Crítica de El dictador (The Dictator)

Ha tenido que pasar una década para que media América empiece a sentirse más o menos cómoda exorcizando el demonio 11-S y deje que la bilis se filtre y vaya resquemando hasta poner las conciencias de la otra media en carne viva. Veremos lo que ocurre cuando caigan en la cuenta de que Sacha Baron Cohen es británico.
Aunque el caso es que ya se había hecho (servidor ha visto blasfemar entorno a la fatídica fecha a salvajes lenguas tan afiladas como la de Sarah Silverman, George Carlin o Louis CK), pero quizá hasta ahora no había sido a semejante escala. En una película comercial de 2012 dos tarados de un país ficticio de Oriente Medio arman un gag entorno a un nuevo atentado en Nueva York montados en un helicóptero. Para que os hagáis una idea.
Así que ha tenido que pasar un tiempo, sí. Pero durante estos años, el monstruo Aladeen ha estado esperando agazapado disimulando sus risitas como podía, transmutado en otros tipos, trajeado con otros pellejos igual (Borat, Ali G) o menos lustrosos (Brüno) que si bien dejaban entrever cómo se dispone el mobiliaro mental del monstruo Baron Cohen no eran más que meros pasatiempos para lo que se venía un poco más tarde.

Y ahora llega el momento, el dictador de Wadiya se quita su liendroso manto y aparece triunfante ante todos nosotros cabalgando un obús al más puro estilo Slim Pickens en Dr. Strangelove, cimbrando la cabeza decapitada de Albert Einstein y estirando su propio rostro con un lifting de sonrisa infernal que hiede a boñiga de camello. Nadie está a salvo, la parodia del totalitarismo llega a la Tierra de la Libertad. Arded. Todos vosotros. Quien sea. Todos, arded.

Pero el pretexto argumental tiene hasta cierto pedigrí: se trata de dejar al fin el coqueteo con la realidad extrema y la transfuga con el mockumentary para armar una ficción pura y dura (vale, algún jugueteo meta resiste de todos modos) a partir de un remakeo de -Alá nos coja confesados- El gran dictador, y no sólo a partir de su poco equívoco títlo: El dictador coheniano chisporrotea sobre el tema del doppelgänger (concretamente el doppelänger pardillo) y guarda puntos argumentales en común con la popularísima obra de Chaplin, aunque al final lo que busque es tensarle el colon a todo el mundo y soliviantar a todo ser mínimamente soliviantable. Incluso a quien no estaba al tanto de serlo. Y casi lo logra (casi: los muy cerdos no llegamos al punto de escándalo; pero hay que serlo; alma de caucho) mediante un silo armamentístico cómico que ni el de Cuscús Medina: aquí hay chascarrillos para todos en forma de cuchillos de asalto, granadas de mano, AK-47 y bombazos de aúpa con megatones a cascoporro. Una colección de chistes buenos, de chistes malos, de chistes muy malos y de gilipolleces tamaño pozo petrolífero. Pero todos ellos, en cualquier caso, sarnudos, apuñalantes, destinados a levantar ampolla, a rascar la costra con uña. Pateando la América de Bush y la de Obama. La del tea party y la de George Clooney. Choteándose tanto de neocons como de pijoprogres abrazadores de árboles. Haciendo constantes guiños a la política mundial (cuidado que cuando apunta a las petroleras da nombres y apellidos) y a la actualidad en pequeñas capsulillas de nuevo juego realidad/ficción.


Una parodia sangrante en la que sólo cuenta el acoso y derribo haciendo uso y abuso de tópicos, clichés, comentarios racistas y sexistas, miradas ácidas y apuntes con mucha mala sombra, muchos de ellos tremendamente escatológicos. En todos los sentidos.

Solo que el comentario de Baron Cohen no es descerebrado. Muy mal pensado, sí. Pero sangrantemente crítico. Y es que no hay que olvidar que al final todo esto da vueltas entorno a un supino gilipollas. Un sosias de Gadafi que añora a Kim Jong Il, es colega de Bin Laden y probablemente se iba de harenes con Sadam. Un putero hiperforrado que llena su vida con órdenes de ejecución a quien demuestre tener una pulgada más de cerebro que él (esto es, casi todo el mundo). Un mediohombre que completa la otra mitad de su vigor masculino con misiles cada vez más grandes. Y que finalmente termina transmutado en un pez fuera del agua (misma pecera que El príncipe de Zamunda), retorciéndose patéticamente en la cuna occidental del judaísmo, esa cosmopolita Nueva York, y reinventado en una especie de soup nazi (Seinfeld) árabe y gorrino.

