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Crítica de Bestias del sur salvaje (Beasts of the Shouthern Wild)

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Bestias del sur salvaje
Las primeras imágenes de Bestias del sur salvaje, ópera prima en el largometraje de Benh Zeitlin, recogen y resumen ya buena parte de la esencia, en forma de espléndida introducción, de esta película en apariencia pequeña y de corazón indie, muy celebrada por el público norteamericano y trufada de reconocimientos por parte de la crítica (el premio gordo en Sundance, la Caméra d’Or de Cannes y cuatro nominaciones a los Oscar siendo los más importantes hasta el momento). Conocemos, en una muy representativa muestra de secuencias cortas, a Hushpuppy y su agitada vida en una isla alejada del corazón industrial de América, en el estado de Luisiana, a la que llaman Bathtub dadas sus peculiares características orográficas. Allí confluyen pobreza, el azote de la naturaleza salvaje, vida libre, fiesta. Actitudes y paisajes que persisten a lo largo del compacto pero intenso marco de sensaciones y despertares que florecen durante los noventa minutos siguientes. Una propuesta creativamente libre y liberada, por ser primeriza y arriesgada, de ataduras argumentales y terrenos conocidos, escapista, y por ello fresca y revitalizante a ratos, aun siendo incapaz de evitar ciertos convencionalismos y cayendo en el efectismo a otros.

A grandes rasgos, el ejercicio es el de explorar lo que conecta a los seres humanos entre ellos y con la naturaleza que los envuelve y los acoge. Lo primero, en este caso, sin venir condicionado por la influencia de la civilización corrompida, la urbanización deshumanizada, que impera allá en el Norte; lo segundo, partiendo de que la inocencia y el descubrimiento iniciático del niño, criatura caída del cielo, es la materia prima para que la conexión sea posible de una forma profunda y permanente, casi primitiva. Hushpuppy, espléndida Quvenzhané Wallis en su debut, es una niña de seis años que vive acompañada de su padre y una pequeña comunidad sureña entre puercos, aves, cocodrilos y muchos peces, bestias salvajes todos ellos, cuyos corazones laten al mismo son. Hushpuppy perdió algo importante muy pronto en su vida, y está determinada a remover tierra y aire para encontrarlo de nuevo. Al tiempo, y como si se tratara de lo que viene dictado por las Leyes de la naturaleza, su padre, un hombre severo y afectivo, se encuentra moribundo debido a una extraña enfermedad que, sin ser casualidad, nunca se nos va a revelar. Y a medida que la niña emprenda la aventura, deberá enfrentarse a su entorno para librar una doble la lucha: la interna, entre ella misma y su futuro, y externa, entre sus objetivos y los de su entorno, ambos confluyendo en una misma entidad. Porque los sucesos que marcan su historia tienen su reflejo en los extraordinarios fenómenos naturales que comienzan a azotar la isla.

Bestias del sur salvaje

Lo bueno es que algo que sabe a familiar se transmite de forma nueva, posiblemente porque el también debutante Behn Zeitlin, tras la cámara, el guión y parte de la partitura musical, se encuentra a pleno control de su obra. Supone esto, sin duda, la raíz de su mayor éxito. En primer lugar, Bestias del sur salvaje es, en efecto, un limpio y perfeccionado ejercicio formal: rodada con mimo y con una valentía muy envidiable para alguien que se estrena, transmite energía en sus imágenes nítidas, cuidadas y hermosas, que caminan permanentemente de la mano de Hushpuppy (algo que la narración en off no hace más que reafirmar, y a menudo casi reiterar) y nunca nos llevan más allá de las fronteras que delimitan lo que ella ve y cree. Un filme supeditado a su figura central, claro indicativo de que lo que se pretende no es sino ofrecer una visión del ecosistema vital de la comunidad filtrada por el prisma del ser humano en su estado más puro, aquél que goza de no haber sido intoxicado por lo que los de su clase han construido en detrimento de lo natural.

Desde esta posición privilegiada nacen, transmitidos con gran plasticidad, los mayores triunfos de la película. A grandes rasgos, el director examina las conexiones casi humanas que existen entre lo natural y lo salvaje, en ocasiones (y en especial hacia el final de la cinta) recordándonos a aquéllas, aunque de mayor lucidez y calado, por más experimentadas, que se encontraban tan presentes en el Hayao Miyazaki de los bosques encantados y las princesas salvajes, en el Werner Herzog clásico de las selvas amazónicas y la pérdida de la razón humana o, yéndonos mucho más atrás en el tiempo, en los documentales naturalistas de la etapa muda (Robert J. Flaherty, con o sin F.W. Murnau). La realización de Zeitlin rezuma amor por todos ellos.

