Crítica de "Sácame del paraíso (Wanderlust)"

Crítica de Sácame del paraíso (Wanderlust)
¡Hombre! Una de cuarentones con complejo de Peter Pan. Con crisis de pareja y problemas socio-laborales. Oh, y con Paul Rudd. Fijo que es de Apatow. Bueno, no exactamente, Sácame del paraíso viene con la firma de David Wain (Mal ejemplo) tras las cámaras, pero sí: Judd Apatow produce esta nueva comedia entre lo romántico y lo generacional, sobre una pareja (Rudd y Jennifer Aniston) que de vivir en la gran manzana con trabajos de esos que molan (sin ir más lejos, ella abre la película yendo a presentar un documental sobre pingüinos con cáncer de testículos a la HBO), se ve de patitas en la calle de la noche a la mañana. Emprenden un viaje que les hace pasar por una comuna hippie, y llegan las tentaciones: ¿seguir su camino hacia una nueva vida laboral y con los compromisos habituales? ¿O vivir en una casa sin puertas, con caballos en el salón y nudistas a su alrededor, consumiendo todo lo que haga falta? Echemos más leña al fuego: por la comuna de marras pululan un Justin Theroux en plan cien por cien erotismo salvaje, y una Malin Akerman que tres cuartos de lo mismo. Difícil, ¿eh?


Eso, las situaciones que se generan por la colocación de una pareja de yuppies en medio de un universo tan distinto (y por su “colocación” en general, no sé si me explico) forman el grueso del cotarro. Anécdota argumental a partir de la que Sácame del paraíso vuelve a hablar de los sospechosos habituales, algunos más elevados (citados al principio), otros de puro folletín: que si crispaciones sentimentales, que si tentaciones, que si adaptación dispar de una y otro a su nuevo entorno. Lo que, en definitiva, ya se espera de una comedia de este estilo, máxime teniendo en cuenta que tiene la familia que tiene. Tan poco rompedora resulta la que nos ocupa a priori, como en su día parecieron Lío embarazoso, Supersalidos o La boda de mi mejor amiga. Pero cierto es que aquellas, a posteriori sí descubrían una vertiente mordedora, subversiva incluso. Cosa que se echa en falta en la de Wain. O sea que en definitiva, aquí no se sale de la mera anécdota, de cine de entretenimiento eficaz y consumo rápido (y aún más rápido olvido).

Crítica de Sácame del paraíso (Wanderlust)

También valdría (piénsese en lo bien que funcionan como tales Te quiero tío, Paso de ti…), pero aquí falta algo. Es curioso, pero lo que mejor funciona en Sácame del paraíso son las escenas iniciales y las finales, aquellas en que aún no se ha llegado a la comuna o ya se ha salido de ella. Ahí, el humor brilla con fuerza; estupendas todas y cada una de las pullas que se le lanzan a la HBO y al estilo de vida neoyorquino. Pero desde que se reúnen con los hippies, poco a poco va perdiéndose el fuelle. Siguen apareciendo momentos descacharrantes, especialmente gracias a un Paul Rudd entregado; pero el film no tarda en instalarse en un estado de apatía, de divertimento regulero e interés prácticamente inexistente. Como si los primeros en cansarse de la broma hubiesen sido los propios responsables.
Claro, la película cae bien (porque todos sus involucrados caen bien) y se puede ver sin problemas. Constituye un plan perfecto para ocupar hora y media (o más si se queda uno a los títulos de crédito para ver las tomas falsas), y tiene algún que otro pico de humor francamente acertado. Pero no nos engañemos: a estas alturas el cine está muy caro, y semejante esfuerzo por tan poca recompensa no es la mejor de las ideas que haya tenido la tropa de Judd Apatow. Se esperaba mucho más de ella. Se le exigía mucho más.
5/10
Por Carlos Giacomelli


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