Y ojo, la referencia a dicha sitcom no es gratuita. Un hemisferio del cerebro de El dictador (probablemente el derecho) pertenece al cómico inglés. El otro es propiedad legal de Larry Charles, director del asunto, salvaje animal de la comedia que ha sido (sigue siéndolo, por favor) ojo derecho de Larry David y que electriza el conjunto dotándolo de un ritmo (no sólo de gags, también puramente narrativo) diabólico y una factura espléndida. Y da a todo ese apestoso aire de comedia basada en la incomodidad cotidiana, nueva muestra inapelable de embarrassing humor a altas cotas de puntería social.


Al final, todo termina perfectamente orquestado, y aquí cada uno sentirá más irritación o menos, en forma de romcom canónica entre el imbécil en cuestión y una tan fantástica como siempre Anna Faris. Rematado por un clímax de libro y un discurso final no por descacharrante y memorable menos esperable (los que detecten el espíritu de Chaplin desde el principio, se lo verán venir a la primera de cambio). Pero lo cierto es que todo ello le da un empaque hollywoodiense a la cinta que le sienta de maravilla, la pone en un equilibrio en el que las barrabasadas continuas toman agarre y resultan más efectivas, más brutas. Y queda vista para sentencia como un ataque a la bestia desde el mismo vientre de la misma.

Perfecto ejemplo de película límite que encantará a unos y horrorizará a otros, probablemente estos reprocharán a El dictador su 'mal gusto' y escaso sentido de la oportunidad, su ocasional vocación de recopilatorio azaroso de sketches desafortunados y su colección de meadas fuera de tiesto en un panorama cinematográfico cómico aún falto de clase. No sé.

Pero sí sé que los que formamos parte del primer grupo les daremos la razón -por supuesto, toda- al tiempo que nosotros sí nos descoyuntamos de risa mientras experimentamos un tembleque de horror: el que generan las mejores comedias coyunturales, esas que te hacen cosquillas por un lado mientras te apuñalan por el otro con reflexiones tan peladas como certeras y que se resumen en la siguiente idea: el mundo está jodidamente mal.
A partirnos el ojete todos, que son dos días.

8/10

Por Xavi Roldan


16 comentarios:

  1. Muy buena crítica. Brillante.

    Habrá que ver la peli.

    Chao.

    Harper Lee

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  2. Hombre, Harper, long time no see! :D
    ¿Dónde te metes?
    (porque eres la misma Harper Lee de entonces... ¿verdad?)

    Sea como sea,
    Hey!

    (y gracias por el comment!)

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  3. La verdad es que llevaba eones sin entrar en la página, la habéis cambiado muchísimo, ¿no?

    Sí, soy la misma Harper Lee, pero me has dejado alucinada, ¿cómo te acuerdas? Posteé muy poco y hace mucho; espero que sea por tu buena memoria y no por mi cuasi imperceptible inclinación a tocar las narices (u otros apéndices) al personal, que me haya dejado marcada para siempre en La casa;)

    En cualquier caso, me alegro de haber entrado porque de verdad te digo que me ha chiflado la crítica. De hecho, he visto tu comentario porque he entrado a releérmela. Me ha encantado la mención al doppelgänger y la referencia a “El gran dicador” de Chaplin me ha terminado de ganar para la causa, así que procuraré ver la peli asap.

    Espero que tengáis (o sigáis teniendo) mucha suerte con la página, escribís realmente bien y alejados de intereses bastardos, con independencia.

    Adiós. O, mejor, hasta otra.

    Harper Lee

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  4. Un poquitín sí hemos cambiado la página, sí... Nah, pero sólo por fuera. En realidad, parafraseando a Simba (que en un principio parece un poco chusco de parafrasear, pero en realidad ahora mismo en Nueva York es lo más hipster) "seguimos siendo los mismos de siempre".

