Crítica de "Soul Surfer"

Con que había motivo. Y el motivo era el que todos esperábamos. Desde mediados de 2011, mes arriba mes abajo, lleva retrasándose el estreno de Soul Surfer. Y uno podía imaginar que quizás se estaba esperando el momento más oportuno para presentar al público español esta adaptación de la historia (real) de una joven experta en practicar surf, que perdió el brazo izquierdo debido al ataque de un tiburón. Que entre un pelotazo comercial y otro, no había habido ocasión hasta ahora, mediados de abril de 2012, para que el film de Sean McNamara viera la luz. Sí, uno podía imaginar eso bien fuera por un argumento algo más interesante de lo normal, bien porque su reparto no es del todo desconocido (Dennis Quaid y Helen Hunt son sus rostros más habituales). El resto de nosotros, sin embargo, nos esperábamos lo peor: que si no se estrenaba, era por el mero hecho de ser un estropicio cinematográfico. Otro más que añadir a la larga, infinita lista de moralejas juveniles disfrazadas de producción septimoartística, y convertidas en verdaderas mediocridades en el mejor de los casos. Ese tipo de películas que tanto adora un tipo de público muy específico con el que, desde luego, al menos un servidor no comulga en absoluto. Y manda narices, que hasta pasados los primeros cuarenta minutos, ni se nota el desaguisado.



No se nota porque precisamente, es todo tan malo, tan vergonzoso, que parece hecho a propósito. Nadie en su sano juicio puede creerse que semejante cosa vaya en serio. En los primeros cuarenta minutos de Soul Surfer (hasta el dichoso ataque del tiburón) es todo tan rosa, tan repipi, tan happy flower y tan bucólico, que parece paródico. Se trata de una introducción de personajes y entramado eterna y rematadamente intrascendente, tipo videclip de la Mtv y donde todo se limita a que niñatas irritantes pululen por ahí y demuestren lo buenas niñas que son, las maravillosas familias que tienen y el absoluto samaritanismo de quienes las rodean. Música pop, vestiditos chillones y forzudotes playeros incluidos. Es más, después del accidente acuático, rodado con el mismo tic videoclipero, McNamara nos regala dos o tres gotas de humor negro que se alzan, a la postre, como lo mejor de la cinta con diferencia: el regreso de la chica a su casa se salda con las primeras pruebas de que no, su mundo no volverá a ser el mismo y habrá cosas que no podrá hacer. Y lo descubre intentando cortar un tomate con la mano izquierda (con el consiguiente peligro para el resto de familiares) y queriendo tocar el ukelele. De ovación, oyes.
Y mientras tanto, uno que se pregunta por qué Dennis Quaid se conserva tan bien, y por qué Helen Hunt tan mal. Lo dicho, hay muchos, demasiados focos que desvían el interés y hacen pensar en que todo esto sea una magistral broma. Hasta se agradece el esfuerzo por dinamizar lo indinamizable con ese montaje hortera y tan jodidamente inocente. Atención a las aceleraciones de velocidad en los travellings, o a los flashes de sueños durante momentos de inconsciencia post-operación. Gloriosa horterada.


Pero no, aquí y allá hay motivos más que suficientes para no caer en la trampa. Conatos religiosos, pajaradas que rebasan lo cómico y regresan a la temida inmundicia inicial, y sobre todo, un argumento que poco a poco va desviándose hacia la homogeneización: aceptación y superación personal, tensiones familiares, los agobios de la vida pública… Vamos, que tarde o temprano acaba llegando el momento de la verdad. Por más que al principio a más de uno pudiera pillar a contrapié, al final son pocos los que salen con sensaciones distintas a las temidas antes de entrar a la sala. Que Soul Surfer no es sino otra pérdida más de tiempo, dinero, nervios, e incluso, esperanza. ¿Qué legado cinematográfico va a quedarle a los jóvenes a este paso?
2/10
Por Carlos Giacomelli

3 comentarios:

  1. Nadie se espera una maravilla compleja y desgarradora. Como pelicula teen plana, para mi tiene su valor. Es igual a todas las películas sobre surf o deportes varios con actores jóvenes, el único añadido es la condición de la protagonista. Para mi Anna Sophia Robb hace un gran trabajo sobre todo en la parte que apuntas tu (la de la adaptación a la vida normal), su actuación me es creíble y esta bastante conseguida.

    Que todos sepamos como va ha desarrollarse la película, y la moralina religiosa sea un recurso facilísimo...no te lo discuto. Y sí, el tal McNamara no aporta nada nuevo en su estilo...me dicen que esta película la ha rodado John Stockwell y me lo creo.

    Por lo tanto...un 2, se me queda un poco justo...un 4 yo le daba.

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  2. yo es que la encontré insufrible. No me vale que "como es igual que todas, pasa". No, hay que exigir un cine diferente. Esta película la has visto en tu casa sin pagar ni un euro. Estarías dispuesto a pagar los 8 eurazos de la entrada? Yo, desde luego, si tengo que pagar tanto por tan poco, no le pongo un 2, no, directamente voy a casa del tal McNamara y me cago tan ricamente en su jardín!

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