Crítica de The Master

The Master
Tal vez aún no seamos conscientes de lo mucho que le debemos a Paul Thomas Anderson. A día de hoy, ocupa un lugar de prestigio (faltaría más) en el podio de los grandes cineastas del momento. Pero quizás eso sea quedarse cortos. Qué demonios, seguro que es así. Y es que tiene toda la pinta de acabar convirtiéndose en uno de esos directores para la historia. A treinta, cuarenta años vista, su nombre bien podría estar junto a los de Welles, Ford, Hawks o Scorsese. Porque si bien prácticamente toda su filmografía se pueda colocar sin problemas en la categoría de obras maestras del cine actual, sus últimos dos trabajos van más allá y se convierten en Gran Cine, de ese que no caduca y cuyo visionado se obliga en universidades y cursos. Ya quedaba patente en Pozos de ambición que Anderson era un artista diferente, clásico e implacable a la vez; The Master no hace sino confirmar esas sensaciones. Con esta suerte de parábola sobre la Cienciología, en la que Philip Seymour Hoffman hace de nuevo profeta (porque él lo vale) y Joaquin Phoenix de alma extraviada/discípulo aventajado, es él quien se acaba convirtiendo en el nuevo mesías, en el referente absoluto de los tiempos que corren, en El Cineasta. Por lo que a nosotros sólo nos queda rendirle pleitesía y alabar la película que, si nada se tuerce, debería acabar impresa a fuego en los anales de la historia del séptimo arte. Vamos, que The Master roza la perfección.

Lo hace a todos los niveles, por lo que en verdad sólo bastaría enumerarlos. Con una progresión meticulosamente estudiada, el film dosifica perfectamente su carga emocional, de manera que el espectador apenas perciba el poso que va formándose en su interior conforme avanza bien el argumento principal, bien el proceso de desnudo de sus dos (o tres: puede ser temerario olvidarse de Amy Adams) protagonistas. He ahí otra gran baza, esa perfecta combinación de ambos focos de interés, que se van turnando la carga de la cinta casi como si cumplieran las órdenes del espectador, pero sin quedar una por encima de la otra de manera evidente. Y no es tarea fácil: es obvio que la cabra tira al monte y se tiende de forma involuntaria a querer saber más de ellos que de la pseudoreligión que los une; pero es que además, en un discurso de evidente carga crítica, la otra mitad en cuestión parece condenada al absurdo. Cada vez se requiere de más actos de fe para creerse las palabras de Hoffman, y parece claro que sus teorías son sacadas de la manga de, simple y llanamente, un grandísimo anunciante de espíritu marcadamente comercial. Un farsante vendemotos y poco más, por así decirlo.

The Master

Fundamental, pues, dar con el actor que se crea sus palabras. Y como siempre, si se trata de personajes ambiguos, complicados, más vale apostar a caballo ganador: una vez más, Hoffman borda su papel, y se convierte en el contrapunto perfecto del no menos excelente Phoenix (quien no tarda en rebasar los límites de la unicidad de su personaje para convertirse en el reflejo de toda una sociedad, aglutinando sus miedos, heridas de guerra y dudas existenciales). La compensación entre lo contenido de uno y lo apasionado del otro lleva a pasajes de absoluta gloria interpretativa: ese interrogatorio inicial, primer clímax emocional (y menuda bomba) con un personaje perdido, frágil, necesitado del cobijo que le ofrece el otro, figura casi paterna y entera en apariencia. Si bien ambos están igualmente necesitados. De uno tardamos poco en descubrirlo, la propia película se encarga de explicitarlo; del otro toca seguir rascando, aglutinar todas las pistas que va dejando caer Anderson. Una vez más, valores opuestos que se compensan significando uno el punto de apoyo del otro, para acabar resaltando que, en esencia, ambos cojean del mismo pie.

