Crítica de "El gran año (The Big Year)"

Crítica de El gran año (The Big Year)
Tras haberse labrado una sólida plataforma de salida en la HBO, David Frankel gozó de un éxito insospechado (e inexplicable) al estrenar El diablo viste de Prada, deleite para los críticos que no recibieron con el mismo entusiasmo Una pareja de tres, donde Jennifer Aniston y Owen Wilson compartían sus vidas con un Retriever de nombre Marley. Siguiendo en la línea animalista, director y actor vuelven a reunirse, pierden por el camino a Rachel Geller pero ganan a Jack Black y a Steve Martin, además de una serie de secundarios reconocibles que incluye los nombres de Rashida Jones, Joel McHale y Rosamund Pike. El objetivo: adaptar la novela de Mark Obmascik sobre el birding, o sea, el avistamiento de pájaros. Resulta que en los Estados Unidos (y a saber si en el resto del mundo también) se trata de una práctica más difundida de lo creído, que puede llegar a absorber al mayor de los fanáticos forzándolo a tomar años sabáticos con tal de ver más pájaros que sus rivales. Suena ridículo, suena a potencial para comedia disparatada. Demonios, sólo hay que ver a los tres protagonistas. Sin embargo, quien espere algo remotamente similar en El gran año puede salir de lo más escaldado. Y es que nos encontramos ante la cinta más familiar que podamos echarnos a la cara, por lo que más valdrá que antes de entrar en la sala, el espectador se desprenda de todo el azúcar que pueda correr por sus venas.

Vaya por delante que precisamente como tal, como película familiar, funciona de maravilla. Siguiendo los cánones más blancos imaginables, la de Frankel es una historia de superación, de moralejas y de valores humanos. De “lo importante es el interior” a la elección de prioridades. No falta el gordito torpe interesado por la guapa del grupo, el rival a batir que se descubre obsesionado con ganar a toda costa (aun poniendo en duda su matrimonio), y el hombre adulto que debe hacer frente a tareas propias de su importante lugar de trabajo y su importante lugar en familia. Y la labor en equipo, la importancia de las relaciones humanas… En fin, todo lo que uno pueda esperar de una película à lo Disney. Y eso incluye un mimo que se antoja envidiable: además de un reparto de primer nivel (algo habitual en esta clase de producciones, también es verdad), todo el metraje de El gran año está plagado de planos aéreos, efectos especiales, exteriores de lujo y una banda sonora por todo lo alto. Como si la inversión hubiese sido de escándalo, vamos.

Crítica de El gran año (The Big Year)

Y todo esto, ¿para qué?
Buena pregunta. Para nada. Es decir, si el objetivo del espectador pasa por cualquier otro plan que no sea acompañar a los retoños y embutirles con valores morales, poca satisfacción hallará en el film de Frankel. Sí, se aprende un montón… sobre algo cuyo interés un servidor pone en seria duda. Lo demás es soso, irregular (sus bajones rítmicos son de aúpa) manido y rutinario. Eficaz pero poco más. Y desde luego, sumamente desaprovechado. Tan sólo por el estado físico actual de Black y Martin (de Wilson tan sólo en menor medida) se podría haber pensado en algo más, pero no. Aquí lo importante son los niños. Que está muy bien, ojo, pero a) habrá que convencerlos de ir a ver una película sobre avistadores de pájaros en vez de quedarse en casa a ver esponjas parlanchinas y ardillas subacuáticas, y b) por el camino se perderán todos los espectadores que constituyen el target “natural” de estos actores y sus habituales fechorías cinematográficas. Vamos, una pena.
4,5/10
Por Carlos Giacomelli

2 comentarios:

  1. Perdón por el trollismo...pero con semejante poster tan gilipollas...que esperar de la peli. Su anterior trabaja me resulto curioso por el ritmo tan extraño que se gastaba, pero no voy a volver a picar.

    Lo siento pero no puedo parar de dibujar puntos de mira en la cabeza de estos tres.

    Antes voy a ver a Bob y Arenita (Sandy)...

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  2. Yo esta del perro no la puedo ver. Me han dicho que no lo haga por mi bien, así que me remito a lo de El diablo viste de Prada, que me pareció una gilipollez como la copa de un pino

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