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Crítica de "El páramo"

Llévatelo
Crítica de El páramo
Tiene, la película del debutante Jaime Osorio Márquez, una muy importante baza en su haber. Suficiente como para que a muchos les baste para desembolsar la correspondiente entrada de cine. Y es una premisa de las que deleitan. Que nueve soldados colombianos acudan a un páramo malrollero de la muerte en busca de otro pelotón del que nada se sabe, atrae a cualquiera de entrada; y sólo hay que ver alguna instantánea del film para que entren ganas de ver este marco con niebla continua, oscuridad claustrofóbica y silencios enfermizos. Vayamos más allá y descubramos que la gracia de El páramo va a estar en la constante degradación de la cordura, la animalización del ser humano y el acoso y derribo de las relaciones y los valores que rigen nuestro comportamiento (o así). Que esto es, en definitiva, una vorágine de culo y cuesta abajo hacia la locura pura y dura. Por algo que, como en el mejor de los suspenses, no se desvela del todo, evitándose una de aquellas explicaciones que lo limitan todo a un pelotón fantasma, unas pruebas del ejército fallidas, o una niña vestida de blanco con pelo largo cubriéndole la cara. Aquí la duda se sostiene durante buena parte del metraje, y esta, sumada a la ambientación y al planteamiento, debería bastar para convencer... Eso, según los planes del propio Osorio Márquez, que también hace las veces de guionista junto a Diego Vivanco. Ellos dos puede que estén más que satisfechos con su plan maestro; el resto de mortales es posible que hayan percibido la ausencia de algo, nada, una minucia comúnmente conocida como Todo Lo Demás.

Y es que como ejercicio de entrenamiento, de práctica, El páramo vale. Como estudio de marco, planteamiento, atmósfera y puesta en situación, el trabajo haría salivar a un profesor de primero de cine. Y apurando, también puede servir como búsqueda de estilo. No cabe duda de que Osorio ha sabido dotar a su película de una firma francamente llamativa, con un gran trabajo técnico, puro deleite para los ojos y los oídos. Sin embargo, como película en sí, falla estrepitosamente. El tamaño de su agujero negro argumental apenas puede asemejarse al tamaño al que llegan a hincharse las narices del respetable, ante tan cabezota ejercicio de repetición de una fórmula que pierde su gracia a los veinte minutos. Lo cual, por otra parte, es lógico: uno puede tomarse su tiempo del mundo para ahondar en la puesta en marcha, ir poniendo la primera velocidad poco a poco hasta que el engranaje pida la segunda de forma espontánea.

Crítica de El páramo

…Pero antes o después, hay que poner esa segunda. Hay que pasar al siguiente nivel, empezar a recoger lo sembrado, para que el espectador tenga algo que echarse a la boca. Es cuestión de pura lógica: una película que se adscriba en un mundo que vagamente puede tildarse de entretenimiento, debe subirse al siguiente escalón; que si no, entre el esfuerzo de aguantar el primer arco de la cinta, y la total ausencia de recompensa, el resultado es invariable: El páramo se acaba transformando en una insoportablemente tediosa introducción de ciento y pico minutos, que va a parar a la nada más absoluta y apenas explota todo su (increíble) potencial de partida. Una insulsa y hueca repetición de conceptos que se ve agravada si, encima, no se dispone de subtítulos con los que entender a sus actores.
Y no, un susto al final de todo no es, ni mucho menos, lo que nos merecíamos después de tanto esfuerzo.
3/10
Por Carlos Giacomelli

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