Crítica de The Deep Blue Sea

The Deep Blue Sea - Crítica
De un mar denso, profundo, de un azul impenetrable, emerge la voz de una mujer que nos lee su carta de suicidio. Salimos ¿a la superficie? y vemos a Hester envuelta en una bruma fruto del tabaco, la neblina londinense de los años 50, las emociones más enturbiadas y el gas que una vez encendido va sumiendo a la protagonista en el sueño eterno. Y entonces, Terence Davies se desmelena: desmonta la línea temporal para presentar a brochazos puntillistas una historia de amor a tres bandas. Un remolino con ella en el centro, Simon Russell Beale y Tom Hiddleston a los extremos, y el público como principal afectado. Tanto es así que la cámara gira sobre sí misma cuando la tormenta, en forma de adulterio, estalla definitivamente. Pero lo hace a un ritmo lentísimo, casi insoportablemente lento. Se asegura de no dejar escapatoria al espectador; no va a poder salir, no va a respirar nada que no sea el viciado, enrarecido, cargante aire con el que se asfixian poco a poco las tres puntas del triángulo. Maldito amor. Cuidado: sólo han pasado unos minutos desde que se apagaran las luces de la sala.

Hechas las presentaciones toca sumergirse, avanzar en una historia que no parece tener salida ni, de hecho, posibilidad alguna de progresión. Fantásticamente interpretada por una Rachel Weisz desmejorada sólo lo justo, la protagonista de este drama romántico (basado, por cierto, en la obra homónima de Terence Rattigan) se mueve entre dos corrientes opuestas: está casada con un sir mucho mayor que ella, aburrida sí, asentada también... Y sin embargo se desvive por un exultante jovencito recién llegado de la Gran Guerra. Todo le indica que no haga el idiota, hasta parte de sus sentimientos. Pero nada puede hacer contra la otra mitad, estrechamente vinculada a lo carnal. Es lanzada por dos fuerzas iguales y opuestas, dando como resultado una paralización casi perfecta.

The Deep Blue Sea - Crítica

Por eso, Davies se mantiene siempre o incluso más firme a lo que apuntaba al principio. Estricto en sus movimientos de cámara hiperlentos, meticuloso con sus barridos laterales ora a la derecha, ora a la izquierda. Y con tan sólo puntuales retornos al presente (la noche del intento de suicidio con la imagen de ella reflejada ante su mirada perdida) como nudos entre los diversos hilos temporales que van tejiendo el entramado a ritmo de desangelados zarpazos a las melodías de Barber. En conjunto, una serie de elementos que se enroscan con cada vez más ahínco alrededor del espectador,enfrascándole en la brumosa telaraña de recuerdos, sentimientos y frustraciones que se le propone.

Desde luego, la película no es en absoluto del gusto de todos. Más allá del irreprochable trabajo de su elenco, puede tomarse como un ejercicio de autor caprichoso para narrar un argumento habitual, que desespere a más de uno por su ritmo aparentemente inexistente. Puede tomarse así, pero la verdad, qué desperdicio. Ritmo sí hay, pero lo marcan los sentimientos; por eso, a su clímax, el espectador llega con el corazón en un puño. Y caprichosa también puede que lo sea, pero no menos cierto es que The Deep Blue Sea se descubre como una de las películas más interesantes y estimulantes que se han dejado caer por nuestras salas en los últimos meses, gracias a la embriagadora labor de Davies.

The Deep Blue Sea - Crítica

Por todo esto es por lo que, cuando la mano que lo ha estado apretando durante hora y media por fin libera el cuello del espectador, no hay necesidad de hablar, de comentar la jugada. El silencio inunda la sala mientras unos y otros vuelven a tomar aliento.Y es que sin que se haya podido percibir del todo el proceso de preparación, la explosión emocional ha sido inesperadamente intensa. Y claro, valga el símil, la explosión nos ha hundido en un deep blue sea del que hemos salido a la superficie de puro milagro.
8/10
Por Carlos Giacomelli

Y en el DVD...
Por el estilo visual que busca Davies, esta es una de esas películas que tienen en el DVD su mejor formato de exhibición. De hecho, es la única posibilidad de hacerse con ella, pues Cameo opta tan sólo por él para su lanzamiento en tiendas. Y bien que hace. La neblina que impregna cada fotograma de The Deep Blue Sea, su buscada falta de definición y sus mortecinos colores se plasman a la perfección en la pequeña pantalla, acompañados de un soberbio apartado de audio (en 5.1 tanto en castellano como en su obligatoria versión original).
Además, gracias a su paso por San Sebastián se nos permite disfrutar de algunos extras que van más allá de los habituales trailer, fichas técnica y artística, y trailers de otros títulos (ya los sabemos de memoria como apartados fijos en las ediciones de la compañía que nos ocupa). A saber:
  • Photocall Festival de cine de San Sebastián: una introducción bastante desconcertante (por si las moscas, se aclara en todo momento que el material ha sido cedido directamente por la organización del festival, cubriéndose así las espaldas) da paso a un minuto de poses para la prensa: Tom Hiddleston, Terence Davies y los productores de la cinta pasaron por el certamen y no se libraron de los habituales flashes de la prensa. Material bastante prescindible, y la verdad, presentado con poca gracia.

  • Terence Davies y Tom Hiddleston en el festival: los mismos protagonistas concedieron, además del photocall, una rueda de prensa de 27 minutos que ha sido recogida de manera íntegra para el DVD. Misma introducción de chicha y nabo para aclarar que es material de San Sebastián, y a continuación turno de preguntas, respuestas, y silencios incómodos (los que siempre se forman entre pregunta y pregunta). Las inquisiciones de la prensa son de interés desigual, la verdad (qué tal los actores, qué espera ganar en el certamen...) aunque el documento es absolutamente imprescindible entre otras cosas para ver el bajísimo nivel de nuestros "profesionales". No son pocos quienes más que realizar alguna pregunta, intentan fardar ante Davies, demostrando haber entendido la película mejor que nadie y realizando una ponencia sobre su parecer... que luego es contradicha sin ningún tapujo por parte del cineasta. Un poco más de humildad no estaría de más...

  • El día de The Deep Blue Sea: nuevo material cedido por el festival, en que en seis minutos se hace un resumen del paso de la cinta por el mismo: algunos segundos del photocall, firma de un libro de visitas (gentileza de Moet, por lo visto, ya que también firman una botella gigante de la marca), resumen de la rueda de prensa y algunas escenas de la película intercaladas en medio de todo ello, para acabar con la merecida ovación que se llevó por parte de crítica y público.

De acuerdo, son extras algo intrascendentes, pero sirven para acercar fiestas del cine como esta (o como Sitges, o Cannes) al público que jamás ha tenido ocasión de acudir a ellas. Se agradece.



2 comentarios:

  1. Estupenda crítica para una película enorme, inabarcable. Ahora que se estrena en salas la volveré a ver.
    Es que Terence Davies siempre ha sido mucho Terence Davies, oye, y verle a lo grande, un privilegio.

    Apunte extra a tu crítica, creo que ya lo dije en su momento: como suele ser costumbre en el director, importantísima a todos los niveles la presencia de la música.

    Pero vamos, que como siempre, crítica sin tacha, bro...

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  2. Gracias por el apunte, ouyeah, más razón que un santo tienes en lo de que mi crítica es estup...digo, en lo de la música, la música. Eso... sí...

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