Crítica de Ruby Sparks

Ruby Sparks
Ojo, aviso a navegantes: Ruby Sparks es una comedia romántica indie. Pase a la siguiente crítica quien, al haber leído esas tres palabras malditas, haya sentido un escalofrío recorrer la espalda. Para bien o para mal, el indie lleva ya un tiempo asentado como género en sí mismo, y de paso sirve para ir descubriendo nuevos nombres con potencial para convertirse en un alguien en el cine de mañana. De Pequeña Miss Sunshine y Juno, referentes por antonomasia de la nueva ola "independiente" (bien sabido es que detrás de todas estas propuestas hay un gran estudio), ya sacamos unos cuantos nombres que salieron con recurrencia años después. Sin ir más lejos, el de Paul Dano, a quien vimos en la primera de las citadas, y luego en Pozos de ambición, Looper o la que ahora nos ocupa, en la que se reivindica al fin como actor principal. Aunque, vaya gracia, la verdadera protagonista de todo el asunto es en verdad Zoe Kazan, el descubrimiento de la película no tanto por reservarse un papel que la ensalza como intérprete, sino por suponer su debut como guionista. Y qué guión: marchando una mezcla entre comedia romántica y ciencia-ficción, bien cargada de surtido de sentimientos y lecturas. Sin olvidar, claro, que seguimos moviéndonos en el mundo de lo indie. Pero ya os lo avisábamos al principio, si seguís aquí es cosa vuestra.

Efectivamente, Ruby Sparks tiene todos los tics del género (que demonios, sus directores, Jonathan Dayton y Valerie Faris, son los mismos de Pequeña Miss Sunshine precisamente), empezando por una idea fresca a la que sigue un devenir más habitual. En este caso, un escritor joven y tirando a asocial necesita encontrar la inspiración para su próxima novela. Y la encuentra en sueños, y es pelirroja. Tan encaprichado está con ella, que no tarda en convertirla en una persona real, literalmente: se personifica en su casa cual desdoblamiento de personalidad, con una pequeña alteración de la norma, y es que todos pueden verla sin problemas. La pareja empieza por tanto una relación sentimental con la seguridad, por parte de él, de que si sigue escribiendo sobre ella podrá alterar su comportamiento, personalidad o físico a su antojo. Lo dicho, idea fresca (no es la repanocha, pero sigue siendo un toque de originalidad más que bienvenido) y desarrollo facilón. La película no tarda en desviarse hacia la comedia romántica, visita a padres hippies incluida, y de hecho, cuando pasa olímpicamente de su punto de partida llega a ser irritante. Nos encontramos, en definitiva, ante el habitual expositor de jóvenes artistas pijos que viven en caserones, grupos de amigos literatos, conversaciones altivas, momentos videoclip, y ese cromatismo hipersaturado del que por lo general hacen gala estas cintas a ritmo de canciones cool.

Ruby Sparks

Suerte de una chispa que nunca se pierde, haciendo aun de sus momentos menos estimulantes, una más que correcta comedia romántica plagada de rostros reconocibles (Annette Bening, Antonio Banderas, Chris Messina, Steve Coogan) al servicio de un guión que, insistimos, quienes aún gusten de lo indie tildarán de entrañable y quienes no… pues a saber. Poco importa, porque lo realmente transcendental en todo ello es el capricho argumental, la potestad casi divina de él sobre ella, que si bien parece relegada a un segundo plano durante varios minutos, permanece ahí, asomada, paciente y levemente malrollante. Y cuando retoma protagonismo, cambia totalmente la película. Con una Zoe Kazan absolutamente entregada, de golpe y porrazo Ruby Sparks se va alejando de la comedia para ir a tontear con el drama, y en medio del proceso empieza a sonar cada vez con mayor insistencia el nombre de Philip K. Dick (y similares). Así hasta llegar a un clímax literalmente acojonante. Una incómoda explotación de todo el potencial que hasta entonces parecía ir desaprovechando su guión, y sobre todo, el descubrimiento de un portento interpretativo, comulgan en cinco minutos de aquellos que se enquistan en la memoria (y en, ejem, el corazón). Y que de hecho, tendrían que haber conducido directamente a un final en la misma línea.

