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Crítica de Los Miserables (Les Misérables)

Llévatelo
los miserables
Empecemos por lo simple: la mera existencia de una película como esta versión 2012 de Los Miserables certifica el considerable estado de salud del que goza un género como el musical, poco abundante pero muy constante en un panorama que de un tiempo a esta parte viene a facturar un mínimo de un título anual. En este caso, además, se recurre a un clásico de la literatura universal, el autorenovable título de Víctor Hugo, y en concreto a su versión musical pensada para los escenarios del West End londinense. Y el público responderá llenando salas y encumbrando la visión de Tom Hooper y, como decimos, compartiendo ese espacio puramente diegético del relato cantado. Lo dicho, el musical no morirá nunca. Eso debería quedar claro ya de entrada y prevalecer sobre cualquier opinión crítica que podamos despachar nosotros o cualquier compañero de profesión.

Pero las cosas como son, no a todo el mundo va a convencer por igual esta versión de la obra. Sí tiene gancho comercial más allá del conocimiento por parte del espectador del texto anterior, puesto en imágenes y garantizada su pervivencia en el cine moderno. Por supuesto, el despliegue es considerable. Posee un reparto de primera fila, y más concretamente algunas interpretaciones poderosísimas sobre las que destaca la de una Anne Hathaway pletórica, que diríase haber nacido para encarnar a esta Fantine cantarina. Y a la que acompañan unos correctos, en gesto y cuerdas vocales, Hugh Jackman, Russell Crowe y, especialmente, un Eddie Redmayne cuya carrera aún está lo suficientemente tierna como para poder amoldarse con facilidad a las exigencias de un guión mayormente cantado. Una historia que se alarga en el tiempo, en definitiva, permite la coralidad de un reparto que va mutando.

hugh jackman

Por otro lado, la reconstrucción del París revolucionario de 1832 se presenta cuidadísima, y va ganando peso específico en la evolución dramática hasta llegar a un doble clímax muy acorde con la épica que va sembrándose con cuentagotas en la narración. Hooper vuelve a contar con los servicios de Danny Cohen, que ya se encargó en su día de la fotografía de El discurso del Rey y que de nuevo garantiza un trabajo de iluminación atmosférica, fría y cortante que pone freno a posibles salidas de tono estético. Con ello el realizador apela en escenografía y reconstrucción a los grandes clásicos británicos de los 60, mucho más que a las, hasta la fecha, mejores adaptaciones fílmicas del relato: la dirigida por Richard Boleslawski en 1935 y muy especialmente la titánica versión de Raymond Bernard del 34. Pero no sólo. Hay tanto de británico como de nórdico en la traslación escénica y no cuesta encontrar algunos escapes dreyerianos, especialmente en los pasajes más sombríos, los que evocan de alguna manera la muerte y la trascendencia espiritual: las espartanas paredes que rodean a un Valjean ya anciano pueden evocar Ordet con facilidad. Y ¿me mojo mucho si teorizo con que Anne Hathaway ha bebido de la interpretación de María Falconetti para construir la bajada a los infiernos de su Fantine, corte de pelo incluido?

A pesar de todo ello, de la sobriedad de sus planteamientos formales y la eficacia de los complementos contextuales (vestuario, maquillaje y peluquería cuidados), la propuesta de Hooper no deja de tener un cierto aire de acartonamiento kitsch involuntario. Porque si algo se ha olvidado por el camino el director es de imprimir personalidad y auténtica vida a su película. Dicho de otro modo, su realización obvia el corazón y las entrañas para ser mera funcionalidad narrativa. Y es que más allá de las comentadas partituras y la lírica de la adaptación teatral por Alain Boublil, Claude-Michel Schönberg y Herbert Kretzmer -que, eso sí, vuela a niveles elevadísimos- la puesta en escena es tan visualmente primorosa como en el fondo anodina. No hay ninguna metáfora contenida en la imagen; ningún plano, ningún encuadre refuerza el texto, ni lo contradice, ni lo enriquece. Hooper se limita a plantar su cámara ante los actores para hacer un mero reportaje despersonalizado de lo que ocurre, a veces hasta límites francamente desastrosos: es especialmente sangrante el caso de los varios juegos de plano-contraplano, encuadrados en -valga la redundancia- primer plano, con que el realizador resuelve varias escenas que, para colmo, se antojan claves en el desarrollo de la intensidad dramática. Mientras que el montaje, por su parte, es plenamente funcional, expresivamente neutral, menospreciado en sus capacidades semánticas y en su potencial simbólico.

amanda seyfried y eddie redmayne

De este modo, el trabajo de Hooper es correctísimo y pulcro en la peor acepción de los términos, academicista hasta decir basta, siempre ligado a los cauces de lo convencional. Con ello el impacto emocional queda menguado o directamente socavado, soportado únicamente por la densidad musical. Y el espectador casual, el que no tenga un especial cariño por el género o no conozca y guste del libreto original deberá atenerse a cuestiones paralelas, desde las mentadas (interpretaciones, reconstrucción), hasta esa probable lectura actual (posibles conexiones con los movimientos revolucionarios callejeros tipo 15-M, por qué no), que no hace si no confirmar la universalidad del texto.

