Crítica de The Pact

Sitges 2012: Crítica de The Pact
Hay que agradecer que de vez en cuando vayan apareciendo películas como The Pact, debut del cineasta Nicholas McCarthy, a quien no sería de extrañar que de ahora en adelante fuéramos viendo vinculado a producciones de mayor pedigrí. Y es que el principal logro de la misma es demostrar que aún es posible armar un entero lartgometraje de corte comercial, francamente atractivo además, pese a contar con un presupuesto de todo menos holgado. Con actores desconocidos o de muy segundo plano (Caity Lotz, Casper Van Dien) y poco más que una hucha de cerdo con la que cubrir gastos, McCarthy escribe y dirige la historia de una mujer que acude al modesto apartamento de su hermana tras su desaparición, y no tarda en empezar a notar la presencia de habitantes inesperados. En definitiva, la habitual historia de fantasmas con desapariciones inexplicables, muertes inacabadas y sombras cruzando la pantalla; un poco de investigación, algo de drama familiar y un clímax que lo combina todo y ata los cabos que hubieran quedado sueltos. O sea, eso, cine 100% comercial, que además no reniega de efectos visuales (más que aceptables) y efectismos de todo tipo. Pero con un aroma a indie-autor tal vez involuntario, pero más que bienvenido.

Y es que lo que se desprende de The Pact es la voluntad de querer hacer las cosas bien. Imagen cuidada, secuencias resueltas con elegancia, ninguna brusquedad propia de lo que (sic) se lleva ahora... McCarthy apuesta por una sobriedad estilística que le honra, al tiempo que da buena muestra de su savoir-faire impregnando el metraje con un estilo marcado pero nunca protagonista (algo que no puede se decir, sin ir más lejos de Eduardo Sánchez y su reciente Lovely Molly), al servicio del desarrollo de la trama y de las exigencias de sus evidentes limitaciones económicas.

Sitges 2012: Crítica de The Pact

El primer efecto de ello es una excelente conducción de las emociones, que a lo largo de buena parte de su metraje se sostienen en una suerte de calma chicha al borde del desmoronamiento. Por tanto, tan pronto como los pasajes de mayor tensión se desmelenan, se alcanzan cotas muy intensas de tensión/terror allí donde en otras situaciones nadie hubiese dado un duro. Una pena que la BSO, como de costumbre, empañe buena parte de lo conseguido con un protagonismo excesivo.

El segundo logro de McCarthy tras la cámara lo citábamos al principio: The Pact es muy resultona a nivel visual. Y no sólo por su empaque formal, sino porque cuenta con más de un pasaje especialmente atinado, con efectos especiales muy vistosos, o más bien excelentemente maquillados para que no se note el truco.

Sitges 2012: Crítica de The Pact

Es lo que venimos diciendo todo el tiempo: se aprecia un mimo inusitado en esta clase de cine. Claro que por algún lado tenía que vérsele el plumero, y lamentablemente, todos los parabienes expuestos hasta ahora se ven algo deslucidos por un guión muy por debajo de lo deseado. Se abusa de la historia de siempre, sin evitar ninguno de sus lugares comunes, y su única gracia reside en un giro hacia la terrenalidad (no diremos nada para no desvelar la sorpresa) absolutamente insuficiente. Una pena. Y es que al final, The Pact acaba quedando en una liga muy inferior; nadando en ese mar de mediocridades en el que navega el 90% de las producciones del estilo. Claro, en tan turbias aguas despunta como una de las destacadas, pero sigue siendo un premio demasiado exiguo para una cinta que aspiraba (y cuenta con motivos para ello) a más.
6/10
Por Carlos Giacomelli

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