Crítica de Salvajes (Savages)

salvajes poster
En un memorable sketch de The Ben Stiller Show el actor, transmutado mediante una especie de operación Celebrties en Oliver Stone, nos daba la bienvenida a Oliver Stoneland, parque temático malrollista para toda la familia donde supuestamente uno iba a encontrarse con las peores pesadillas del director convertidas en... atracción de feria. Todo ello parodiaba, claro, la llegada del grand guignol a la filmografía del responsable de Platoon y el fin de sus épocas doradas, aquellas en las que su esquizofrenia superaba su talento, y al mismo tiempo su habilidad como narrador se superponía sobre su incontinencia visual. Mediaban los noventa y el salto de sus inicios combativos a su juventud chiflada tenía que cristalizar en una Asesinos natos que terminaría siendo una especie de obra definitiva stoniana. Un thriller de amor loco tan pasado de rosca y tan dado de sí por todos lados que a día de hoy no aguanta medio visionado. A partir de ahí aún le quedaba un poco de cuerda, algunos puntuales momentos de brillantez (Giro al infierno, Un domingo cualquiera), pero al final Stone terminó irremediablemente cayendo en una repelente madurez que le llevó camino de la espesura temática y la abulia formal.


Por eso la llegada de esta Salvajes deberá saludarse como un retorno a aquello que hizo popular al realizador, a lo que se constituyó como su seña de identidad. Aparcados por el momento sus escarceos con el retrato político más o menos estrepitoso, Stone acomete una tarea que se diría pensada para él: la fabulosa novela Salvajes parecía haber sido escrita, por un Don Winslow siempre cinético, para que él la dirigiera. Planeada casi como quien plantea una narración en escenas cinematográficas, narrada con un estilo, digamos, visual: si Winslow siempre bebía de las fuentes más ilustres del reciente negro USA (Elmore Leonard, James Ellroy), aquí apretaba las tuercas y escoraba su historia hacia terrenos en los que el cine siempre se ha sentido muy cómodo: el thriller fronterizo, las guerras de bandas, el western.


Y es que la historia no podía ser más irresistible: una pareja de jóvenes, traficantes de primera división que comparten novia en una relación estrechísima, se enfrentan a toda la potencia de fuego de un cártel mexicano que quiere comprarles el negocio o quitárselos de en medio. High concept que encierra en sí mismo giros y golpes de efecto en forma de agentes dobles, secuestros, presiones varias y arranques de violencia chicana. Todo ello en un carrusel conformado por polis corruptos, madrinas, asesinos sanguinarios con la cara de Benicio del Toro, amistades de hierro, máscaras del día de los muertos y mucha mierda subrepticia, sepultada bajo toneladas de pijerío de la Costa Oeste. Salvajes es una película que pretende apelar a la anatomía que se extiende desde el diafragma hacia abajo, un espectáculo que pone las tripas a vibrar sin molestarse en dar demasiadas explicaciones. Pero ah, aunque su lectura política está poco trabajada (poco interés, ya decimos), todo huele un poquitín: a veces para que unos vivan bien, otros tienen que mantener los cimientos sin rastro de aluminosis. Malo cuando estos cimientos están construidos con ladrillos de coca o, como en este caso, cogollos de la mejor maría. Y peor, cuando esos que "tienen que mantener" son pijoprogres o rejecteds marines llegados de Irak.

Un relato, en fin, desesperado. También politóxico y asfixiante. Con el mono permanente y el síndrome de abstinencia pellizcando el pezón izquierdo. Una historia que demandaba de un tratamiento formal que devolviera el golpe con igual intensidad. Y aquí es donde entraba Stone, claro. Se le pedía punch, se le pedía claridad narrativa y se le pedía por favor que no se excediera en la recuperación de sus esencias. Y el éxito a este respecto es notable. Por supuesto, la película está bien nutrida de recursos formalistas de gusto no demasiado claro, de tics y modismos stonianos que ya parecían pasados de moda hace veinte años. Por supuesto, el realizador vuelve a jugar con la saturación del color injustificada, con los planos inclinados, con las cámaras lentas y tira de la voz en off como recurso un tanto dudoso.




