Crítica de "Martha Marcy May Marlene"

A veces resulta que Sundance acierta. Es raro, porque la bendición del festival indie por excelencia suele conllevar una serie de cuestiones de índole creativa y estilística de molesta digestión para todo aquel que guste de comer la fruta fresca y tersa más que los restos agusanados de una futura compota. Pero resulta que sí, que a veces el jurado se ilumina y falla con valentía, riesgo y una amplitud de miras que no debería ser tal. Debería bastar con que de vez en cuando el mercadillo del cine alternativo americano desluxara las cervicales y despegara la nariz de sus propias borras umbilicales. En ese caso, se daría cuenta de que existe -y podría proscribir de una vez de los ámbitos de la reclusión comercial a- gente tan esencial para monitorizar y diagnosticar la realidad filmográfica actual americana como Kelly Reichardt, Lodge Kerrigan o incluso Andrew Bujalski.

Al debutante Sean Durkin aún le queda recorrido, asentamiento y labrarse credenciales para llegar a donde moran gigantes como los mentados (nuestros elogios nunca llegarán a hacerte justicia, Kelly). Pero vive Cassavetes que está en ello, que tiene las piezas y sabe dónde colocarlas. Y que si de lo que se trata es de empezar con empuje bucefálico, con cabezazo minotaurino para establecer las reglas de su juego, sus propios primeros balbuceos -que resultan ser oraciones hasta con subordinadas- tras la cámara, por Dios que eso lo ha logrado.
Porque esta especie de thriller psicológico a medio camino con el drama de cámara que podría haber filmado un Bergman postmoderno no se achanta a la hora de jugar su carta principal con encabritamiento: infiltrar a su discurso una inyección de mal rollo terrorífico que emponzoña el corriente de lo que podría haber sido una historia de maduración postadolescente más o menos convencional. De eso nada, esta es una de terror en tanto que se mueve en los límites de lo posible (y así da más miedo) y es un relato de maduración, sí, pero especialmente de degradación, la más punzante reflexión posible sobre el sectarismo y la misguidance juvenil en el contexto de la actual (dicen) crisis de valores.


Martha Marcy May Marlene es la historia de una joven (Elizabeth Olsen) que escapa de la comuna que le daba acogida y minaba su conciencia individual para lograr una especie de bien superior, social, emotivo y solidario, aun supeditado a un centro gravitacional: el del pope de todo el tinglado (John Hawkes ya es eterno), tiparraco insospechadamente carismático que se da la gran vida y fornica con jovencitas en una casa del monte. Huida, Martha, o Marcy May, o Marlene, cuatro nombres para un fantasma, es acogida por su hermana mayor, a punto de parir, sólo para comprobar que sus fantasmas la siguen acosando.
La persona ha sido destruida en favor del bien de terceros. Ha perdido el sentido de la intimidad, de la comunicación interpersonal, de la inteligencia emocional y de las reglas de comportamiento social. Para Martha el sexo aparece deshumanizado, despojado de emotividad. Las barreras no existen y los filtros tienen la malla demasiado ajada. Es el buen salvaje poniendo en solfa una sociedad enferma, anestesiada o ensimismada. El ejemplo del monstruo que se instala en el armario y aprende a convivir en silencio con las rodillas peludas recogidas sobre su pecho y esperando a reventar los goznes de la puerta para saltar con las fauces por delante. El día que eso ocurra va a haber sangre.
Pero poca sangre se permite Durkin, y esa es la clave del componente aterrador del relato. La contención brutal, el minimalismo exponencial de la opción estética y narrativa del realizador encapsulan aún más la amargura medular y se permite pocos escapes hacia la violentación explícita. Sin embargo, bajo cutis corretean litros de mala leche, de inquietud formal. El manejo del off es admirable por su fuerza devastadora pero esquiva, con la secuencia del gato en el bosque como paradigma salvaje. La planificación decide asfixiar a los personajes mediante encuadres sin aire de mirada (de modo que a menudo se ven más encerrados que retratados por los primeros planos) o bien empequeñecerlos mediante generales inquietantes, sostenidos en un extraño e incómodo equilibrio.


