Crítica de Golpe de efecto

Puestos a subespecializar y a marcar cotas divisorias cada vez más concretas, la tradición del cine deportivo como género es larga en Estados Unidos. A la supremacía del boxeo (se me terminan los dedos para contar la cantidad de obras maestras que ha cobijado el drama pugilístico) se une una importante corriente de films sobre fútbol americano, sobre baloncesto, sobre hockey. La variedad es amplia y así lo ha sido siempre, pero hay un deporte que ha estado muy presente a lo largo de la historia del cine USA, especialmente en productos con un elevado sentido de lo popular y lo familiar. Productos muy acordes con la espectacularización, sea por la épica exacerbada y los sentimientos de "elevación del espíritu" que conlleva o por su carácter de celebración grupal y de exaltación de un espíritu a medio camino entre lo festivo y lo sacrificado. Me refiero, por supuesto, al béisbol.

Y es que Robert Lorenz, hasta ahora ayudante de dirección de Clint Eastwood, se aferra a la visión más tradicionalista del cine de home runs, a su vertiente más clásica en todos sus sentidos formales y narrativos. Partiendo de la idiosincrasia de dicho deporte para construir un drama afectivo que se presenta desde el más absoluto apego a las formas del cine hollywoodiense comercial. De este modo, aunque esto podría suscitar sugerencias y empezar apelando a la reciente Moneyball en su apuesta por la gestión del drama que ocurre vallas adentro (esto es, el mundillo de los ojeadores), al final termina más cerca de El orgullo de los Yanquis. Lo cual no es que sea malo, que la de Sam Wood es un maravilloso drama humano, mayor y más profundo de lo que podrían dejar entrever sus surcos deportivos y su evocación del greatness norteamericano. No, simplemente es anacrónico, fuera de tiempo. Conscientemente, por supuesto.


Pero hay que tener una gran seguridad para trazar una historia de tintes tan universales y modos tan tradicionalistas. Es bien sabido que a Eastwood, protagonista de la cinta, le gusta el trabajo bien hecho, las cosas claras, los pasos firmes. Pero también es cierto que el hombre siempre ha sido capaz de ponerse en cuarentena a sí mismo -y especialmente a la imagen de sí mismo que ha dado el cine americano- para reformular su propio personaje. A este respecto, parecía que el Eastwood actor había cerrado su carrera con la descomunal Gran Torino, así que no deja de extrañar que haya resucitado al personaje -a uno muy parecido- para esta. Todo forma parte de una puesta en escena de la decadencia de los valores tradicionales que debe servir para (paradójicamente) reafirmarlos vía su universalización. Al fin y al cabo, ¿qué importa que este tipo ejecutara su propio orden en Vietnam o hiciera del béisbol el juego de sentimientos y poderío humanos (contrapongo eso al actual hipotético mercenariado organizado por ordenadores y hojas de cálculo) si hoy se ha terminado convirtiendo en un hombre que lo único que ha hecho en su vida ha sido lo que creía correcto?

Resumo el último párrafo: Lorenz no es Eastwood, a pesar de sus afinidades y su evidente relación de mentor-alumno. El inmortal clasicismo del director de Sin perdón es fruto, como decía, de una carrera entera, no nace de una postura planteada de manera espontánea. Ni mucho menos por imitación. Que Eastwood sublime a Huston no implica que lo plagie, y eso es lo que no parece entender Lorenz, más pendiente de hacer que su drama, sobre el papel meramente correcto, parezca una historia profunda que de que realmente lo sea. Más pendiente de inscribir su película en la filmografía de su protagonista que de abrir nuevos caminos narrativos o bien de perfeccionar las vías expresivas ya conocidas.


De este modo, y excusadme el cliché, Golpe de efecto parece una TVmovie con un reparto de lujo. Centrada en la relación padre-hija -con acierto: en la pareja Amy Adams-Eastwood y en sus tiranteces y pequeñas batallas ganadas o perdidas se encuentra el núcleo duro y mayor valor de la película- la historia de Randy Brown acaba perdida en un batiburrillo de secuencias que basculan entre los distintos frentes y subtramas (la vida laboral de ella, la aparición de un interés amoroso encarnado en Justin Timberlake). Una serie de hilos narrativos que finalmente no saben despegarse de los diseños de estructura más clásica del guión puramente hollywoodiense. Sin salirse nunca de sus márgenes, sin traicionar jamás sus esquemas y resultando predecible de tan obvia, la película engarza secuencias de manual y las puebla de personajes que -quitando su pareja protagonista- son más arquetipos que seres tridimensionales. Monigotes movidos por los designios del guión y por sus propios trazos básicos y prejuicios algo maniqueos. No se apure nadie; el bueno gana y el malo lo paga. El egoísmo y la prepotencia no van a ningún lado. La concordia de los caracteres, el entendimiento y el respeto deben volver a encontrar su camino en esta nuestra sociedad.

 
Y no será reprochable que el espectador pueda encontrar en todo ello un poderoso atractivo: Golpe de efecto apuesta por las personas, por los sentimientos, por el respeto a los mayores (sic) y por la conciliación del presente con el pasado más inmediato. Y lo hace de modo diáfano y sencillo: si hay un trauma deberá ser superado. Si existe el coraje, este terminará floreciendo y triunfando.

Y si el cine actual necesita un drama que se autoexija poco pero a cambio ofrezca una colección de planteamientos claros y simples basados en una concepción del cine como pura receta culinaria en la que todos los ingredientes (comedia, romance, épica) estén distribuidos en su justa medida, entonces ahí estará Golpe de efecto para llenar el hueco. ¿Es suficiente para garantizar una buena película? Para nosotros desde luego no, pero a gustos...

5'5/10

Por Xavi Roldan

Y en el DVD...
Warner edita la película en DVD y Blu-Ray, siendo la primera opción la que se nos ha permitido probar. Pese a las limitaciones del formato, a nivel técnico no se le puede reprochar nada a una edición que explota al máximo las capacidades del mismo. A destacar su apartado sonoro, excelentes pistas en 5.1 tanto en inglés como en castellano.
El problema nos lo encontramos en el apartado de los extras: apenas un Detrás de las cámaras, Golpe de efecto: Por el amor al juego, que en poco más de cinco minutos hace un machambrat de cruce de declaraciones y Cómo se hizo, a todas luces insuficiente para el que quiera descubrir todo el proceso de creación de la cinta. Justito.

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