Crítica de Bel Ami, historia de un seductor

Crítica de Bel Ami
Hay un gran problema en Bel Ami, historia de un seductor. La enésima revisión de la novela de Guy de Maupassant opta por reubicarse en el París de 1885, adónde va a parar el bueno de Georges sin un solo duro pero sí mucha cara. Cara en plan caradura, y cara en plan guapo de cara, puesto que a través de sus continuas seducciones a mujeres en buena posición social, consigue labrarse una vida más que solvente. Y qué mujeres. Convertidas en lo mejor de tres generaciones (al menos, en la capital francesa), Christina Ricci, Uma Thurman y Kristin Scott Thomas no tardan en caer en las redes del encantador jovenzuelo, poniendo en jaque sus asentadas vidas mientras esta suerte de nuevo Casanova les chupa la sangre a base de cópulas increíbles y promesas de una vida feliz y pasional. Folletín en toda regla, vamos, presentado por todo lo alto al recrear con lujo de detalles la época en que se ubica. Demonios, ya quisieran todos partir con semejante ventaja desde el principio. No, desde luego el gran problema de la cinta, que por cierto dirigen los debutantes (en largometrajes) Declan Donnellan y Nick Ormerod, no está en su apartado audiovisual.

Busquemos en su guión. Ahí sí se encuentran los primeros borrones. Si bien parte de una novela histórica, Bel Ami no acaba de dar en la diana puesto que en ningún momento escapa de un muy molesto tufillo a telenovela barata disfrazada de cine de época caro. Todos los personajes se antojan desfasados, los protagonistas apenas se trabajan a fondo y los secundarios pululan por la pantalla con desgana, sin aportar esa profundidad de campo necesaria para que el entramado principal tenga donde apoyarse en el marco que lo rodea. Por si fuera poco, sus reacciones ante los diversos crossroads a los que son lanzados resultan difíciles de creer, tramposos incluso, con tal de posibilitar el encuentro de este con aquél o con la de más allá. Siendo pues imposible tomársela demasiado en serio, hay que ver Bel Ami como si de una comedia romántica se tratara. No se requiere ningún esfuerzo más.

Crítica de Bel Ami

Y lo cierto es que desde este punto de vista, bueno, el engranaje funciona un pelín mejor. No deja de ser una telenovela agrandada, pero escuece menos. Sin embargo, sigue percibiéndose un problema grave de fondo. Y es que por mucho que lo intente con escenas algo (remarquemos ese "algo") más picantonas de lo esperado, por mucho que aquí y allá vayan cayendo gotitas de humor negro realmente bienvenido, o que conforme progrese intente trazar los primeros esbozo de un drama a punto de estallar... Bel Ami no logra despertar una sola emoción realmente intensa. ¿El motivo? Que toda ella gira alrededor de su protagonista masculino, Robert Pattinson.

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Decir que todo el que le rodea le pasa la mano por la cara, que a su lado incluso la Ricci está de Oscar, es quedarse corto. Hay que esperar casi 80 minutos para verle perder esa inmutable expresión vampírica por la que hace furor entre las espectadoras más jóvenes. Tan sólo entonces, cuando apenas quedan minutos para la conclusión, se ve al protagonista del film interpretando un papel distinto. Pero ya es tarde. Ya llevamos un rato hastiados ante una película que lo ha intentado, pero no ha logrado salirse de una línea entre lo apático y lo insulso, cayendo incluso en lo ridículo cuando la cuerda ya se ha tensado lo suficiente. Con esas credenciales, Bel Ami no es más que una cinta totalmente mediocre, del montón... De aquellas que sólo pueden recomendarse para fans del dichoso Pattinson, o para amantes de todo lo que tenga que ver con lo romántico, sin que nada más importe.
4,5/10
Por Carlos Giacomelli

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