Y es que esto va, simple y llanamente, del seguimiento de dos policías, policías polis, en sus rutas por los bajos fondos de Los Angeles. Vale, tienen vida privada que compaginan con sus obligaciones profesionales, pero en esencia, la cosa no pasa de ahí, de una sucesión de episodios tan previsibles como irrisorios. Y si pasa es para tirar por donde no toca, pues si bien no son pocos los conatos que auguran una crítica sobre los abusos de las fuerzas del orden de los USA, a la postre esas esperanzas acaban cayendo en saco roto. Demonios, pocas veces se encontrará la policía norteamericana con una oda a su labor mejor que la de Sin tregua. La devoción con la que Yates la retrata raya en lo imprudente, como si en los últimos diez años se hubiera mantenido totalmente ajeno a la controvertida (cuanto menos) imagen que el propio cuerpo se ha encargado de hacer pública. Y eso, en estas latitudes, puede llegar a cargar demasiado las tintas.
Además, claro, de que para conseguir exponer su punto de vista fuerza la máquina, acaba por desprenderse totalmente del supuesto realismo de todo ello para caer en una quasitrama arquetípica, plagada de burdos clichés con gran eclosión dramática final, digna de pañolada, incluida. El héroe anónimo, el sacrificio de los que se dedican a preservar todo lo que nos rodea... Nada hay en Sin tregua que no parezca desfasado y enmohecido, salvo por su cacareado estilo formal, ese falso documental que no tarda nada en antojarse total e irremediablemente desaprovechado. Nada acaba cuajando de la violencia que, en teoría, se respira por las calles de los bajos fondos de L.A., de esas sensaciones que el espectador debería sentir en primera persona y de manera vívida. Es una misión imposible pretender transmitir algo a nivel sensorial cuando el apartado más "palpable" está tan encorsetado en lo peliculero y el absurdo. A su lado, un episodio cualquiera de The Shield (evidentes sus semejanzas) es un alarde de emociones.
En medio de todo el desperfecto, un par de valores realmente acertados acaban desperdiciados, lástima. No tanto por el primero de ellos, una ya mencionada planificación interesante que alterna con atino escenas reales con ficción, logrando que el habitual rechazo a todo lo que suene a found footage brille por su ausencia (al menos durante buena parte del metraje); sino por el segundo, un par de actores esforzados que hacen de sus roles sendos personajes creíbles, humanos, cercanos. No sería del todo descabellado ver a Jake Gyllenhaal y Michael Peña (curioso: se pasó por The Shield con relativa trascendencia) en un lío debido a la filtración de alguno de sus vídeos, bailando dentro del coche patrulla y yendo a velocidades impropias, por ejemplo. A la postre ellos y la relación que los une son los dos valores que realmente logran que Sin tregua no sea el cero a la izquierda al que apunta con todo lo demás. Pero sigue siendo aburrida, monótona, intrascendente y temerariamente conservadora. Una joya, vamos. Para una vez que aciertan con la forma...
4/10















2 comentarios :
hola el director no es David Ayer? me quedo sonando eso...me encanto la critica. Un abrazooo
cabalerian
ay, sí, culpa mía, un pequeño lapsus fruto de que ambos directores suenen igual y me importen, más o menos, lo mismo, jejeje!
Gracias por el aviso!
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