Sin embargo, probablemente lo más interesante que propone Durkin es la propia opción narrativa elegida, en virtud de la cual el cerebro de nuestra protagonista parece estar a punto de puré y sus dos realidades, pasado y presente, se están empezando a confundir enmarañándose sus respectivos tentáculos hacia un nuevo plano de realidad basado, básicamente, y cuelo otro anglicismo, en el fucked up. Y a partir de ahí el director juega al constante despiste dominando a la perfección la representación de los espacios para colocarnos en un plano de confusión en el que a menudo no sabemos si nos encontramos en el presente o en uno de los sucesivos flashbacks que van ilustrando el pasado de la protagonista. Un pasado que, en la mejor tradición narrativa negra, va adueñándose de su alma. El eterno retorno que da por saco a los desdichados.
Y que probablemente va a llevarse por delante a todo lo que encuentra. Es la teoría del terror cotidiano, de la violencia callada que se va apoderando de nuestro mundo, chute en seco de pesimismo destilado como el que Haneke ya no parece ser capaz de articular sin aspavientos. Y de paso Martha Marcy May Marlene trae consigo el licuado, la destrucción de un estilo de vida aparentemente válido (ascetismo campestre), de otro teóricamente legitimado (pompa burguesa) y de la propia línea que debería separarlas: se intuye tanta mierda de un lado como del otro (y un final que no es tal empezaría a indicar algo parecido).


De modo que Durkin traza no sólo un relato de adolescencia dislocada sino también un terrorífico fresco grantwoodiano contemporáneo colocando un nuevo pedrusco en lo que podríamos llamar algo así como gothic americana (con a). La purga de demonios que se salda con más criaturas del averno campando a sus anchas por los prados de la moral occidental. Y de paso construye un amedrentador punto de partida para dos carreras que pueden llegar a cotas definitivamente intimidatorias: la suya propia y la de una Elizabeth Olsen imponente que desde ya reina en el panorama de las criaturas torturadas de filia radicalmente indie. Falta mucho por recorrer, pero de momento esta parcela les pertenece, por justicia, derecho y méritos. Y da escalofríos pensar en lo que puede estar por venir.
El tiempo en sus manos.

8/10

Por Xavi Roldan

8 comentarios:

  1. Ha sido leer la crítica...ver la película y volver a leer la crítica.

    Tremendo descubrimiento el de este film y el de Elizabeth Olsen. Me ha parecido increíble, las transiciones y el avance de la angustia hasta un final ya insostenible. Consigue inquietar (incluso aterrar) con pura coherencia y cotidianidad, sin excesos ni recursos fáciles. El trabajo actoral es de nota, pocas actrices dicen tanto con solo la expresión facial.

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  2. Y ojo, que también está John Hawkes, a quien amamos desde "Deadwood"...

    A la Olsen la vimos ya por "Red Lights", pero aquí está de nota. Para recordar.

    Enorme película, creo que me he quedado corto con la nota

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  3. Googleando acabo de enterarme que Elisabeth Olsen gano por esta peli el premio a mejor actriz en el festival de cine de Gent (Ghent, Gante)osea donde vivo yo... lo que no he encontrado es si la peli se ha estrenado o se va a estrenar aqui, porque despues de leer tu critica hay ganas de verla!! "red lights" no la he visto todavia, pero ganas tambien hay! ;)

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  4. Yo estoy deseando verla en Red Lights y en Silent House. Una de terror en plano secuencia y con una actriz tan apañada...promete bastante.

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  5. Ah, sí, "Red Lights" o la peli por la que no me vais a volver a hablar en vuestra vida
    (si no llegásteis a leer mi crítica todo irá bien)
    (ni repasar los comentarios quiero)

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  6. yo hoy tenía dos opciones. Ver el fútbol, o ver esta pedazo de maravilla.

    Increíble y sí, me descubro ante la Olsen, ante el director (increíble lo de este tío. Su cámara es fundamental) y guionista (again, increíble), y ante todo.

    Qué mal cuerpo, pero qué grande es el cine a veces, joder ya.

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  7. Bueno, buenooo... pero qué pasada de película!
    Todavía estoy impresionada por la historia, por cómo nos la cuenta el director (increíble cómo con tanta sencillez puede transmitirnos tantas cosas) y por la interpretación de la Olson… vale, los actores están muy bien todos pero es que ella como epicentro de la historia está tremenda!
    Dos cosas que me han gustado mucho son por un lado cómo se enlazan los tiempos para hacernos entender a Martha Marcy-May (me hace recordar una peli que me encanto el año pasado “Blue Valentine”) y por otro, el final, de hecho no lo concibo de otra manera, lo fácil hubiese sido POSIBLE que la prota se ahogase por ejemplo y fin de la historia, pero no, nos deja todas las opciones abiertas, encima temiéndonos lo peor!

    En mi caso pasa directamente al número uno de lo visto recientemente… 

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  8. Mola!!!
    Que te haya gustado Martha Marcy May Marlene
    Que te parezca lo mejor visto últimamente (para mí también es de lo mejor que se ha estrenado este año)
    Y, cuidado, que vieras Blue Valentine. Creo que con Carlos y Sid ya somos cuatro

    :DDD

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