En concreto, se advierten por lo menos dos de esas vertientes de forma especialmente estilizada. Uno, la conjunción de la muy emocional determinación de Hushpuppy por aferrarse a lo que le queda y a lo que se ha perdido con lo que renace desde el inicio de los tiempos y que es salvaje y primario, un fragmento que alude a la deshumanización como vía para escapar del occidentalismo y que dota a la cinta de una interesante dimensión antropológica. Dos, la búsqueda de la identidad a través del viaje iniciático, tema archiconocido en la Historia del cine, aquí conjugado con lo que la propia naturaleza, que evoluciona de acuerdo a la secuencia de experiencias vitales de la propia niña, permite ver más allá del horizonte.

Bestias del sur salvaje

Con todo, la película acaba no pudiendo evitar toparse con algunos convencionalismos, que ensombrecen por momentos el resultado final y aplanan la dimensión caleidoscópica que la historia podría haber acabado adquiriendo. A menudo, el filme divaga y pierde orientación. En otros momentos, pretende talento más que demostrarlo, perdiendo de vista la modestia por el camino, y confía en el efectismo de toda buena “mágica historia de superación personal con toques de fantasía” que se preste a costa de cierta humildad narrativa. En consecuencia, camina sobre la a veces inapreciable frontera que separa el realismo mágico de sobremesa que puebla tantas de sus películas homólogas del cine poético de genuino poder visual y simbólico que, por otro lado, está al alcance de tan pocos (con el mismo material, Terrence Malick hubiera hecho maravillas).

Al final, la película acaba indecisa entre los dos costados. De lo primero, las a veces excesivamente recargadas narraciones en off en paralelo con ciertas visiones demasiado maniqueas del contraste entre la vida salvaje y la urbanizada, quizás un tanto explícitas visualmente, o, todo lo contrario, recursos narrativos de guión que son reiterativos por desconfiar de la capacidad que la imagen tiene para transmitirlos. De lo segundo, el impresionante montaje que precede al epílogo y que le da una merecida sensación de redondeo a una película que, sin querer ser perfecta, pretende ser una maravillosa perla de lo indie y acaba siéndolo sólo a medias.
7/10
Por Pau Roldan

Y en el Blu-Ray…
Pese a que después el ruido ha sido menor de lo deseado (¿y cuándo no lo es?), Bestias del sur salvaje ha sido una de las grandes sensaciones de la temporada pasada, por lo que era de esperar una edición en condiciones. Como la que propone Cameo: alta definición y surtido de extras que conforman una excelente opción para recuperar la película de Benh Zeitlin, si bien el visionado no sea todo lo óptimo que nos hubiera gustado: debido a las características de la cinta, de bajo presupuesto y rodada con cámaras de diversas prestaciones, la imagen está inundada por un grano excesivo, en ocasiones francamente molesto. Una pena, contrarrestada en parte por el excelente audio DTS-HD 5.1 tanto en inglés como en castellano y catalán. Y por su contenido extra, que no está nada mal:
  • Trailer
  • Making of: 22 minutos de un documento que más que un Cómo se hizo es una minipelícula en sí misma. Muy cuidado, editado y montado, aunque pueda quedar un poco superficial.
  • Audiciones: Curioso extra dividido en tres capítulos, dedicados a los primeros encuentros entre Quvenzhané Wallis, Dwight Henry y el director.
  • Escenas eliminadas con comentarios del director: Primera joya de la corona. 15 minutos de escenas eliminadas, pero con la descripción y las motivaciones de su desaparición del montaje final.
  • GLORY AT THE SEA: El extra más interesante. Cortometraje inicial del director, en el que de hecho se basa la película. Se trata de 25 minutos, que mantienen la esencia de la misma, claro, pero ofrecen un acercamiento distinto, en ocasiones más crudo, menos alterado… más sincero. Quizá, por decirlo de otro modo, podría decirse que es más sentido, transmite mejor el dolor de la tragedia. Y si no, ojo a las escenas bajo agua…
En resumen, edición más que interesante, sobre todo para ir más allá de la cinta en sí. Una lástima lo de su imagen...


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Trailer

3 comentarios :

Antonio dijo...

Buena crítica y, sí, buena película también.

Carlos Giacomelli dijo...

estoy contigo, la crítica es cojonuda y el impresentable este que la ha escrito espero que te lea y se anime a escribir más, que nos tiene de un abandonado que asusta ;)

En cuanto a la peli, mediocoincido con él en lo que va contando de ella, pero con todo, a mí me dejó un pelín más frío... Me pareció demasiado centrada en epatar sin preocuparse de darnos la chicha suficiente...

Otto dijo...

Imagino el asombro de los gringos cinemeros ante la brutalidad de esas imágenes y escenarios que a primera vista pueden parecer exóticos y hasta surrealistas, pero que presentan una América miserable que fácilmente representa el reverso oscuro del sueño americano. Rescato sobre todo la formidable dirección de arte (esas locaciones, las casuchas, los cachivaches, el vestuario…el caos,) que nos sumerge en esa decadencia irremediable que pocas veces se muestra de manera tan frontal y a la vez poética. Me recuerda a una historieta de Mafalda, que al irse de viaje en tren, contempla el paisaje por la ventana y dice:” ¡Mira que ranchito miserable!” Y un pasajero le corrige: “Pintoresco, nena, pintoresco”

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