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Crítica de Skyfall

Llévatelo
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Vadearé una polémica para caer directamente en otra: sí, el último Bond bebe de (entre otras cosas) la concepción Nolan de Batman. No se dude. Pero, y ahí voy yo, al agente 007 le sienta bastante mejor el cambio que al amigo Bruce Wayne: tras la semipirueta que supuso Casino Royale, Bond puede permitirse un redimensionado de su concepción, porque lo hace a partir del rejuveniciemento del personaje. Mientras que el Batman que debutaba en Batman Begins partía tangencialmente de los conceptos del Frank Miller de El regreso del Señor de la Noche (esto es, un héroe avejentado, curtido por mil y una batallas, de callo endurecido y gesto más severo que nunca), el Bond de Daniel Craig encaraba en la citada su primera misión para convertirse casi en un lienzo en blanco. Un recipiente físico que almacenará con el tiempo todo lo que ya conocemos de sus cuarentaytantos años posteriores. De modo que ahora, con su cincenta aniversario en las pantallas, Bond, este Bond, establece definitivamente sus bases, pero lo hace desde la óptica del personaje en crecimiento. Feliz idea y genial carambola como inicio del planteamiento de Skyfall, que parece pulverizar a su predecesora, Quantum of Solace. Esta vez estamos ante una historia de personajes.

Y es ahí donde la película da en el clavo y arranca sus mayores entusiasmos. En la presentación de un agente que respira y siente, que recibe hostias y las sangra. Un agente que ha encarado ya definitivamente el camino del icono y ha conseguido desligarse de su aparente renovación a partir del modelo Bourne. Que ha dejado atrás sus encarnaciones previas sin mancillar ninguna de ellas (quizá sí la muy acartonada de Pierce Brosnan) para asentarse como el Bond que parece el definitivo. Pero especialmente eso, un personaje al que le pesan sus gestos pasados, sus errores y triunfos y que vive su presente pensando también en el futuro.

Como digo, gran éxito de una película que no teme soltar el acelerador en más de una y dos ocasiones. Paros técnicos en que la adrenalina se rebaja y se crea lugar y tiempo para explicar el drama, para aportar background y para pensar en las consecuencias de los actos. Y no sólo los de Bond, y eso resulta aún más interesante. Hay un gran protagonista, un homenajeado cuyo interés pronto levantará sospechas en el espectador ante un hipotético final que no debería tardar en llegar. Se trata de M. Una M. más al límite, más humana, más profunda que nunca e igual de mordaz que siempre.

Por otro lado, descartada la anodina e insulsa chica Bond de turno (Bérnénice Marlohe, bonito accesorio) queda un tercer vértice del triángulo en esta auténtica película-taburete. Y si hay que creer que un mal villano arruina una buena función, también podemos opinar que la regla puede operar a la inversa y apostar todas nuestras fichas a un antagonista potente. Y en ese caso ganaremos. Porque Javier Bardem, en las antípodas del uso instrumental del malvado latino en Hollywood, construye uno de los villanos más memorables de las últimas entregas. Guiñando con descaro en su apariencia al Christopher Walken de Panorama para matar, el Silva de Bardem reúne todas las cualidades y se postula como un némesis a la altura. Hay en él trauma fundacional, carisma malsano, megalomanía y habilidad técnica, condensados en una interpretación que tontea con el histrionismo de las formas pero se queda en el límite justo y termina resultando en una de aquellas imágenes para el recuerdo.

Skyfall es, pues, cine de acción rico en matices, cuidado en los detalles y elegante en la presentación de los conflictos que mueven las tramas. Con un timing medido en su elegantísima conjugación entre la seriedad acorde con nuestros tiempos (por qué hay tanta gente que se empeña en desterrar de su imaginario al cachondo Bond de Moore?) y la espectaularidad de una trama que en muchos momentos escora -gracias a Dios- hacia la intrascendencia facilona. Un producto al que le falta un poco de prensado final, una cierta compactación, un sentido del descarte y la economía algo más pronunciados, necesarios para evitar caer en esa extraña gestión de los clímax que puede resultar un tanto cansina. Una trama cuya dilatación excesiva, sin embargo, es suavizada dentro de lo posible por el realizador Sam Mendes mediante una solvente distribución y acabado formal de las set pieces: el responsable de American Beauty y Revolutionary Road se revela muy gratamente como un habilidoso artesano a medio camino entre las aspiraciones autorales y la maquinaria comercial.


Por lo demás, estamos ante una cinta cien por cien 007, en la que no falta ni sobra ingrediente; y que pide que nadie vaya a ponerse quisquilloso respecto a la endémica trivialidad del personaje desde su misma concepción. Bond es un género en sí mismo, y posee su propio universo de rasgos estilísticos que, por supuesto, vuelven a estar presentes: parajes exóticos, celebración del movimiento perpetuo y exaltación de los medios de transporte. Cachivaches de agente secreto, discretos pero ya encaminándose hacia el apocalipsis freak de los Q. que están por venir. Coches deportivos y trajes. Martinis con un envoltorio de mujer despampanante en vestido largo. Es más, y esto es otro de los puntos fuertes de la película, Skyfall termina resultando una película altamente autoreferencial.

