Crítica de Cosmopolis

Lo voy a decir alto y claro: hacía ya un tiempo largo que David Cronenberg había dejado de ser David Cronenberg. Su último trío de películas, configuradas casi en forma de tríptico, planteaban un intento de escape a otros parajes aparentemente más livianos, esencialmente tan o más profundos, claramente menos herméticos, aunque en el fondo se mantuvieran cabizbajos entre la misma maleza de siempre. Que la Nueva Carne cayó en el olvido (o, mejor dicho, en el desuso) es algo que todos supimos tras eXistenZ, su último suspiro. Pero que Cronenberg cambiara de tercio para quedarse en su nueva (o vieja, pero distinta) faceta era algo que ya también habíamos comenzado a sospechar. Como con Polanski. Los tiempos cambian rápido, y el cine tiene que moverse a la velocidad de la luz, claro. Entre todos estos pensamientos y más va uno al cine a ver Cosmopolis, un trabajo de apariencia pasajera y sorprendentes pocas dimensiones que, pese a ello, promete y confirma rotura.

Hay tanto en Cosmopolis y tan poco al mismo tiempo que resulta difícil, quizá incluso inútil, descifrarla. Eric, Robert Pattinson, es un Rockefeller y necesita un corte de pelo. En su odisea homérica al barbero, su existencia implosiona ante nuestros ojos, cae al vacío y acaba en el subsuelo, allí donde su mundo siempre debió conducirle. No porque sea éste el que le hunda, sino porque es el propio Eric quien deja caerse. Como en Una historia de violencia, Videodrome o La Mosca, el antihéroe se adentra en ese abismo oscuro y sin fondo que se llama transformación. Y ansiaría escapar de él si no le atrajera de una forma tan desorbitada.


David Cronenberg se postra así a los pies del caos para analizarlo desde abajo, desde allí donde las cosas que caen van a parar. Habla del sinsentido de la gloria del hombre rico que prefiere el hundimiento ante el enfrentamiento abierto con aquellos que quieren derrocarle, del símbolo que debe morir para que la tabla rasa pueda dar lugar al nuevo mundo. Una colección de reflexiones cuya semilla está en la el Cronenberg más ochentero, en la comodidad de la calidez de sus orígenes. Lo hace en forma de evaluación punzante pero pausada, silenciosa y muy literaria del corrosivo rencor que nos recorre las venas, y que a él le sirve como reafirmación de sus primitivos principios y, al mismo tiempo, como revisión, readaptación y reinvención de estos mismos. Lo hace con instrumentos mínimos, con escenarios mínimos, con historias mínimas, como queriendo desnudar el sentido de la violencia y el caos hasta los mismos huesos. Algo así como lo que ya practicó en una de sus obras magnas: Crash.

Pero así como Cronenberg escapa de su yo más reciente, Cosmopolis es a su vez una película abiertamente evasiva. No quiere atención, no pretende conformar, no incita a la pregunta y rehúye de las grandes masas pensantes. Busca la antítesis y el contrapunto, planta la idea bien profunda para que el espectador escarbe pero no logre encontrar nada. Su colección de personajes, todos títeres al servicio de algo más importante que la historia, aquí casi nula, que sobrepasan las dimensiones de sus propias realidades, que buscan moverse tangencialmente a través de otras mucho más atractivas y prohibidas que la que condena a Eric al submundo. Y así es como Cronenberg vuelve al cine, a su cine, y plantea su película como algo duradero, perpetuo, una odisea moderna para poder (y tener que) ser revisitada con frecuencia.


Cosmopolis se mueve en constante forma centrífuga, dando vueltas a unas mismas ideas que toman forma a través de bocas distintas. Todas ellas orbitan, una vez más, alrededor de los temas fundamentales de Cronenberg: la razón inherente a la violencia, la aceptación de la reconfiguración de la carne y el ser, la transformación autoconsciente, la caída del mundo palpable y el auge del otro mundo, quizá perverso pero nuevo en cualquier caso. Aquí, la explosión social y anarquista, una parábola maldita acerca del cabreo que lleva actualmente encima el hombre de hoy. Todo en un envoltorio extremadamente estático, que pese a ello supura una apremiante urgencia por traspasar los límites de lo que vemos y sentimos, de aquello por lo que protestamos, sufrimos y morimos. Cosmopolis es una metáfora sobre el mundo echado a perder, en su lectura más directa, y un documento acerca de la revolución, la renovación y la auto-destrucción de lo que aún hoy sigue viviendo, muy a nuestro pesar, en una lectura más adentrada. Un mundo hecho a medias –como el corte de pelo de Eric.

Cosmopolis es presente distópico, futuro incierto, el por qué de la violencia. Es el silencio ensordecedor de un mundo que se autodestruye. Es Crash, instantes antes de que la carrocería se haga añicos.

8/10

Por Pau Roldan




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10 comentarios:

  1. Estupenda crítica, oyes. Es cierto, lo digo mucho pero es cierto.
    Si no fuera cierto desviaría la atención y diría algo tipo "qué mal tiempo", o "parece que vuelven los toros", o "los chinos nos comen".

    O sea que bien.
    Y muy fan de lo del "presente distópico".

    Eso sí, te ha faltado decir que es una película tremendamente erótica. No necesariamente por alguna escena concreta (ejem), pero todo rezuma sexualidad y erotismo, sano o malsano: el erotismo del poder, del dinero, del brillo de los acabados de la limo, de lo que sea.

