Crítica de Tulpa

Sitges 2012 - Crítica de Tulpa
Tras varios intentos desafortunados (pese a contar con los nombres de ilustres como el del mismísimo Dario Argento, capo di tutti i capi en materia) ha tenido que ser Federico Zampaglione el encargado de resucitar, como Dios manda y hasta la última consecuencia, el giallo italiano. El género por excelencia del país de la bota, batiburrillo de investigaciones sanguinarias, policías, y algún asomo de elementos paranormales, pasó sus momentos de mayor gloria hace ya algunas décadas, cuando Argentos, Bavas y Fulcis estrenaban como churros mil y un variantes de esta categoría de películas, recogidas siempre en una gloriosa serie B de la que hacían gala mediante presupuestos limitados y resultados artísticos... cuanto menos toscos. Pero la llama se extinguió enseguida, sin que ninguno de sus máximos capitostes ni imitadores pudiera recuperarla pese a varios intentos desafortunados (lo de Giallo fue un golpe muy bajo). Sin embargo, el cantante de Tiromancino (y responsable de Shadow, presentada en Sitges '09) sí parece haber sabido entender las claves del éxito, pues la propuesta que ahora presenta, Tulpa, supone por fin el mejor acercamiento al género maldito. ¿Cómo lo ha hecho? Fácil: echando la vista atrás sin ningún complejo, tirando de honestidad, y oigan, esforzándose por dar a su público lo que sabe que está buscando.

Y es que carece de sentido, la verdad, tratar de analizarla desde un punto de vista totalmente ajeno al universo en que pulula. Lógicamente, la de Zampaglione palidece si se compara a los nuevos procedimentales venidos de Hollywood o de esfuerzos monetarios similares a la industria de la palomita. La suya es una propuesta mucho más limitada tanto en objetivos como en presupuesto, y eso se nota. Se nota en un guión más sencillo, lejos de la recogida de pistas en la escena del crimen para saber quién lo hizo, así como de trepidantes carreras contra el reloj para evitar esto o lo otro, o salvar al de más allá. Del mismo modo, carece de fuegos artificiales a nivel visual (no digamos ya tecnológico): Tulpa está prácticamente toda rodada con una cámara al hombro, y lo que la diferencia de una película casera se consigue mediante iluminaciones más o menos saturadas, y gracias a las virtudes que se le quieran ver a su director como artesano del cine. Ningún embellecimiento posterior, ningún apoyo digital. De hecho, los efectos especiales se ven limitados a chorretones de rojo y extremidades postizas. Insisto, quien busque otra cosa, se equivoca de lleno. Los propios responsables son los primeros en no querer aspirar a lo que saben de entrada que no pueden llegar.

Sitges 2012 - Crítica de Tulpa

Pero ahí es donde reside la gracia de todo ello. En una producción vívida, palpable. Con un empaque formal que directamente transporta a los giallos de los 80 sin ningún tipo de vergüenza, ya sea mediante una persecución en un pasillo iluminado de rojo intenso, o una banda sonora plagada de recursos retro noir (o así); con un director, guionista y músico (y productor) que debe haber consumido giallo hasta de manera inconsciente para traer un ejemplo totalmente fiel, sincero, respetuoso con el género. Con un argumento que aglutina asesinos en serie, prostíbulos elitistas, chamanes y máscaras; que no duda en pasarse de rosca, buscando la sorpresa y el giro inesperado por encima de desarrollos cerebrales y conclusiones consecuentes. Con unas secuencias de violencia y sexo muy explícitas (a lo tonto, es de lo más extremo que ha pasado por esta edición del festival de Sitges), tirando en el primer caso de efectos rústicos y maquillajes esforzados. Y con un reparto desigual, acorde con la naturaleza de serie B de la cinta. En definitiva, el reflejo perfecto de lo que eran antes esta clase de películas, tanto en lo bueno como en lo malo.

Sitges 2012 - Crítica de Tulpa

Insistimos, quien entre en la sala con el ánimo de ver un caso de C.S.I. a la italiana puede acabar desesperado. Tulpa es, desde ese punto de vista, demencial y de gusto dudoso. Pero que no nos avergüence, a los fans del género, decirlo alto y claro: la propuesta de Zampaglione es el mejor y más honesto revival que podamos echarnos a la cara en mucho tiempo. Divertida, gore (atentos a la escena de apertura y a la del tiovivo) y salida de madre, rocosa en su fondo y en su forma, aglutina los suficientes elementos para garantizar un entretenimiento tan sano como genuino. Bravo.
7/10
Por Carlos Giacomelli

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