A la vista está que The Master avanza y va calando a base de sutilezas, ojo, sin que por ello se rechacen emociones de lo más intensas (prácticamente todo lo que ocurre en casa de Laura Dern es de una fuerza casi sobrecogedora, por ejemplo); sutilezas que parten no sólo del guión, sino también de la dirección en sí. En un nuevo alarde tras las cámaras, Anderson no deja margen a la improvisación, su economía de planos es encomiable y cada fotograma denota un estudio previo propio de una visión privilegiada, componiendo en suma un conjunto armonioso, de corte elegante y de un más que bienvenido clasicismo que le otorga, en general, la sensación de grandeza cinematográfica a la que se hacía referencia al principio. Y como lo armonioso se contagia, todo lo demás se asocia al poderío artístico de Anderson, para acabar de redondear la faena: fotografía, vestuarios y caracterización de personajes perfectos, actores secundarios excelentes (esa escena de Adams y Hoffman en el baño…), y banda sonora excelsa, cambiante al ritmo de la película, con pasajes más melancólicos y otros que hasta podrían acercarse al género de la ciencia-ficción…

The Master

En definitiva, The Master es un peliculón en el sentido más estricto de la palabra. Todo en ella funciona con precisión puntillosa, todo marcha según los planes del director, y todo supone un gozo para los sentidos del espectador, a quien se le invita a pensar y recapacitar (no es difícil extrapolarla a los días que corren), pero también a experimentar emociones muy intensas sin caer en el efectismo barato. Y ya para quien quiera, a recordar aquellas veces en que no importaba explicar la gran aventura de turno o esconder el twist más imposible: una familia numerosa en busca de trabajo en tiempos de crisis, una palabra en el lecho de muerte de un importante magnate, o las malas artes de un sindicato portuario bastaban para generar auténticas obras maestras como la que nos ocupa. Porque The Master es una obra maestra, una cinta adulta, rigurosa, pensada y trabajada... Y también difícil para el público más acomodado, mejor todavía. Un clásico desde ya.
9/10
Por Carlos Giacomelli

Y en el Blu-Ray... 
No nos sorprende que la Paramount edite la película en una edición en Blu-Ray que dedique el apartado de los extras únicamente al trailer (dispone en V.O. o doblado al español): la película no acabó de encontrar su sitio en taquilla, ni se hizo con los éxitos (aka premios) que se esperaba y que, de hecho, se merecía. Habida cuenta del desinterés general, edición sencilla y arreando. Una pena, tratándose como se trata de una de las propuestas más destacadas e interesantes de 2012. Por suerte, el visionado de la misma puede hacerse en condiciones óptimas: la majestuosidad de la cámara de Paul Thomas Anderson luce como nunca en una alta definición perfecta, con apenas algo de grano aquí y allá que en ningún caso se hace excesivo. Y tres cuartos de lo mismo para el audio, un Master DTS-HD 5.1 impecable para su versión original y para sus doblajes al castellano y catalán. The Master hay que verla y hay que verla bien, y el Blu-Ray permite hacerlo a la perfección.



11 comentarios :

Xavi Roldan dijo...

Sí señor, criticaza excelente (way to go, dude!) para una de las grandes de la temporada. De estrenarse unos días antes, se colaba en lo más alto de las listas de lo mejor de 2012.
Y lo mismo ha ocurrido, me temo, con varios otros títulos. Pero oye, eso que nos llevamos: entre esta, Amour, Django, Zero Dark Thirty y Lincoln tenemos un inicio de año de infarto...

Carlos Giacomelli dijo...

Y El lado beno de las cosas, y El vuelo, y Project Nim, y Érase una vez en Anatolia, y Gangster Squad, e Insensibles... y oye, pese a que fue bastante decepcionante, ojalá todas las decepciones del año sean del calibre de Bestias del sur salvaje, no? Sí, empieza bien la cosa...!

Gracias por la crítica, pero sé que lo haces para que esta noche te haga el masaje con miel que me pedías el otro día...

Leonel dijo...

O_o !!!

Carlos Giacomelli dijo...

<===(_)(_) (:P)

Elastigirl dijo...

