Crítica de "Ice Age 4: La formación de los continentes"

Los pequeños de la casa pueden sentirse tranquilos: a juzgar por la insistencia de las grandes productoras por armar y alargar hasta el infinito sagas como Ice Age, la edad adulta les queda aún muy lejos. Y es que allá donde unos (narices, de nuevo: Pixar) apuestan por el triunfo de un humor universal, de una capacidad técnica regida por la audacia y la inquietud puramente artística -que no sólo monetaria-, parece que la división animada de otros (léase Sony, Dreamworks o, como en el caso que nos ocupa, Fox) quiere perpetuar el tópico según el cual el cine animado es terreno exclusivo del público imberbe. Y que el mismo, además, es directamente idiota.
Que es exactamente como se siente uno cuando intenta explicar y racionalizar un poco todo esto de Ice Age 4: La formación de los continentes, nueva secuela de una serie que operaba ya muy a medio gas desde su primera entrega y que ha ido agonizando artísticamente durante estos años. Por lo que sea, porque los animales parlanchines son un trunco infalible más viejo que el mundo, porque el rollo prehistórico tiene gancho o porque el peluche que recubre al mamut parece duchado con suavizante de amapola, la cosa ha ido funcionando. La teoría del cretinismo infantil, aun parcialmente descabellada, ha ido colando. Y así se presenta una vez más.
Esta vez, en la particular, apresurada y timorata historiografía de la Tierra que está configurando la saga toca partir del desmantelamiento de Pangea y la formación de los continentes como excusa para articular algo así como una nueva variante de La Odisea de Homero. Aquí Manny se las ve y se las desea por volver a casa junto a su familia amantísima, y terminará enfrentándose a piratas, sirenas y peligros de todo pelaje junto a sus amigotes de siempre. Bien, punto de partida medianamente efectivo, pero poco novedoso.


Y es que el problema de todo esto es que una vez más el enfoque general y el proceder narrativo y técnico vuelve a estar regido por el criterio de cine-churrería, el toma el dinero y corre: abundan los gags fugaces, sin consistencia y con un regustillo a conservante (ahora está riquísimo, pero el producto no es fresco) y el tono pretende captar sólo a la chavalería del momento. Esa que ha nacido a partir de 2005 y que no tiene aún suficiente fondo de armario mental como para haber almacenado alguno de los tics y recursos trillados que exhibe la película sin ningun tipo de pudor y esperando que nadie se dé demasiada cuenta.
Y con ello el apartado formal se muestra anodino, rutinario, sin avances significativos y ninguna secuencia, a excepción quizá de la de los cantos de sirena, medianamente lograda a nivel plástico y fotográfico. Tampoco los nuevos personajes plantean grandes ideas en su diseño, a excepción quizá de la abuela desdentada, que además funciona como terremoto general, fuente de algún momento de brillo humorístico y clásico contrapunto sarcástico que aporta un plus de desmitificación a los giros más arquetípicos de la cinta.


Ella y la ya habitual ardillita Scrat, junto con algún gag suelto francamente afortunado, son los asideros más sólidos del naufragio generalizado en el mar de mediocridad que representa Ice Age 4. Quien tenga un buen flotador podrá aguantar con compostura y sin hundirse en las corrientes procelosas (cómo llegan a mecer, las jodidas) del ronquido profundo. Pero va a encontrarse que flota en un océano de chistes sobreexplicados, personajes anodinos o animalillos irritantes haciendo y diciendo cosas irritantes y, en fin, esa especie de modernidad mal entendida que ha caracterizado el noventa por ciento de los productos de animación digital no auspiciados bajo el musculoso brazo de Pixar. En virtud del reblandecimiento veraniego generalizado creo que tendremos que volver a claudicar, rendir nuestra capacidad analítica y de nuevo bajar los raseros para justificar todo esto con aquello de que "a los chavales les va a gustar". Pero desde nuestra postura adulta, cínica y agriada nos va a resultar cuanto menos curioso que una película que hace del hielo su principal recurso ético y estético al final termine teniendo tanto regusto a cocacola de máquina de multicine: incolora, insabora y eminentemente aguachirrada.

4/10

Por Xavi Roldan


2 comentarios:

  1. Hola.
    A me parecio una comedia bastante correcta, sin demasiadas pretensiones ,es decir sólo entretener con honestidad e ingenio. Esta saga de animación jamás pretendió ser un hito en el género, sólo contar una historia entretenida con mucha gracia. A pesar de ser una cuarta entrega los gags conservan la novedad y frescura. Cierto es que la trama y sus giros en general pueden esta vez sentirse más forzados, pero desde que tenemos animales prehistóricos parlantes existe cierta libertad para lo inverosímil y hasta el absurdo. Pretender ser además muy intelectual y trascendente puede lograr joyas del género como la saga de Toy Story (eso sí es un hito) pero también puedes lucir pretencioso y hasta irritante en tu ceremoniosa solemnidad (otra vez Pixar y la sobrevalorada Up).
    Lo imperdonable en una comedia de animación es el aburrimiento, y esta Era del Hielo está lejos de ser aburrida. El ritmo es ágil , las risas explotan de principio a fin y el climax es intenso y grandilocuente, como Dios manda. Cuando busque propuestas más estéticas, plagadas de simbolismos y referentes más intelectuales, pues allí están los animes de Miyazaki, o buena par te de lo que saca Pixar. Esta era del hielo es divertida, ágil e hilarante, y supera con creces todas las comedias de Adam Sandler juntas. Yo le doy 6.

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  2. Un 6, queda dicho. Media: un 5 (que alguien vueva a bajarla, por Dios!)... jeje

    Saludos, y gracias por el comentario...!

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