Crítica de Grabbers


Sitges 2012 - Crítica de Grabbers
Parece que el punto de mira de los extraterrestres empieza a desviarse. Acostumbrados como estamos a que destruyan la Casa Blanca o el Empire State Building cada vez que deciden invadirnos, ni siquiera estamos preparados para que de golpe vayan a parar a un edificio de los bajos fondos de Londres, a las zonas limítrofes de Johannesburgo, o a un pueblucho de pescadores de Irlanda, como es el caso de Grabbers. La nueva película de Jon Wright (hace nada debutó con la bien valorada Tormented) va exactamente de eso: sin explicaciones previas de ningún tipo (como si fueran a servir de algo), una suerte de meteorito cae en las aguas que rodean la isla, liberando a unos bichos viscosos y con la desagradable manía de matar humanos, puesto que se alimentan de sangre y agua. Bichos con tentáculos y forma tipo vagina dentata. Y bichos con la fuerza suficiente como para lanzarnos a metros y metros de altura. La última esperanza de supervivencia del pueblo reside en una pareja de policías (un borracho y una recluta nueva), un científico, y el dueño de un bar del centro. Desde luego, equipo infalible para garantizar, si no la perdurabilidad de los vecinos, por lo menos un rato divertido. Sobre todo desde el momento en que descubren el modo de evitar que se los zampen...

A estas alturas de partido, la conclusión a la que se llega cuando se trata el tema de las invasiones extraterrestres es que ni siquiera un presupuesto enorme es capaz de garantizar la aceptación del público, de vuelta de todo en un género que parece no tener demasiado nuevo que contar. Sabiendo que los próximos 200 millones de dólares del próximo Emmerich no equivalen ni de lejos a resultados positivos, se buscan nuevas fórmulas, tratando de hallar aquellas puertas que todavía queden por abrir. Y en estos momentos, la más accesible parece ser la que da a la comedia sci-fi, donde guiones con chispa tienen preferencia por corresponder, por norma general, a inversiones más ajustadas. Esa carta es la que juega con atino Grabbers, vulgarcillo y tirando a casposo subproducto que sin embargo cuenta con varias ideas frescas y descacharrantes.

Sitges 2012 - Crítica de Grabbers

Priman aquí los personajes, no por especialmente profundos o novedosos (de hecho están encorsetados en todos los lugares comunes habidos y por haber), sino por tener el tiempo suficiente para plantar raíces y sacar a relucir su vis cómica. Desde el policía que cada noche pilla una cogorza de esas de no acordarse de nada a la mañana siguiente, al especialista en biología que intenta ligarse a la chica, pese a ser como mínimo poco agraciado. Todos tienen su momento, y todos progresan hacia la conexión con el espectador con paso firme. Y no es que se deje el elemento fantacientífico en segundo plano, pero sí aprovechando para cocerlo a fuego lento, ocultando carencias y jugando con lo que no se ve (ojo, la presencia de los marcianos es constante, pero a ráfagas y dejando el bicho más grande para el final), mezclando terror y humor en las muertes que se van sucediendo en el pueblo. Nada que no hayamos visto antes, cierto, pero por lo menos, Wright y su equipo saben hacer bien los deberes.

Tanto que, de hecho, cuando la fórmula empieza a agotarse se saca de la chistera el último truco, la fórmula definitiva para acabar con la amenaza (que si bien ha sido spoileada en mil y un medios, por aquí preferimos guardarnos la sorpresa). Un giro de los acontecimientos que posibilita un acceso al arreón final desde una perspectiva enrocada, fresca. Lo suficiente, al menos, como para que la inevitable bajona que siempre, siempre se da cuando se trata de una mezcla de géneros del estilo, escueza menos. Ese consabido final de acción pura, que como de costumbre vulgariza la sorpresa y al tiempo que aumenta sus dosis de acción sin más, rebaja su buen humor, la chispa de su guión y la originalidad de todo el cotarro. De eso, Grabbers no se libra, pero también aquí parece tener aprendida la lección: el clímax no se hace tan eterno como de costumbre, y juega con varios focos de interés relativamente distintos entre sí y constantemente entrelazados: la amenaza del gran monstruo final, un subapartado con referencias obvias a los Gremlins, la historia de los personajes principales, y más despilporrio desde el interior del bar del pueblo.

Sitges 2012 - Crítica de Grabbers

Así que por un lado tenemos valores cinematográficos justitos; la película de Wright pasa por los pelos el rasero de las tv-movies por un empaque formal cuanto menos limitado. Pero otro lado nos encontramos con cine joven, divertido y relativamente original. Una monster movie hecha desde la sinceridad y la voluntad de hacerle pasar un buen rato al respetable. Cosa que consigue con un guión dinámico, cargado de gags y de personajes entrañables, pero sobre todo por saber transmitir la sensación de que los primeros en habérselo pasado de vicio han sido los responsables de la cinta. Que cada uno sopese los dos elementos que equilibran la balanza de Grabbers, y decida si está dispuesto o no a darle una oportunidad. En nuestro caso, ha valido la pena.
6/10
Por Carlos Giacomelli

2 comentarios:

  1. Muy entretenida y bastante divertida. Con ese toque diferenciador por...tu y yo sabemos el que,jeje.

    Ya se podría hacer algo remotamente parecido aqui en España...¿tan dificil es?.Pensaba que "Lobos de Arga" funcionaría en taquilla, pero con tan poca promoción...

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  2. A que sí? Mola que te molara. Es eso, un divertimento sin más, pero oyes, con un canto en los dientes eh?

    Y el tema de España, Lobos de Arga y la escasa promoción... pues sí, fue doloroso, la verdad. Es una pena, creo que si la hubieran estrenado justo después de Sitges hubiera funcionado infinitamente mejor, con todo el boca-oreja on fire...

    (Y hablando de promociones escasas, juas, justo hoy saldrá en la radio el tema!)

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