Crítica de El cuerpo

Tiene la sana virtud, Oriol Paulo, de haberse construido un universo cinematográfico interesante con apenas dos películas. Una como guionista, Los ojos de Julia, y la otra como guionista y director, esta El cuerpo (que eso sí, viene arropada por buena parte de los responsables de la primera). Ese universo al que me refiero tiene un poco de thriller, un poco de terror, algo de denominación de origen y mucho de giallo. Como si se hubiera curtido en sus años mozos a base de Darios Argentos y Lambertos Bavas. Quizás sea involuntario, pero parecería que quisiera recuperar él solito el género, y trasladarlo hacia aquí manteniendo algunas de sus líneas máximas y actualizando las que pudieran haber quedado más, demasiado desfasadas. Sea como sea, la apuesta es arriesgada, y la posibilidad de fracaso muy elevada. Hay que hilar muy fino para que este nuevo género, el amarillo por llamarlo de alguna manera, salga bien. Y mal vamos si de entrada, nadie pone nada de su parte para conseguirlo. Y es que si Los ojos de Julia ya resultó muy por debajo de lo esperado, el sabor que deja El cuerpo es aún más amargo. Una pena, puesto que el juego que propone tenía potencial para parar un tren.



Es precisamente en los rasgos generales de ese juego, donde se encuentra lo único positivo de la cinta. En ese argumento loco y moderadamente enfermizo sobre el cuerpo de un cadáver que al parecer se levanta y se va, dejando pistas para “alegría” de su marido prematuramente enviudado. Y en los giros imposibles que emprende con cada vez más ímpetu, hasta llegar a unos pasajes finales descabellados pero que lo atan todo en un número de circo inimaginable. Risible sí, inesperado también. Y es que El cuerpo se disfraza de thriller fantasmagórico, luego de policíaco, luego de whodunit, y luego hace un popurrí de todo ello. De nuevo, muy en la línea de rojos oscuros y suspirias, así como de aquellas viñetas que editaba la EC años ha, o de cierto maestro del suspense, referente absoluto. Pero vamos, nadie se va a rasgar las vestiduras si a día de hoy, en plena crisis de ideas (cada vez más abismal), se estrena un exploit a medio camino entre el revival y el homenaje, cuando no la mera imitación.


El problema está en todo lo demás. En un guión burdo, plagado de patilladas para arrancarse los pelos (desde una habitación sellada con doble puerta, y el interior de una bolsa hermética, suena un teléfono que Hugo Silva escucha como si se tratara de un Dolby Sorround pese al escándalo del lugar), y de una estructura eterna, cansima y sumamente repetitiva. Olvidándose de Hitchcocks y Argentos, El cuerpo adopta de golpe y porrazo un formato totalmente impersonal de flashbacks (que José Coronado diga perdidos en una isla a media película elimina todo margen de duda) demasiado explicativos, que en más de una ocasión vuelven una y otra vez a los mismos escenarios para contar lo mismo, con apenas algo nuevo que aportar. Y es poco, porque en realidad, la progresión del entramado es mínima. La única gracia reside en saber si el cadáver se ha levantado y está fastidiando al personal, o si se trata de otro de los personajes que por ahí pululan. Punto. Lo demás navega entre lo anecdótico, lo previsible o lo visto ya en mil y una ocasiones. Un mar de intrascendencia del que, además, hay muy poco que rascar para averiguar el entuerto.

Ese es uno de los problemas. Otro se detecta en la desafortunada presentación de todo ello. Una realización errónea, planos impersonales, montaje desconcertante... lo cierto es que nada parece funcionar en un film que parece querer llegar a la quinta marcha saltándose, sin suerte, las cuatro annteriores. O sea que sí, se nota el pedigrí de todo ello, la presencia de grandes productoras (Antena 3, TV3)... pero a su vez no se logra maquillar una factura pobre y rácana, digna de un presupuesto sumamente inferior a lo que se le supone.


En todo caso, ese no es el peor de sus males. Qué demonios, incluso lo dicho anteriormente sobre el tufillo a Perdidos y la escasez de su contenido podría pasarse y quedar todo en un entretenimiento de Serie B y santas pascuas. La estocada definitiva no la da Paulo, sino un reparto digno de encarcelamiento. No hay forma humana de explicar lo de José Coronado, de cuyo personaje (el más interesante de los cuatro o cinco principales) podía haberse sacado una interpretación de chapeau. Ni el hecho de que a Hugo Silva se le siga considerando como actor serio. Ambos deberían haberse quedado con sus yogures, los policías secundarios deberían desaparecer del mapa (lo poco que tienen que decir parecen leerlo de una chuleta fuera de plano), y en conjunto tendrían que haber dejado más pie a una Belén Rueda casi anecdótica, pero correcta. O a Aura Garrido, que a lo tonto, se convierte en la mejor de la película.

En definitiva, El cuerpo podía haber dado la campanada y convertirse en uno de los thrillers de cosecha propia más interesantes de los últimos años. Argumentos para ello no le faltan. Pero tristemente, nada en ella ha salido bien, todo se tuerce demasiado y demasiado deprisa, y lo que queda de todo ello es una pérdida de todo. De dinero, de talento, y del tiempo que el espectador dedique a su visionado. Esperemos que la cruzada de Paulo por hacer del amarillo un género asentado siga adelante, pero desde luego, para ello deberá tomar un dramático cambio de dirección...
4/10
Por Carlos Giacomelli

4 comentarios :

Coyote dijo...

Ànims, que això només ha començat!

Carlos Giacomelli dijo...

jajaja, doncs no podem mésss!!!

Albert Blanco dijo...

Me gustó mucho la historia! Pero por lo que hacen a los actores no me gustó nada su interpretación! Hugo Silva està irreconocible i lo vi muy forzado! Para no decir demasiado, Belén Rueda aún peo ya cansa de verlas en este tipo de thrillers! El único que salva es José Coronado, para mi gusto!

Carlos Giacomelli dijo...

uf, a mí me pareció también él muy ridículo! No salvo a ninguno de ellos (y eso que la cuarta en discordia, Aura Garrido, me provoca cierto efecto embriagador...por así decirlo :P). Y la historia... bueno, digamos que me gustó la imposibilidad casposísima y de serie Z de su último giro... pero es que está tan mal resuelta, y se aguanta tan, tan poco, que...

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