DVD-Críticas: Francisco, juglar de Dios y Mamma Roma

A medio camino entre la injusticia histórica y el placer semioculto para aficionados, algunas de las perlas de varios directores italianos surgidos en el seno del neorrealismo han pasado relativamente desapercibidas al lado de otras obras maestras indiscutidas y justamente entronadas. Me refiero en este segundo caso a películas como Roma, ciudad abierta, a Europa '51, a Paisà. O a El evangelio según San Mateo, a Saló, inapelables piezas clave en el devenir del cine europeo de a partir de mediados del siglo pasado que, además, han dado forma a la consideración popular y crítica respecto a sus relativos autores. Pero tanto Rossellini como Pasolini cuentan con sendos puntos clave en sus carreras en forma de filmes un tanto menos significativos, pero tan buenos, o incluso mejores, que los citados. Especialmente en el caso de Pasolini, quien alcanzaba con Mamma Roma un hito que una carrera trufada de imprescindibles en pocas ocasiones llegó a superar.


Como sea, gracias a felices iniciativas como las de A Contracorriente, seguimos completando en nuestras DVDtecas esas filmografías que andaban un tanto agujereadas: si bien sendos títulos estaban ya editados en formato doméstico, su formato actual viene a subsanar una situación de relativa precariedad respecto a contenidos y acabado técnico que podían acusar anteriores ediciones.


Empecemos por Rossellini, que con Francisco, juglar de Dios marcaba un polémico doble programa en el Festival de Venecia de 1950, acompañando su aparente boutade beata de la que, por entonces, era la película seria del lote, Stromboli. Y sin desmerecer el rotundo drama protagonizado por Ingrid Bergman, el grueso crítico se equivocaba con su hermana menor, profirendo un lamentable alarido al alimón en torno a lo que, con el tiempo, se ha revelado un movimiento magistral. Desde luego, considerar Francisco como una película menor y un vehículo religioso de segunda no es sólo una equivocación, sino también un acto de injusticia hacia un director que siempre se mostró mucho más responsable que teosófico. Es más, muchos son los que apuntan el agnosticismo de Rossellini, con lo que que toda duda debería quedar despejada de entrada. Es más, cuando uno se enfrenta (y ocurre, doy fe) en sucesivos visionados con este material precioso se encuentra con un drama costumbrista teológico, imbuido menos de una religiosidad esquemática que de un profundo humanismo que se expande en silencio y empapa todos los surcos narrativos.

Estructurada argumentalmente en diez bloques, diez momentos de la vida de Francisco de Asís, la película es un tratado de ética, responsabilidad y moral limpio, puro. Universal de tan sencillo, acogedor por abierto y humano. De este modo, en uno de los más ajustados ejercicios de compenetración y coherencia ética entre fondo y forma de toda la carrera del director -a la altura de la demostrada en Te querré siempre y Roma, ciudad abierta- Rossellini planifica y encuadra desde la sobriedad, la delicadeza y una profunda honestidad. Su realización se muestra en todo momento humilde y sabia en su economía narrativa, y nunca llega a imponerse sobre el mensaje, sobre la claridad del texto y la sencillez expositiva del mismo, articuladas desde un guión en el que, curiosidad jugosa, colaboró Federico Fellini. Pero el realizador nunca pierde de vista la bonhomía inherente a su discurso, la diáfana filosofía de la verdad y la paz, la ética de esa comunión entre el hombre y la naturaleza a la que algunos llaman Creación.


A caballo entre el neorrealismo y lo demás (si alguien pudo empezar a horadar nuevas vías a partir de los aprendizajes fílmicos postbélicos, ese fue él), Francisco, juglar de Dios ha terminado así, y a pesar de no ser una película religiosa -sobre religión, más bien-, ganándose su lugar junto a los mayores y mejores exponentes del ¿género? De modo no nos debería generar ningún tipo de titubeo, si es que decidimos adscribirla en esa corriente, el colocarla muy por encima de indiscutibles obras maestras como Thérèse, Narciso negro o La canción de Bernadette y volando al nivel del Diario de un cura rural de Bresson, La pasión de Juana de Arco de Dreyer o El evangelio según San Mateo pasoliniano.

