Crítica de El legado de Bourne (The Bourne Legacy)

No podía traer consigo nada bueno todo aquel rifirrafe creativo generado alrededor de la nueva entrega de la saga Bourne cuando, hace un tiempo, Paul Greengrass, director de las dos anteriores, decidía abandonar el barco antes de que se hundiera. La serie se quedaba huérfana del hombre que la definió a base de nervio narrativo y empuje formal y, peor, perdía con él su principal atractivo y enganche popular: a su protagonista Matt Damon, que decidía que sin Greengrass no había Bourne. Ellos, por su lado, se montaron su propio substituto de resultados irregulares (Green Zone: Distrito protegido), pero Universal parecía quedarse en un brete algo extraño de "ni contigo ni sin ti" que finalmente se saldaba con la entrega del timón a Tony Gilroy. Y aunque la elección parecía acertada (Gilroy guionizó las anteriores entregas), al final es lo que probablemente ha terminado hundiendo esta El legado de Bourne en la absoluta vulgaridad cinematográfica. De modo que, aunque los talibanismos nos producen feos eccemas, esta vez hay que afirmar: efectivamente, sin Greengrass no hay Bourne.

Porque, a pesar de que el británico no estuvo ahí desde un principio (la primera entrega la firmaba un correcto Doug Liman), sí fue quien dotó a la saga de su principal atractivo: ese modus operandi preciso, formalmente metronómico que colocaba la aventura del agente desmemoriado en un plano de thriller autoral basado en la fiscidad y contundencia de las secuencias de acción. Y le confirió además una especie de perenne sensación de urgencia ideológica y alimento para el cerebro. Lo cual despegaba la saga, además, del espíritu folletinesco y casi fantástico de las aventuras de Bond y del Ethan Hunt de Misión Imposible.


Gilroy, por supuesto, era muy suyo para decidir saltarse a la torera las indicaciones de Greengrass. Faltaría. Pero debería haberse esperado de él, por lo menos, un planteamiento formal basado en su propia visión, de tener alguna. Todo lo contrario, si por algo sorprende El legado de Bourne es por su realización, impersonal en el mejor de los casos. Inoperante en el peor. Así que lo que debería ser un virado hacia la acción de las tramas conspirativas de Michael Clayton y un refinamiento de lo apuntado en Duplicity termina convertido en un vulgar muestrario de secuencias mal planificadas, peor montadas: en sus escasas escenas de acción, Gilroy opta por la esquizofrenia de los planos demasiado cerrados, demasiado breves. Más que por el temple de un Greengrass que siempre se mostraba bien tensado y muy seguro desarrollando la acción en planos abiertos y mucho más dilatados, estupendamente coreografiados y planificados. El resultado aquí es un batiburrillo anodino que llega a lo incomprensible en sus contados miniclímax de acción, nueva vuelta de tuerca seria a lo que al fin y al cabo llevan años practicando, con mejor o peor suerte la gente que entra en el abanico entre Tony Scott y Michael Bay .

Pero estamos empezando la casa por el tejado, porque los problemas de la película empiezan bastante antes. En su misma concepción. Y es que en el fondo esto, a pesar de su factura, aun teniendo el respaldo del gran estudio y el apoyo de varias caras conocidas y nombres con caché, no es más que un vulgar exploit. Una estrategia indisimulada para seguir generando dinero mediante una saga moderadamente rentable y una marca conocida, con lo que al final el peso del personaje que en su día creó Robert Ludlum no es más que un cebo comercial. En El legado de Bourne hay menciones a Jason Bourne, y su trama vuelve a girar entorno a agentes especiales inmersos en experimentos cognitivos y proyectos de superagente, pero su desarrollo es mecánico y rutinario. Su excusa argumental demasiado peregrina y finalmente escasa, endeble para más de dos horas de parloteo tedioso y reiterativo.