Como el mejor homenaje al primer medio siglo de la serie, la película está trufada de guiños a las anteriores entregas, de comentarios chispeantes dedicados al fan más hardcore y al espectador casual. Desde la tarántula (aquí escorpión) de Doctor No hasta el homenaje directo al "Tiburón" de La espía que me amó y Moonraker, pasando por las secuencias subacuáticas de Thunderball. Una carga extra de autoironía, de cariño por el universo 007 que, finalmente, cristaliza en un ramillete de secuencias que apuestan con sabiduría por el retorno a las viejas esencias. A la antigua escuela bondiana o incluso a la concepción del cine-espectáculo a partir de los sesenta: no es casual ese guiño a Río Bravo (o quizá Perros de paja) enmarcado dentro de la por otro lado brillantísima secuencia en Escocia (y no es el único homenaje cinéfilo: ojo a esa suerte de rosebud bondiano).


Como sea, es en esos momentos old school en los que Mendes y los suyos trabajan el detalle atmosférico, el estado de ánimo y la acción cerebral, cuando la película se dispara definitivamente y crea una mayor fractura respecto a sus momentos menos inspirados. Cuando uno puede ver el potencial de este Bond y su capacidad para, de nuevo, establecerse como un satélite en el cine de género colindante a sus competidores, pero nunca mezclándose con ellos, sea la saga Bourne o las Misión Imposible. De modo que cabe alegrarse por lo logrado, que es muchísimo. Básicamente, y yendo al grano, una estupenda película de acción y la muestra de que con los materiales adecuados, los intérpretes precisos y un guión afinado, al agente al servicio secreto de su majestad le quedan aún muchas maneras de sorprendernos gratamente. Sólo tiene que pellizcarnos en las tripas y el cerebro y el éxito, como en Skyfall, será casi total.

Así que, qué narices, ¿Bond nolanizado? Por favor, un poquito de respeto. Él está por encima de todo esto.

7'5/10

Por Xavi Roldan

Skyfall DVD + BD
Y en el Blu-Ray...
Con la tercera incursión al universo 007 de Daniel Craig, la saga Bond alcanzaba su 50 aniversario. Pero además, resurgía de las cenizas, cuando problemas de todo tipo parecían haber hundido a la MGM y enterrado así toda opción de ver al agente creado por Ian Fleming de nuevo en acción. Motivos para la celebración, sin duda. Y a dicha llamada acude la edición en BD que nos propone la Fox. Sobra el anuncio inicial, autobombo por todo lo alto, de la salida a la venta de un pack con todas las películas de James Bond en Blu-Ray, sí; y sobra algún que otro trailer que se cuela por medio. Pero todo ello puede saltarse, y además, la espera vale la pena. Atención al apartado de extras de la cinta:
  • El rodaje de Bond: Una cantidad casi indecente de documentales, que con la posibilidad de hacer play a todo permite la posibilidad de tirarse una hora entera consumiendo material extra, convirtiéndole a uno en todo un erudito en Skyfall. Con un Sam Mendes asombrosamente divertido como involuntario conductor de la función, el espectador asiste a ruedas de prensa, declaraciones, making of... Hay absolutamente de todo, y todo es tratado hasta el más mínimo detalle. Puestos a elegir, nos quedamos con el corte centrado en los títulos de crédito (con entrevista a su creador, Daniel Kleinman). Bueno, y con las declaraciones de Barbara Broccoli y Michael G. Wilson, productores. O mejor, con los especiales dedicados al nuevo Q (Ben Whishaw), así como a los demás actores, mención especial para el apartado de los villanos, protagonismo para nuestro Bardem. Hay espacio para John logan (guionista), para la BSO... En definitiva, todo lo que puede imaginarse y más.
  • Estreno Skyfall: cápsula de unos cuatro minutos y medio dedicado a la presentación de la cinta en Londres. Baño de masas, presencia de unos y otros, guapos y guapas, firmando autógrafos y fotografiándose con los fans... ¡Entre los que está el príncipe Carlos himself!
  • Trailer de la película
  • Anuncio de la Banda Sonora: Una chuminada totalmente innecesaria. 40 segundos destinados a anunciar la BSO
  • Audiocomentarios: Que siga la fiesta. Hasta dos pistas de audio para escuchar por un lado los comentarios de Sam Mendes a lo largo de toda la cinta, y por el otro, los de los productores (Broccoli y Wilson) y el responsable del diseño de producción Dennis Gassner.
Hasta aquí los extras del Blu-Ray. Sobrecogedora cantidad de información que va como anillo al dedo a una sobresaliente calidad de imagen (tan sólo empañada por una cantidad mínima de grano; por lo demás, la definición es poco menos que excelente y la peculiar selección de colores de Mendes se disfruta a la perfección) y de sonido: hasta dos pistas en español DTS 5.1 (una para el idioma castellano, otro hispanoamericano) acompañan al DTS-HD Master Audio 5.1 en inglés de lo más espectacular.

Las comparaciones son odiosas, pero en vista de la posibilidad de adquirir un combo BD+DVD, aprovechamos para hablaros de su edición en baja definición, que explota al máximo sus limitaciones pero, claro, queda en clara desventaja en relación a la hermana mayor: algunos píxeles hacen acto de presencia en las secuencias oscuras y/o neblinosas (y no es que el film ande falto de ellas precisamente), sólo se dispone de una pista de audio en español y otra en inglés (eso sí, en alta definición las dos), y no hay ningún audiocomentario. De hecho, los extras se limitan a una reducción del espectacular documental del BD hasta quedar en unos 12 minutos, y a la ridícula cápsula centrada en la música. No es que se le pueda reprochar nada, claro, pero... Bueno, ya se sabe, las comparaciones siempre son odiosas.


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