En cuanto a la edición de A Contracorriente, en esta ocasión el material adicional es más jugoso que de costumbre. Al ya habitual libreto informativo (esta vez a cargo de Marc Borràs i Batalla) se añaden una entrevista en la que Isabella Rossellini reflexiona sobre la espiritualidad y responsabilidad moral de su padre después de los años de guerra y, más goloso aún, un prólogo de 5 minutos en el que el cineasta pone al espectador en antecedentes hasta colocarlo anímica y espiritualmente en el arranque de la película. Eso, unido a la estupenda calidad de reproducción de video y audio y la obligatoria banda de sonido en ambos idiomas (original y doblado al español), hacen de esta una edición necesaria para una película imprescindible.


No menos necesaria e imprescindible se antoja la aparición de Mamma Roma, dedicada por cierto a Rossellini y, a pesar de tachada de obscena en ciertos círculos, mejor valorada por la opinión crítica cuando se estrenó en 1962. Y aun así quizá ensombrecida finalmente por la producción posterior de Pier Paolo Pasolini, que fue alejando su carrera hasta situarla en un punto diametralmente opuesto a las líneas por las que se movía con esta su segunda película tras el fulgurante debut Accatone. Sirva como ejemplo la paroxística idiosincrasia extrema de su célebre "Trilogía de la vida" (El decamerón, Los cuentos de Canterbury y Las mil y una noches) o sus ejercicios kamikaze Pocilga y Saló, o los 120 días de Sodoma, auténticos incendios ideológicos en forma de cine cuyos planteamientos extremos a menudo han tomado como rehenes a sus infinitas virtudes fílmicas.


Lejos aún de semejantes películas-bomba, pues, Mamma Roma se presenta como un profundo (y desgarrador, mucho) drama centrado en una prostituta (Ana Magnani) que junto a su hijo adolescente (Ettore Garofolo) intenta dejar atrás los sinsabores de la calle para establecerse en la clase media, lo que deberá solucionarles la vida. Ello, sin embargo, los evoca hacia los vaivenes urbanos de una urbe reconstruida y en pleno desarrollismo: Mamma se instala en un tenderete de frutas y verduras mientras su hijo se va meciendo progresivamente por las alegrías de la sexualidad, descubriendo nuevas sensaciones adolescentes con las mujeres que se le van presentando y cayendo en una vida criminal de poca monta. Un camino hacia la crispación y hacia un final previsiblemente tremendista, muy acorde con el carácter trágico de la historia. De profundas resonancias edípicas, surcada de variada simbología y referencias cristianas (la asunción de Magnani como virgen, la relación con el cura) y con poderosas hechuras operísticas Mamma Roma sólo puede precipitarse hacia una conclusión trágica. A la postre uno de los desenlaces más apabullantes y desgarradores de la historia del cine Italiano.

Éxito conseguido, principalmente, gracias a una Ana Magnani aplastante y expansiva que regala aquí una de sus interpretaciones más puramente italianas (entiéndaseme) y que termina contraponiéndose a todo el resto del elenco, no sólo por la voluptuosidad de su tratamiento interpretativo, sino también por el carácter amateur de los demás actores. Efectivamente, Pasolini trabajó a menudo con actores no profesionales con los que, además, repetía colaboración en subsiguientes títulos. Y ya la que nos ocupa no es excepción.


De modo que desde algunos sectores críticos se teoriza sobre un posible post-neorrealismo basado tanto en ello (la desnaturalización mediante la interpretación amateur) como de su opción estética, basada en un durísimo tratamiento de la iluminación -y atención a la manera de capturar campo y ciudad-, como en la predominancia de unos valores ideológicos poderosísimos (sobra explicar la turbulenta vida, truncada, del realizador). Unas ideas que, de hecho, terminarían posicionándose por encima de las historias planteadas por el realizador con posterioridad. Y es que Mamma Roma exhibe ya muchas de las constantes pasolinianas: desde su inequívoca empatía hacia las clases bajas o el proletariado hasta la utilización libre de la narración y del tempo del relato. Aquí, el curso del mismo aparece libre de ataduras temporales, de modo que el argumento salta en el tiempo a través de elipsis libres, casi caóticas, siempre sorprendentes. Es precisamente lo que caracteriza a una película como Mamma Roma, su aparente clasicismo neorrealista que sin embargo se ve truncado por algunos elementos claves que siembran algunas pistas sobre lo que ocurriría posteriormente, pero que se presentan en la cantidad más equilibrada, sutil y elegante que pudo lograr Pasolini en toda su carrera. Que fue mucho.