Gilroy se toma la molestia de echar el freno en varios momentos, encararse con sus personajes y escrutar sus sentimientos y reacciones, cierto. Pero finalmente sus intentos de dar profundidad y seriedad al conjunto quedan más como indicios de torpeza narrativa y abulia generalizada que como muestras del rigor que parece obcecado en otorgar al asunto. Se intuye con todo que probablemente el realizador pensaba adscribir su producto a la tradición de cine de espionaje fijándose en los derroteros que tomó el género allá por los sesenta y setenta con productos tan sólidos y robustos como Ipcress, El último testigo o Los tres días del cóndor. Pero lo cierto es que su película va demasiado escasa de rincones narrativos, de artillería emocional y de capacidad subversiva.

Y es que todo se agota, porque todo es de fogueo. Gilroy se ve obligado a alargar secuencias que deberían solventarse con vitamina e impulso eléctrico, o a introducir giros cercanos al deus ex-machina para mantener el interés de alguna manera, aunque sea forzada (la inclusión repentina de un villano con poca entidad da la dimensión del desnorteo global). O todo lo contrario, echa mano de argumentos que pronto quedan superados y olvidados para no tener ningún tipo de relevancia posterior en la trama.


Al final, uno tiene aquella sensación tan familiar de haber sido engañado durante más tiempo del que quisiera con un producto aparentemente resultón, y llevado con una cierta profesionalidad por todos sus responsables, entre los que se encuentran unos Jeremy Renner y Rachel Weisz más que correctos. Pero engañado al fin y al cabo: la sensación de hueco y de futilidad es persistente y termina zumbando excesivamente como un moscón instalado en el canal auditivo.

A lo mejor, quién sabe, Gilroy pretendía que su espectador tuviera una especie de implicación total con el producto explorando una nueva dimensión emocional en una suerte de experimento interactivo. Si fuera así, lo habría logrado: después de ver El legado de Bourne uno se queda tan vacío y perdido como la memoria de aquel agente que era rescatado in extremis del océano al borde de la hipotermia.

4/10

Por Xavi Roldan


7 comentarios:

  1. Que tenga que ir a verla para confirmar que no da la talla, me molesta más, que lo mala que sea por sí.
    Con Total recall me ha pasado lo mismo. Parece que hacen remakes para ensalzar la original más que para presentar una alternativa.

    Cuando la vea más :P

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  2. Joé, un 4! El otro día vi el tailer final en el cine y pensé que no me colaría pero tampoco pensaba que fuera de 4. Pues nada, a esperar a otros formatos... :)

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  3. ...buf... ni eso, yo, la verdad. Tant contento con la trilogía original y a otra cosa :)

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  4. A mí me da que va a ser lo mejor, gentes. Cerrar la paradeta con "El ultimátum", hacer como si esta no hubiera ocurrido y ya a otra cosa.
    Coño, si es que la tres era MUY buena...

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  5. pues ea, POLACA says que no y es que no. Pasando de lo lindo

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  6. Visto el legado ya puedo dar mi opinión como espectador y no como especulador. La verdad, que sin llegar a sorprenderme, tengo que reconocer que es menos mala de lo que esperaba.
    Como mayor defecto en el guión son las continuas alusiones a Bourne de todo tipo, para mi es un lastre que no han sabido resolver. La acción y el ritmo es el correcto dejando un final muy abierto para un capitulo siguiente descaradamente (con la primera entrega de Boune también lo dejaron muy claro).
    Otro punto negativo para mi es lo previsible que resulta, esto le quita fuerza y, sobre todo, tensión.
    Lo bueno, ver algunas caras conocidas que con el paso del tiempo están casi irreconocibles y lo mejor que a pesar de todo no se puede negar que resulta entretenida para los adeptos al genero.
    Para mi pasa la raya del 5, a ver si en la segunda, afinan un poco más.

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  7. Para mi también es un 5. Aunque huviesemos dormido todos mas tranquilos dejando la trilogia cerrada.

    Vista la cartelera del mes de Agosto me extraña que no esté recaptando mas en taquilla.

    Un saludo!

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