    Coincido con tu 8 e incluso lo llevo a 8'5

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  2. ¡Fantástico! Gracias por tu crítica de la crítica y por la calidez de tu recepción, señor de La Casa.

    Muy de acuerdo con lo del erotismo, aunque en esta peli esté algo menos marcado que en sus anteriores películas. En todo caso, que Cronenberg escogiera a Robert Pattinson, el chico más erótico de Hollywood (calla, que nadie se crea nada raro), para hacer de Eric no es ninguna casualidad.

    A los que se estén pensando si verla o no verla, les digo: "¡Chssst! ¡A verla!".

    Pau

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  3. y yo me quede sin verla... buah!!!
    Claro, si hubiese leido esta critica (y el coment de Bluts!) me hubiese ido a verla de cabeza!! porca miseria... :(

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  4. Jo, sí, da rabia eso, eh?
    A mí me ha ocurrido alguna vez. Que aunque esté informado, se me escapa una sin darme cuenta (típica peli que se estrena en media sala) y luego, pam, la crítica la pone por las nubes.
    "Ooooh, duró sólo una semana en cartel, se siente"...

    De todos modos, por ahí teneís un sistema raro, ¿no? O sea, se estrenan algunas películas prontísimo pero luego duran en cartel "de Nadal a Sant Esteve"...
    La vida pasa demasiado deprisa en Bélgica...

    ;)

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  5. Ya decía yo... Después de las malísimas críticas que recibió por parte de la doxa más rancia (...) supe que tenía que verla, porque fijo que era buena. Y efectivamente, a mí me gustó. Como siempre, no obstante, luego me surgió la duda de si es que me gustó porque debo ser medio rara, así que ver que le habéis hecho una buena crítica y dado una buena puntuación me hace sentir mejor. Ciertamente, tenía que haberme remitido desde un primer momento a vuestra crítica ^^

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  6. Si es que ya te vale, mira que no haberlo hecho desde un pricnipio ... ;)

    Celebramos que te haya gustado tanto la película, lo cierto es que cuesta encontrar a gente que comparta dicho entusiasmo!

    Y ya que estamos, hacía como 700 años que no te pasabas por aquí a comentar, no?? Que.No.Se.Repita... :P

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  7. La vi luego de leer la critica y si, muy acertada por cierto, pero si tengo que escoger entre este Cronenberg y el anterior, definitivamente me quedo con el de la “nueva carne”, Noto sus últimas dos películas, Un método peligroso y esta, demasiado textuales, subordinadas al diálogo, ingenioso e inteligente sin duda, pero extraño esa capacidad de mostrar imágenes inolvidables , fascinantes y perturbadoras. Veo Cosmòpolis y surge en mi mente una frase: teatro filmado . Màs que adaptación de una novela, parece una versión de una pieza teatral. Es buena ,claro, pero es Cronenberg, y yo esperaba mucho màs. Yo le doy 6.5.

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  8. hmmm, la verdad es que yo no sabría por cuál decantarme. Es decir, te leo y pienso "pues claro, yo también". La nueva carne era mucha nueva carne. Pero también es cierto que desde la historia de violencia en adelante, el nivel de fascinación en el que quedo por la forma en que dirige, los ritmos de sus películas, la manera en que consigue tirar para delante únicamente a base de diálogos (imagínate Cosmopolis según cualquier otro director, qué desastre! como mucho Jarmush hubiera hecho algo similar)... no sé, quizás en el caso de esta película ya iba preparado: me había leído el libro antes, e imagino que la primera decepción me llegó ahí (ojo, no porque el libro no fuera la leche, sino porque me esperaba otra cosa). Así que creo que me esperaba exactamente lo que vi. Imagino que es cuestión de expectativas...

    Saludos!

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  9. Respeto mucho la decisiòn actual de Cronenberg al derivarse por la fuerza de los diálogos como principal herramienta narrativa. Sin embargo esta situación me parece, lamentablemente, síntoma de agotamiento creativo debido quizá a los años y a la despiadada competencia de sus seguidores e imitadores. El maestro durante décadas marcó el camino a seguir en cuanto a audacia visual y temas bizarros: Videodrome,Scanners,La Mosca,Crash ,Dead Ringers, Existenz nos dejaron argumentos, planos y secuencias inolvidables que sirvieron de vanguardia para la cifi,el terror gore,el thriller psicológico y hasta el cine erótico. Elegir o comparar entre esos títulos y los actuales…se nota el desgaste. Pero no importa. El maestro ya tocó el cielo varias veces y hoy puede disfrutar del reposo del guerrero. Se lo ha ganado.

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  10. ...y recuerda que ahora viene el hijo, que le sigue la estela y de qué manera! S no has visto Antiviral, en cuanto tengas ocasión híncale el diente y saluda a la nueva-nueva carne, en serio.

    En cuanto al desgaste del padre, no lo sé, quizás más que eso, todo se deba a una decisión voluntaria más que acorde al agotamiento. Ahora busca una perfección en todos los sentidos, una armonía cualitativa en forma que si bien pierde el impacto de las anteriores, también es cierto que lima asperezas y cantos "esquinosos" para que todo quede suntuoso y perfecto. No sé, se ha convertido en un apasionado del estilo, o algo

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