En cuanto a la edición de A Contracorriente, De nuevo cabe hablar de una calidad de contenidos, si no generosa, sí medianamente interesante: nuevo libreto informativo y un documental sobre la figura de Pasolini orquestado entorno a una entrevista a Bernardo Bertolucci. Sin embargo cabe especialmente destacar el master de la película, totalmente restaurado, procedente de la prestigiosa Criterion y que ofrece la calidad necesaria que se merecía una obra de tamaño peso, calidad y relevancia histórica. A ese sentido, y -de nuevo- a raíz de la indiscutible calidad del contenido, estamos ante otro highlight del mercado doméstico del momento. Las celebraciones no deben parar.


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DCD-Crítica de El desierto rojo

2 comentarios:

  1. Ya que como comento en otro post no he podido disfrutar (todavía) de Francesco, centraré el comentario en Mamma Roma, curiosamente volvéis a dar en el clavo, (al igual que El Desierto Rojo con Antonioni) una de mis pelis favoritas de Pasolini (no sé porque me llegan más algunas pelis no tan populares de Pasolini (como Accatone, Teorema, Edipo Rey, la Rabia) que las archipopulares Saló o El Evangelio (muy valorables por otra parte)). De nuevo Xavi, excelente análisis (el detalle que comentas de la iluminación siempre se me había pasado por alto, pero reflexionando, creo que das en el clavo), no sé si en el tema del amauterismo de los actores tuviera algo que ver Bresson, que ya hacía unos años que explotaba esa posibilidad (y madre mía con que resultados), aunque esto es teorización propia, así que es muy probable que si Pasolini lo leyera se riera en mis narices. Lo que hace Magnani en la peli, es un terremoto, recuerdo la brutal escena en que ella, paseando de noche, recorre las calles donde ejercía la prostitución mientras habla con clientes y compañeras, y es que se lo come todo, el lenguaje corporal, la entonación... es increíble. Otro punto que me gustaría comentar contigo es el tema del “feísmo” generalizado y de la desolación del paisaje (incluso la ciudad es caótica) por el cual se mueven los personajes en la mayoría del metraje, opción estética (y ética) por parte de Pasolini (supongo que heredada, de entre otros, Rossellini) que le da una dimensión al relato, que de haberlo hecho de otra manera no creo que hubiera llegado tanto, porque entre otras cosas, Mamma Roma me parece una película sin esperanza (exceptuando las escenas de Magnani y su hijo a solas), en la cual los personajes, además del desarraigo más absoluto, parece que sólo tienen un camino posible, que les lleva inevitablemente el trágico final. Y obviamente, su final, que comentar, para mí, junto con el final de La Strada de Fellini, una de las cosas más devastadoras que he visto en el cine Italiano (y con una simbología cristiana bastante fuerte para la época en que se estrenó). Total, una película para la cual no creo que pueda transcurrir el tiempo, no sólo por su importancia cinematográfica (lo que supuso el Neorrealismo y Pasolini al Cine Italiano y en general) sino por su importancia social (no deja de hacer una crítica social muy dura a la Italia de los 60) siendo el reflejo de un tiempo concreto.

    De nuevo, chapeau!!!

    PD: No sé si habréis visto (supongo que sí) el famoso documental que hizo titulado Encuesta sobre el Amor, un trabajo para su época bastante valiente y muy significativo en el reflejo de la sociedad Italiana

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  2. Punto que se me olvidaba y que no recuerdo con claridad, aunque creo que es que sí: en la escena nocturna que comento del paseo de Magnani entre putas, está rodada enteramente en plano secuencia, no es así? Tú la tendrás más fresca y podrás sacarme de este sinvivir!

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