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Crítica de Amor (Amour)

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Amor
Puede parecer sencillo: una historia mínima, dos actores ancianos, el apartamento en el que viven sus alter egos, y alguna colaboración puntual de profesionalidad sobradamente contrastada. A poco que se tenga un mínimo de maña, con sentarse en la silla de director y gritar "acción" y "corten" un par de veces por escena, debería bastar para tener listo el enésimo drama sobre la tercera edad, el Alzheimer o los impedimentos físicos de cualquier grado. Claro que de ahí no pasaría; la película resultante iría a engordar esa enorme e informe nube (nubarrón, más bien) que conforman, en su gran mayoría, ejemplos similares que no aguantan el paso del tiempo, y que si bien pueden dar la campanada en el día de su estreno, antes o después acaban condenadas a la sobremesa o a las colecciones de DVDs que regalan las ediciones dominicales de los periódicos. Excepciones a la regla, cintas que no se conformen con eso, pocas. Hace algunos años vimos La familia Savages, que buscaba en la complicidad de sus actores (Hoffman y Linney, espléndidos como de costumbre) un enfoque serio y moderadamente riguroso del enfrentamiento de una familia al fin de los días de su miembro más vetusto. Y ahora llega Amor, que reduce aún más su rango de acción (aquí, simplemente, se sigue a una pareja de ancianos desde el momento en que a ella su físico empieza a fallarle) al tiempo que multiplica la profundidad de su impacto. Pero es que su director y guionista, Michael Haneke, no es de los que se limitan a sentarse detrás de una cámara.

Saqueador por excelencia de la entereza del espectador, especialista en encontrar la fibra y retorcerla hasta decir basta, pocas han sido las veces en que el austríaco se ha apaciguado lo suficiente como para considerarle amoldado a los cánones emocionales (o así) del cine más o menos ordinario (incluyendo en el grupo la molesta etiqueta de cine de autor, a día de hoy válida sólo para apaciguar los ánimos de espectadores teóricamente rebeldes). Por lo general, todos sus trabajos tienen la virtud de zarandearnos de una manera u otra, cuando no se trata de un ataque directo (El vídeo de Benny, Funny Games) es mediante un trabajo más implícito pero de constante acoso y derribo (La cinta blanca). Y por esta segunda vía de aparente relajación se ubicaría la que nos ocupa, historia de amor extremo que desarma desde el realismo casi documentalista que recibe, y por las inevitables cuestiones a cuyo planteamiento nos obliga su visionado. Ya desde el principio, Haneke muestra sus intenciones con una secuencia que no da pie a sorpresas, pero sí activa un mecanismo que normalmente se reservaría para el final. Su autor rechaza así toda vulgarización hacia el peliculerismo, borra de un plumazo toda atención (¿esperanza?) del espectador al devenir del entramado para activarle y hacerle reflexionar nada más empezar.

Amor

Qué haríamos nosotros en una situación similar, cuán sólido es nuestro universo y cuán endebles son en verdad sus pilares básicos, cuánto de sinceridad hay en el amor que le estamos profesando a nuestra pareja... Todo ello (acoso y derribo, ya lo decíamos) se va extrayendo de un film que se mueve por diversas dimensiones, o dicho de otro modo, que cuenta con diversos estratos. Este está cubierto por uno de preguntas más mundanas (y por aquí entra en juego la presencia, menos anecdótica de lo que parece, de la hija que visita a los padres un par de veces a lo sumo y sin embargo demanda que no se la tenga al margen); y a su vez, a este lo envuelve el seguimiento puro y duro de la relación de la pareja, y de los profundos gestos de amor del que no tarda demasiado en descubrirse como uno de los dramas románticos más intensos de los últimos tiempos. Desde una aproximación sumamente real y natural, y obviando efectismos cinematográficos salvo en contadas ocasiones (que en todo caso, responden a simbologías y metáforas sobre el estado de ánimo del hombre), Haneke desata una bomba para los sentimientos de un espectador a quien se dirige de tú a tú. Como si quisiera hacernos partícipes, un miembro más de la familia; de ahí que en ocasiones parezca recrearse en la plasmación de los momentos más duros (que son, a su vez, las pruebas más sinceras de amor).