Pero también es cierto que no se le va del todo la mano y que, a fin de cuentas, su opción estética termina ajustándose al texto corrosivo de Winslow y logra darle al conjunto un look entre lo sofisticado, lo sexy y lo afilado, dentado. Consigue parecer peligroso, transmitir la idea de que cualquier cosa puede ocurrir, de que el presentido final no future está a la vuelta de la esquina, construyendo un gran escenario trágico en el que se moverán los personajes a sus anchas, enfocados hacia el thriller de serie B (Benicio del Toro, John Travolta), el drama surfero (Taylor Kitsch, Aaron Johnson), el suspense (Blake Lively) o la telenovela con banda sonora de narcocorrido (Salma Hayek, fabulosa).

Con todo, queda una película que nunca alza de verdad el vuelo hacia capas de la atmósfera del Planeta Narcotráfico que otros sí se han atrevido a surcar. Pero eso es porque se contenta con su condición de chute energético hiperentretenido, de versión desesperanzada y autocombustible de Traffic, de producto amoral de acción macarra y perdición juvenil fronteriza.
Y en todos esos sentidos, esto cumple y hace gozar de lo lindo. Así que por mí los valores cinematográficos, la clase narrativa y la elegancia se pueden ir a tomar fresco, que la verdad es que esto de Salvajes está de puta madre.

7/10

Por Xavi Roldan


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10 comentarios:

  1. Me alegras el día. Todo lo que había leído la ponía a caer de un burro, se agradece algo de esperanza. ¿Qué coño puede salir mal en una historia de narcos, trios y droga?

    No soy un gran seguidor de Oliver Stone, pero sus vicios visuales con cierta contención me convencen.

    ¿Los jóvenes dan la talla?

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  2. Bueno, hay que saber abstraerse de sus escapes horterillas y su pseudolírica de hipermercado. Pero si lo haces, creo que te puede ganar.

    En cuanto a la chavalería, Johnson está correcto, Lively lo está un poco más y Kitsch es puro anti-carisma, Riggins style! (eso es bueno)

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  3. BTW, el libro mola un cojón, que lo sepas.
    Y se lee así: zum!
    yo me lo empecé un día a las 6 y me lo terminé a las 10 (así que no hay excusa... excpto, bueno, "no me da la santa gana leerlo)

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  4. Total y completamente. Y totalmente, ya si eso.
    Lo comentábamos cuando salió. Por aquí: http://www.lacasadeloshorrores.com/2012/04/poster-con-juego-de-savage-la-ultima-de.html

    De verdad, qué poca dijnidá. Esto escandalizaría hasta a la A.R.

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  5. Oye, oye, que yo sólo estaba respondiendo a lo que tú planteabas, no es necesario que me faltes al respeto. Un poco de educación nunca está de más...
    Ah, que lo decías por ellos?
    Perdona, entonces sí, hijos de su gran reputísima ma

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  6. xD En realidad lo decía por mi misma, por eso de no haber leído el otro post en el que ya habíais mencionado lo del póster... pero sí, ellos también poca vergüenza. Cagonrós...

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  7. De acuerdo en todo lo que comentas en la critica. La historia es simple, pero le sacan partido y visualmente tiene vicios, pero dentro de lo aceptable (otros como Soderbergh tienen manías inaguantables, el final de Haywire es directamente insoportable).

    La campaña publicitaria engaña un poco, acción física de disparos y explosiones... hay poca. La tensión cubre todo el metraje pero esperaba mayor énfasis en la acción.

    Los actores jovenes convencen y me he llevado una grata sorpresa con Blake Lively. Tras dos fiascos en taquilla, por fin un personaje a la altura de Taylor Kitsch.

    Y por ultimo la voz en off y su "pseudolírica de hipermercado" me han convencido... es una película de jóvenes y los jóvenes de ahora son (somos) menos inspiradores que los reflejados en películas ahora míticas.

    Muy disfrutable.

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