Ruby Sparks

Desgraciadamente, su epílogo recupera las tibias sensaciones edulcoradas de su bloque central. Una conclusión que recuerda que no, que pese a todo, no nos hemos movido del género; que esto, a fin de cuentas, sigue siendo una comedia romántica 100% indie, con todo lo que eso implica. Queda en el paladar el sabor agridulce de los instantes finales, que sin embargo no debería empañar las agradecidas sensaciones anteriores de una película que si decepciona es porque podía haber sido excelente, pero que aun así se queda en un dignísimo "más que recomendable". ¿Que podía haberse colado entre las grandes del año? Sin problemas. Pero para eso, habría hecho falta algo más de riesgo, y ya se sabe que eso del riesgo es muy poco indie...
7/10
Por Carlos Giacomelli

4 comentarios:


  1. ¡Hola chicos! a ver cómo lo digo..., qué es eso del indie? este concepto está cada vez más trillado y es imposible cogerlo por ningún sitio. En concreto, qué idea tienes de una película indie? Porque sí, todos caemos en los mismos ejemplos, hay cierta noción de que es algo que se aparta de la norma, de la manera academicista y mayoritaria con que se hacen las pelis... bajo presupuesto (me río yo del bajo presupuesto) pero hay pelis absolutamente trangresoras que no son indies... las llamamos películas de autor, o les damos calificativos como: personalísimas, experimentales, expresionistas... pero no indies! es un género? con sus propios tics? desde luego es un concepto nuevo, muy moderno, en algunos casos peyorativo, en otros casos positivo... vamos... que tengo la picha hecha un lío. A ver si me ayudáis un poco.. QUÉ COÑO ES UNA PELÍCULA INDIE!!!!???

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  2. juas, precisamente por esa dualidad con la que se toma el concepto de "cine indie" es por lo que hago el aviso al principio de la crítica. Muchos huyen de lo que se considera como "cine indie" a secas (sin ningún aditivo, como "cine de autor"), y en cambio, a muchos otros les falta poco para masturbarse en la sala ante el nuevo Pequeña Miss Sunshine.

    Cuando una película se queda simplemente en cine indie (y no en cine de autor, o cine indie de autor, o cine indie personalísimo) es porque se mantiene siempre, exactamente en los mismos railes impuestos por lo que poco a poco se ha ido convirtiendo en un género per se. Esto es, un empaque formal muy característico (colores, banda sonora, planos...), un enfoque emocional práticamente idéntico (comedietas algo pedantillas con puntuales gotitas de drama que afrontar), por lo general un punto más de azúcar de lo deseado... en definitiva, aquellas películas que parecen ser trozos de un mismo rollo de metraje de 300 horas, del que van cortando bloques de 100 minutos cada vez para ir presentándolo.
    Se incluyen en el grupo de cine indie a secas, para mí, Juno, Sunshine, Safety Not Guaranteed, o Algo en común.

    Se salen, por ofrecer algo más, de esa línea para pasar a autor (pese a seguir siendo 100% indie) cosas como las de Gondry y Wes Anderson, o la reciente Animals de Forés...

    No sé, espero haberte ayudado!

    Para que conste: a mí el término no me produce esa urticaria, ni mucho menos!! ;)

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  3. Ostia puta! pedazo de respuesta! ... te has puesto un pelín malalechoso con eso del metraje de 300 horas, pero creo que das en el blanco en todo lo demás. Gracias! Te dejo un enlace de una parodia al cine indie, divertida, aunque me parece que la mira la tienen muy, pero que muy desviada
    http://www.youtube.com/watch?v=amHuqhYoAq0

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  4. Jejejej, malalechoso yo? Nunca, si soy un angelito... (como diría Tom Cruise en Misión Imposible -toma cine indie-: "No le gustaría verme furioso").

    El vídeo lo veo off work, que aquí no tengo cascos! ;)

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