Pero por lo demás no logro entender la necesidad de volver a abordar semejante clásico desde una óptica tan teórica, mecanicista y, por ende, artísticamente frígida. Excepto, claro está, por el factor económico, que con toda seguridad cumplirá aquí su función a las mil maravillas.

6/10

Por Xavi Roldan

Los Miserables (Les Misérables)
Y en el Blu-ray...
La Universal nos trae Los Miserables en DVD y Blu-Ray y lo hace, como era de esperar, por todo lo alto. No es ara menos, siendo como es una de las películas más exitosas de la temporada para la productora. De manera que pasados los anuncios del lanzamiento de la BSO, del de la obra de teatro en DVD y BD, y de otra obra más pasada al digital (El fantasma de la ópera), entramos en materia con un menú que ya de por sí enroca a ritmo de "Do You Hear the People Sing". Echamos primero un vistazo a los extras, y nos encontramos con el obligado audiocomentario del director Tom Hooper, con subtítulos integrados, y con dos bloques más de interés. La obra maestra original: Los Miserables de Victor Hugo es un documental de 11 minutos con constantes comentarios de propios (actores y otros responsables de la cinta) y extraños (Laure Murat, profesora especializada en la obra de Hugo...), centrado en la obra original y, sobre todo, en la vida del autor. Y luego está Los Miserables: Un planteamiento revolucionario. Y esto es el acabóse. Seis documentales que, reproduciéndolos automáticamente, suman un total de una hora y poco, y que le dan a la cinta nuevas dimensiones y mayor profundidad. Estos son los títulos de cada uno:
  • Las estrellas de Los Miserables: documento centrado en su reparto, en los que son y en los que tenían que haber sido, y en las expectativas que tenían unos y otros tanto del rodaje como de la acogida de tan revolucionaria propuesta. Dicen que, literalmente, todo el mundo quería participar en ella.
  • La conexión West End: arrancando con el actor Colm Wilkinson en el punto de mira (el Jean Valjean original, ahora reconvertido a obiso), se dedica este apartado a las múltiples conexiones entre obra y película mediante sus actores, realizando de paso un primer discurso sobre los vínculos entre una y otra a niveles más genéricos. Mera introducción de lo que está por llegar...
  • Los exteriores de Los Miserables: si los escenarios de teatro eran una "black box" (así la define Hooper), la ficción cinematográfica posibilita salir afuera y hacerlo de la manera más espectacular posible. Se pretende hacer vivir al espectador el mismo viaje (en todos los sentidos) de Valjean, y para ello debe sentirse la majestuosidad de las montañas, lossueños rotos del París de la época... De eso, y muy especialmente de la espectacular escena inicial, va esta cápsula.
  • La creación del París perfecto: seguimos entrando en detalle. Ahora, con la recreación entre realista y esperpéntica de la capital francesa. Maquetas gigantes, estudios de material histórico pero también de las ilustraciones de Hugo... Interesante
  • La batalla de la barricada: con permiso del siguiente documental, este es, a mi juicio, el punto más interesante por demostrar mejor que nadie la voluntad rompedora, agitadora y genuinamente fuerte del film. Se centra únicamente en la batalla de la barricada, y se explica cómo se creó y las premisas con que contaban sus intérpretes, que iban poco más allá de no hacerse daño.
  • Cantar en vivo: por supuesto, lo mejor para el final. Epílogo aparte, este gran recorrido por las bambalinas de la película se cierra con un completo clip dedicado a la revolucionaria idea de cantar en directo, en lugar de optar por el playback habitual. Sensaciones, desafíos y expectativas en boca de actores y reparto técnico.
Material impresionante para acompañar unas condiciones técnicas envidiables: un master inglés en 7.1 para quien disponga de ello y un más que correcto 5.1 digital en castellano (amén de otros idiomas), y calidad de imagen espectacular posibilitan que la experiencia de revivir el musical del año sea tan perfecta como cabía exigir. Así da gusto.


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