    Y vamos, sí, te recuerdo. No exactamente qué decías ni dónde, pero recuerdo que nos molaste. Jé. En serio. Creo que hasta lo comenté con Capi. "Harper Lee mola".

    Ea, esa gratis.

    Pues ale, que graciasmil por los parabienes y a ver si se te ve más por aquí (!)

    (aunque no seré yo; mañana vamos a ver Batman -esa también la suelto por la patilla- y a continuación me largo un par de semanas a desconectar de tó... nnnnnice...)

    Eso, que salud y a ver si en dos semanas sigues por aquí! ;)

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  5. Jejé, Harper Lee, pues yo sí que me acuerdo de haberte leído grandes y lúcidas aportaciones en Sex&theCity2, matizando posturas entre las hysterfans y estos dos, me gustó mucho lo que leí y me quedó archivado tu nombre por lo mucho que coincidía contigo. Me parece recordadr incluso que eres abogada ;)) Y que te(/os) mola un montón el cine y que tu gusto y visión de las jugadas coincidía mucho con los míos.
    Total, que para mí es un placer leerte. A ver si te prodigas más (léase, "plis, prodígate más" ;)))

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  6. Ya está, ya lo ha dicho: se va Xavi, se va el sex symbol, y todos desaparecéis... desagradecidos...

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  7. Gracias, Xavi, ¡pásatelo genial! Si te refieres a Simba de “El rey león”, tengo un amigo que precisamente me estuvo diciendo ayer que “El rey león” es una peli homófoba y racista, además de descubrirme la (presunta) animadversión de Disney hacia la Iglesia católica, que quedó patente en “El jorobado de Notre Dame”, ya lo desarrollaré más si se tercia y tengo tiempo.

    Sidney Sarah Ripley, ¿se puede ser más monérrima que tú? ¡Mil gracias! Pues, sí, soy abogado y he de confesarme culpable de escribir en Sex&theCity2. No sé si al principio matizaba posturas, pero al final terminé lanzando cuchillos al Capitán Spaulding y haciendo mutis lo más elegantemente que supe. En cualquier caso, parece que no he quedado anatematizada para siempre, ¡hurra!

    Intentaré pasarme más, pero únicamente si hay algún sex symbol (aparte de Sidney y servidora, se sobreentiende;) de guardia. No sin un sex symbol, afirmo.

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  8. XDDD
    No, si los cuchillos al Spaulding (finos, elegantes, aflados) fue lo que más me gustaron, tb por es me acuerdo...
    Contigo: necesitamos sex-symbol de guardia. Aunque yo siempre he considerado que en esta casa el sex-symbol es el Spauldng...

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  9. Por cierto, yo creo que hubo pa los dos, para Bluto tb (de cuchilos). Ahora me ha picáo la curiosidad y voy a leeros...

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  10. ...yyyyyyyyyy pantalones mojados again.
    Mierda, debo dejar de excitarme tanto con según qué cosas

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  11. Yo me he reído mucho...he llorado de la risa incluso. Me ha gustado pero no ha llegado al dolor de tripas que me causo Bruno(Estoy basico esta mañana y este me parece el mejor medidor para saber si me ha gustado).

    Algo que me molestaba bastante en el cine de Cohen es que en sus tramos finales siempre bajaba el ritmo, pero en esta aun con final cantado no he perdido el interés.

    Vista una vez, no crea que la vuelva a ver.

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  12. oye, y, ¿cómo la has visto? ¿Has ido al cine... o.... la has "encontrado" en algún "sitio"?

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  13. Cine, esta es de la que mis amigos me obligan a ir.

    Como para ver una película en cuestionable calidad después del rapapolvos (que resulto mucho menos sexual de lo que su nombre indica) que me echáis.

    P.D. perdón por la broma del rapa-polvos... me avergüenza incluso a mi.

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  14. jajaja, sí, la verdad es que somos muy anti-screener. Ayer mismo un amigo me dijo que su padre había visto Prometheus en screener. Madre mía, qué Rapa(ce)polvo se merece!!

    (Rapace, por la actriz de Prometheus, y t... ya me callo)

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