Crítica de "La maldición de Rookford (The Awakening)"

Parece ser que la industria cinematográfica inglesa está decidida a recuperar su nombre en el género del que una vez era referente absoluto. Tras la recuperación de la Hammer y el éxito de películas como La mujer de negro, ahora es La maldición de Rookford (espantoso título traducido para un también muy anodino The Awakening) la encargada de recoger el legado y tratar de estabilizar una posición aún algo titubeante, que de paso sirva para arrebatarle el puesto de honor que ocupa Francia, desde la llegada de Alexandre Aja y compañía. De manera que Nick Murphy da el salto a la gran pantalla después de un brevísimo paso por la tele, y con el dinero de la BBC Films detrás y Rebecca Hall, Dominic West, Imelda Staunton y Isaac Hampstead-Wright (Bran Stark) delante, se lanza a la dirección y guión de este drama de fantasmas ambientado en un colegio-internado de entreguerras (1921), al que va a parar una cazafantasmas experta en echar por tierra todo intento de timo espiritual. Sólo que esta vez su escepticismo se encuentra con un hueso duro de roer, que le hace replantearse su postura sobre el más allá.


Sentimientos encontrados nada más empezar: como si de un regreso al pasado (reciente y no tanto) se tratara, volvemos a encontrarnos con una premisa demasiado manida, poco estimulante, aunque planteada en un marco distinto que contrarresta tan agrias sensaciones. Poco a poco la maquinaria va cogiendo ritmo, y a la habitual excelencia técnica de la productora se añaden momentos de especial acierto, que van creando un ambiente enrarecido y moderadamente claustrofóbico. El insistente sonido de un tic-tac cuando el personaje, cojo y tartamudo por las secuelas de una guerra demasiado reciente, de McNulty expone el caso del colegio; las fotos con presencias extrañas que se van mostrando durante dicho planteamiento; la banda sonora... todo ello va aportando su correspondiente granito de arena a una producción que en sus primeros treinta minutos se toma la molestia de preparar la situación con calma y esmero, logrando esa bienvenida sensación de un bajón de temperatura en la sala. Y si se suman las limitaciones del marco temporal en que se ubica la historia, que no se aleja demasiado de El orfanato pero cambiando ordenadores por hilos con campanillas, el interés y la intensidad que se generan son suficientes para que los primeros sustos cuajen... aunque no dejen de ser un refrito de lo visto una y mil veces: explosión de decibelios, sombras cruzando la pantalla, etc. Ahora bien, cuajan los primeros, y después cuela alguno más allá, pero lo cierto es que a la hora de la verdad se echa en falta algo más de imaginación cuando toca componer situaciones de terror, y muchas de ellas acaban rayando a un nivel muy inferior de lo deseado.


Y mientras tanto, la historia se va desarrollando. Entre habitaciones ocultas, muñecos malrolleros y niños que ahora están y ahora no están va serpenteando un entramado que no se olvida de la superación de traumas, del whodunit, de niños cabrones y profesores desmesuradamente estrictos. Batiburrillo de "tenguis" que no tarda en dejar entrever la presencia del siempre temido twist final. Es como la piedra con la que tienen que tropezar todos, no hay tu tía. Y aquí, como de costumbre, afecta. Si pese a sus más y sus menos, durante prácticamente todo su metraje La maldición de Rookford se deja ver sin problemas, el giro de los últimos veinte minutos hacia el acostumbrado drama personal roza lo ridículo, antojándose como una vuelta a la tortilla absolutamente innecesaria.

En definitiva, si algo se demuestra con todo esto es que aún queda un trecho por recorrer. El cine de género procedente del Reino Unido progresa adecuadamente, y pasito a pasito va asentando unas bases sobre las que antes o después conseguirá recolocar su trono (esperemos). Pero aún queda mucho trabajo por hacer, mucho por reforzar, para desprenderse de una vez por todas de esa sensación de endeblez general que impide el disfrute en condiciones de una buena peli de terror a la vieja usanza. Seguiremos esperando, que los brotes verdes ahí están.  
5,5/10
Por Carlos Giacomelli
 

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