Crítica de Piraña 3DD (Piranha 3DD)

Crítica de Piranha 3DD
Sirvan dos apuntes como ejemplos perfectos, a juicio de un servidor, de lo que Piraña 3DD es en relación al Piraña 3D de Aja, estrenado hace poco más de un año por aquí. 1. En la primera entrega, Jerry O'Connell era el que lo organizaba todo para poder desnudar al mayor número de mujeres posible. Era un tipo asqueroso, pero también joven y físicamente llamativo. En la secuela se trata de David Koechner, que para el mismo propósito organiza una fiesta en una piscina enorme. Asqueroso por dentro, pero también por fuera (regordete, entrado en años, calvo y vestido con camisas horterísimas). 2. El pene cercenado que acaba flotando en las aguas del lago de Victoria Lake en la primera es grande, quizás hasta demasiado grande. El pene que aquí se mutila es pequeñito y arrugado.
Así es Piraña 3DD. La misma película que vimos hace nada, pero deformada, asquerosa por dentro y por fuera, además de pequeñita y churrumía. Los caminos del productor son inescrutables, pero la verdad es que aun habiendo visto secuelas sacacuartos de todos los colores, pocas veces (¡por suerte!) nos hemos tenido que topar con una que tan abierta y descaradamente mostrase su único propósito, la sola razón de su existencia: aprovecharse del pelotazo de la primera para sacarle los cuartos al mayor número de espectadores que sea posible y riéndose, con perdón, en su puta cara. ¿Que se puede llegar incluso a empeorar el recuerdo de la primera y reivindicabilísima entrega? ¡Eso es lo de menos! Ay, a veces nos ponen muy difícil mantener la fe en el séptimo arte...

Ciertamente, la cosa atufaba desde el día en que se supo de su existencia. Los mismos productores (Weinstein y cía) se encargaban de anunciar el estreno lo antes posible para aprovechar el filón, lo que en palabras pobres vendría a ser un reconocimiento en toda regla de que valor artístico, aquí, poco: cero guión, ni idea de equipo técnico o artístico, pero fecha de salida establecida. Malo. Y peor aún: Alexandre Aja se desentendía del proyecto a la primera de cambio. No hacía falta ser un hacha para saber que de ahí no podía salir nada bueno. Pero en fin, se podía esperar que, al menos, ocurriera como con las dos pirañas originales. A la de Dante le sucedió un horror cinematográfico que, eso sí, ofrecía novedades suficientemente suculentas a nivel argumental. Esto es, las pirañas volaban. Vale, no es la repanocha, pero en el caso que ahora nos ocupa lo tenían puesto a huevo: el final de Piraña 3D dejaba la puerta abierta de par en par a una continuación delirante con bichos enormes. Con esa pequeña novedad, más de uno se hubiera conformado. Sí, pese a que no hubiese habido nadie a los mandos (como es el caso: se supone que el encargado de dirigir aquí es John Gulager, de la trilogía Feast).

Piraña 3DD

Pero no, aquí vuelve a ser más de lo mismo, paso a paso: accidente inicial con estrella invitada (esta vez Gary Busey), imprudencias de jovenzuelos salidos que significan las primeras tomas de contacto con los pececillos (que son los mismos del año anterior), salida al encuentro del mad doctor de turno, que una vez más es Christopher Lloyd, destetes… Todo igual, pero lo dicho, peor. Peor porque una cosa es buscar la complicidad del público, y otra aprovecharse de elementos varios que suelen funcionar, sin esforzarse por que lo hagan. Que no es lo mismo una escena cinematográfica con dos mujeres del mundo del porno buceando desnudas, que una sucesión de primeros planos de pechos al aire sin ningún interés por, ni que sea, embellecer un poco el resultado. No es lo mismo ir caldeando el ambiente poquito a poquito hasta llegar a un festival hemoglobínico, que simplemente poner por ahí una cámara y quemar metraje hasta que llegue el momento de tirar cuatro chorretones de ketchup mal puestos (en este sentido, Piraña 3DD es muy, muy poco gore). Y no es lo mismo tontear con el espectador hasta servirle en bandeja gags absolutamente desquiciados sobre pechos de silicona o penes vomitados, que de golpe y porrazo sacarse secuencias vergonzosas como la de la cabeza cercenada yendo a parar a los voluminosos pectorales de alguna otra víctima. ¿Con otras circunstancias la hubiéramos aplaudido? Seguramente, pero aquí se antoja gratuita, excesiva y desproporcionada. Simple y llano mal gusto.

David Hasselhoff en Piraña 3DD

Eso, puro y duro mal gusto (y cero disfrute) es lo que se percibe durante una proyección de Piraña 3DD. Por la desgana con que ha sido parida, por la absoluta carencia de valores artísticos, por su falta de innovación y por un ritmo lentísimo al que acompaña un montaje evidentemente resuelto con apresuramiento y torpeza (sólo equiparable a sus denigrantes efectos especiales). Es una película mala, que con eso ya contábamos, pero además es una película sinvergüenza y, peor, condenadamente aburrida. Hay que rebuscar de lo lindo en este pozo fangoso y emohecido para sacar algo de valor. Y aun así, yo sólo he podido encontrar dos detalles: la figura endiosada/ridiculizada de David Hasselhoff y la aparición de Ving Rhames. Es decir, aproximadamente dos minutos de otros 90 de verdadero suplicio. Desastrosa.
3/10
Por Carlos Giacomelli

2 comentarios:

  1. Es jodidamente mala, pero yo he disfrutado un poquito.

    El gore es poco y mal hecho, las tetas gratuitas y nunca de quien deseas ver, los actores son nulos o modelos. Esta es mi visión negativa.


    El gore nos regala una escena genial con su piraña uterina, hay tetas , los actores son semi-conocidos de sus respectivas mierdaseries. Esto es mi visión.

    Y David Hasselhoff, DIOS hecho socorrista.

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  2. Nada, nada. Caca de vaca tío. Tan mala que me dio vergüenza ajena.

    Literalmente: la vi en el tren, con una anciana a mi lado escandalizada de la muet-te

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