Amor

Por supuesto, el director de La pianista no está solo. Fundamental para el éxito de esta película tenía que ser una buena selección de casting, que resulta en el (re)descubrimiento de dos joyas, y la confirmación de una tercera pieza de lujo. Con el premio a la mejor actriz del festival de Cannes bajo el brazo, Emmanuelle Riva retrata con realismo sobrecogedor el progresivo deterioro de su personaje, cuya afección le paraliza medio cuerpo al principio (algo que intenta llevar con toda la dignidad de la que disponía en su vida antes del accidente) pero no tarda demasiado en empeorar la situación a pasos agigantados. A su lado, Jean-Louis Trintignant, marido en funciones, capea el temporal estoico, se muestra entero ante ella y ante visitas y familia, su mirada sigue hablando de amor en estado puro, pero su semblante repentinamente aviejado le delata (y esas pequeñas concesiones oníricas ¿quizás un pelo gratuitas? también). Cierra el trío la hija, una secundaria pero muy relevante Isabelle Huppert de la que tampoco hace falta decir nada que no se sepa ya. Aliados de lujo, los tres, para un artista del cine que firma con esta una nueva obra maestra. Amor cumple a la perfección con todo lo que se propone, rompe las barreras que separan a espectador y pantalla y los une en un revoltijo de emociones de cotas vertiginosamente elevadas. Interpretada y dirigida con maestría, inteligente pese a su aparente sencillez, tan sólo hay que atender al silencio total que provocan sus segundos finales para confirmar que sí, que Haneke lo ha vuelto a hacer. Imprescindible.
9/10
Por Carlos Giacomelli

Y en el DVD...
Cameo edita la última película de Haneke tanto en DVD como en Blu-Ray, y nosotros hemos podido probar la primera, que se presenta con un pequeño folleto en que José Ángel de Dios García hace un rápido recorrido por los principales rasgos de la filmografía del cineasta para luego centrarse en Amour. Una película que, la verdad, le pone las cosas difíciles al disco. Sin alta definición de por medio, y habida cuenta de los tonos azulados y oscuros de buena parte de las escenas (que aunque sean más luminosas, siempre encuentran una esquina de sombras), el DVD no puede esconder pixelados y grano en la imagen, en ocasiones demasiado evidentes. Por su parte, el audio se presenta en un más que correcto 5.1 tanto en su versión original (la única válida) como en sus doblajes al castellano y catalán.
El apartado de extras incluye los ya habituales trailer y fichas técnica y artística, y además...
  • Presentación de Philippe Rouyer, coautor del libro "Haneke por Haneke": interesante monólogo del autor, que durante casi nueve minutos desmenuza los datos más relevantes de la película para otorgarle una dimensión (aún) mayor. Habla de la vida privada del director, de la tragedia que le sobrevino con su mujer, y del porqué de Amor. De los actores y de sus roles... En definitiva, un muy buen documento.
  • Extracto de "Jean-Louis Trintignant, pourquoi que je vis", un filme de Serge Korber: Extra de justicia. Con Emmanuelle Riva acaparando todo el interés mediático, parecía que la figura de su partenaire masculino había quedado relegada a un muy injusto segundo plano. En este extra se hace justicia. Siete minutos que le rinden homenaje al mítico actor, llegando a emocionar en esos minutos finales de monólogo.
  • Making Of: 25 minutos es lo que dura Scènes d'Amour, este Cómo se hizo que recoge declaraciones de director y actores, y la explicación de determinadas escenas intercaladas con extractos de la película final.
Buen surtido de material añadido para un DVD al que, en definitiva, no se le puede pedir más, y que aquí rinde a niveles notables; pero, claro, sabe a poco. Recomendamos echarle el lazo al Blu-Ray...

 


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Trailer de Amor

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