cojón)

    Celebro que te haya gustado, bro!

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  6. Juas, entraba en mis planes desde su pase de prensa, pero sabes aquellas películas que vas posponiendo y posponiendo hasta que ya no tiene ningún sentido el verla porque ya se ha dicho todo de ella etc etc?

    Pues entonces es cuando salto yo a la palestra.

    Y bueno, eso, de paso me apunto unas cuantas pelis por ver, que aunque parezca mentira, a veces te hago caso (esto va por: joderjoderjoder: ayer vi El rey de la comedia y me pareció absolutamente gloriosa. Vale, quizás me haya flipado un pelín, pero en serio, cojonudísima)

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  7. Ou yea!
    Cojonudísima no lo siguiente, no, lo siguiente (de lo siguiente). Una de aquellas tantas obras maestras ninguneadas de Scorsese, como New York New York, La última tentación de Cristo o qué coño, Kundun.

    Y miedo temodinámico: mrs. Xavi la vio justo el otro día. De entre todas las pelis de entre todos los directores italoamericanos.
    Ya puestos, haber quedado y la veíais juntos...
    Digou!

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  8. Uffff... menos mal, ya me estaba empezando a asustar...
    ¿Te imaginas qué coincidencia más malrollista? Menios mal...

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