Crítica de La parte de los ángeles (The Angels' Share)

La parte de los ángeles
Por mucho que se vista de seda, ya se sabe lo que pasa con la mona. Así que a nadie debería sorprenderle que por mucho que se acerque a otros géneros, por mucho que haya quien, temerariamente, la haya emparejado incluso a una comedia, La parte de los ángeles sea un clarísimo ejemplo de cine social. El enésimo ejemplo de drama social, mejor dicho, de un director empeñado en describir hasta la última variedad del ciudadano de clase mediobaja de las Islas Británicas. Un Ken Loach que, en este caso, centra su atención en un grupo de jóvenes maleantes obligados a cumplir trabajos sociales, del que despunta como protagonista uno con cicatrices en la cara (a saber) y novia a la que ha dejado embarazada. Lo que diferencia a esta de otras películas del cineasta inglés es un espíritu algo más distendido con, efectivamente, algún que otro momento de comicidad y más de un pasaje de thriller. De acuerdo. Pero que la sociedad enmohecida, violenta y desasosegantemente deprimida siga ahí es tan evidente como, a fin de cuentas, esperable.

Y es que a Loach se le ve demasiado el plumero. Tanto que de manera automática, al menor síntoma de repetición de su fórmula ya se genera el rechazo de, al menos, quienes vienen siguiendo al de Riff-Raff desde hace algún tiempo. Y aquí el primer derechazo llega nada más empezar. Personajes problemáticos, riñas callejeras, juicios y opresiones sociales saltan al ring antes incluso de que suene la campana, acompañados de paisajes grises, tonalidades gélidas y semblantes ensombrecidos. A todas estas, el film parece limitarse a describir al protagonista y al universo que lo rodea (como queriendo justificar sus fechorías: todos somos los culpables de estas situaciones, y demás), sin molestarse demasiado en progresar a nivel argumental. Y dejando bien claro que, evidentemente, el chico vale para algo más. Desde luego, parece que tanto Loach como su habitual guionista, Paul Laverty, se estén parodiando a sí mismos. Disparatada teoría esta, que sin embargo bien podría esgrimir como argumentos lo que sigue.

La parte de los ángeles

Porque cuando se pierde toda esperanza y se dispone el ánimo a soportar otra de Ken Loach, va La parte de los ángeles y cambia de dirección (que no de sentido). De manera muy paulatina, arranca un entramado inesperado, hasta descabellado. Una opción original con la que volver a retratar las mil y un diferencias de clases sociales, que hace que la herida escueza menos. Hay ironía, hay alguna gota de humor (demonios, ¡si hasta se ve un gag de tipo caca-pedo!), hay banda sonora dinámica, y hay acción. En definitiva, tras un primer arco francamente desalentador, la propuesta acaba haciéndose inusitadamente entretenida, y por supuesto, presentada con la calidad habitual de un hombre que lleva desde mediados de los 60 detrás de una cámara.

La parte de los ángeles

Ahora bien, lo avisábamos al principio, que nadie confunda por cuatro ilusiones de nada, que al final, la meta sigue siendo la misma. Ken Loach (y Laverty, a quien tendemos a olvidar pese a andar prácticamente cogidos de la mano) se adjudicó la etiqueta de cineasta comprometido en su día, y ya nadie le bajará del burro. Pero si de verdad va a seguir reincidiendo en las temáticas que ya nos sabemos de memoria, es de agradecer que al menos en esta ocasión se haya buscado una fórmula diferente, a caballo entre la parodia y la falsa intrascendencia, como si de un entreacto se tratara antes de la que, démoslo por seguro, se nos vendrá encima. La parte de los ángeles es tan Loach como siempre, pero inusitadamente entretenida, fresca y más incendiaria de lo que parece a simple vista, gracias una moraleja, cuanto menos, cuestionable. A esconder el hacha de guerra (al menos de momento) tocan...
6,5/10
Por Carlos Giacomelli

Y en el Blu-Ray
Muy poco después de su estreno en cines, la Paramount distribuye en el mercado español la última película hasta la fecha de Ken Loach, y lo hace con una edición en DD y otra en Blu-Ray. Se trata de una película muy pequeña, y por tanto, este último formato va sobrado aunque no explote todo el potencial de la alta definición, que respeta por cierto el formato Letterbox de la cinta. Además, se pueden seleccionar tres idiomas (inglés, castellano y catalán, más una audiodescripción) todos ellos en un master digital 5.1. Más que suficiente.
El problema es que el apartado de extras queda algo exiguo. Apenas un trailer y un paquetito de escenas eliminadas que entre todas suman 14 minutos (de hecho, no se puede saltar de una a otra, por lo que son 14 minutos sí o sí), y que tampoco es que sean la repanocha. Vamos, que si se adquiere, que sea por el gusto de disfrutar de la cinta en sí, más que por tratar de ir más allá...


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