Grandisima critica Capi! Y muchisimas las ganas que tengo de verla perooo.... no la estrenan en Belgica hasta el 6 de marzo!! porca miseria!!:(

Para ir entrando en tema (y para consolarme) me he estado escuchado la banda sonora firmada por (el gran) Jonny Greenwood en su segunda colaboracion con Anderson despues de "there will be blood" y tengo que decir que estoy maravillada, aunque, claro, en este tema no soy nada objetiva ;)

Pos nada... de momento ajo y agua :(

Bracero dijo...

"Porque si bien prácticamente toda su filmografía se pueda colocar sin problemas en la categoría de obras maestras del cine actual, sus últimos dos trabajos van más allá y se convierten en Gran Cine, de ese que no caduca y cuyo visionado se obliga en universidades y cursos"

Ansioso por verla y poder comentarla con vosotros, pero de Anderson solo puedo esperarme lo mejor, y es que como bien dices arriba Carlos, lo de Pozos de Ambición no tiene nombre, y sigo considerando sus primeros 40 minutos en mi top 5 de lo mejor del Cine norteamericano de los últimos 15 años. GANAZAS!!!!

Anónimo dijo...

Me ha decepcionado mucho esta película. Curiosamente estoy de acuerdo con todo lo que se dice aquí de ella,por separado es así, pero esta crítica no incluye todo lo que pienso/siento. (para mua) El conjunto se desinfla, desconecta del espectador conforme avanza hasta dejarle frío, helado y mirando la hora, hasta tal punto que te deja de importar la vida y obra de los personajes principales. Me resulta difícil dar argumentos (ni soy crítico, ni muy ducho en la materia) así que me voy al recurso fácil, al símil: orquesta, todos los instrumentos están bien: portentosos diría, afinados, profesionales, maduros... es la partitura la que no me gusta, la que me deja indiferente... y eso que el primer segmento prometía y engatusaba... (la presentación del personaje desheredado y herido mentalmente) la partitura oye, que no me hace ni puta gracia, y me deja frío, frío. ¿El problema lo tendré yo? es posible, no lo sé, pero aquí lo dejo. Conecté con Pozos de ambición, pero me desencuentro con el último trabajo de anderson. Lo admiro pero no me gusta, no lo GOZO, como una gloriosa e inmensa y compleja catedral que me asqueara. Me gustaría saber si alguien más le ha ocurrido algo parecido a esto. Un abrazo!

Xavi Roldan dijo...

Pues oye, Anónimo, yo soy de los que la consideran una obra maestra, como Carlos (coincido con toda su crítica y también en la valoración global), pero la verdad es que te has expresado estupendamente.
No hace falta ser crítico (nosotros no lo somos) para explicar una opinión propia y tú, experto o no, lo has hecho a la perfección. Así que ahí queda eso.
En cuanto a la opinión en sí, por lo que veo te ocurre lo que a mí con Nolan: todo cuadra mágicamente. Demasiado. Las piezas están perfiladísimas y perfectamente dispuestas, pero al final el resultado global va falto de tripas o corazón...

A mí me ha dado por pensar que si Steven Spielberg es el John Ford del XXI, Anderson podría ser el John Huston. Un tipo incómodo para la industria, un poco contracorriente y a quien el tiempo pondrá en su justo lugar. No sé, me da a mí...

Como sea, gracias por tu comentario!

Carlos Giacomelli dijo...

¡Braceroooo! La has visto ya? Qué te ha parecido al final?

¡Saludos, gracias por los piropos, y perdona por haberte contestado tan tarde, se me pasó por completo!

Churitza dijo...

Una critica excelente! Ayer LosdelaBici pudo por fin ver la nueva peli de nuestro querido PTA y nos quedamos igual que tu, maravillados!
Una peli hipnotica, un laberinto de emociones, una autentica disecciòn de la razon y los sentimientos humanos! Obra Maestra!!

Carlos Giacomelli dijo...

juas, vosotros, que me veis con buenos ojos ;)
Gracias por los piropos, y oyes, genial que os haya gustado tanto a vosotros también! Es una película muy arriesgada, que está separando a to' Cristo!

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