Crítica de Despedida de soltera (Bachelorette)

Despedida de soltera (Bachelorette)
Pese a que Despedida de soltera se ha llevado infinidad de palos por considerarse un exploit de La boda de mi mejor amiga, cabría recordar que esta última tampoco supuso novedad alguna, sino que fue simplemente la que mejor salió de una serie de comedias asociadas a un cúmulo de cineastas que de un tiempo a esta parte intentan llevar a cabo quizás no una revolución propiamente dicha, pero sí un refrescamiento del género. Vamos, que la de Kristen Wiig y compañía en realidad es también la explotación de una fórmula que genera grandes comedias, grandes decepciones, y películas meramente correctas que tienen la santa virtud de entretener al espectador sin que se le tengan que dar muchas más vueltas al respecto. En el primer grupo, se pueden añadir Virgen a los 40, Patinazo a la gloria o Supersalidos a la ya citada y condecorada boda; en el segundo aparecería Hazme reír o la aún inédita por aquí Casa de mi padre; y en el tercero, el del simple entretenimiento y poco más, Te quiero, tío, Hermanos por pelotas, o la que ahora nos ocupa. Nueva novia a punto de casarse, y nuevos líos a raíz de la despedida de soltera. El equipo, esta vez, Kirsten Dunst, Lizzy caplan, Ilsa Fisher y Rebel Wilson (que ya aparecía en La boda de mi mejor amiga). Y detrás de la cámara, sospechosos habituales, no tanto por la directora y guionista (debuta Leslye Headland) como por los productores: Will Ferrell, Adam McKay, y Gary Sanchez Productions. Equipo curioso del que sale una comedia lejos de la originalidad, sin duda, pero con más valores positivos de los que se le han querido ver...

Despedida de soltera (Bachelorette)

Empecemos por lo malo: Despedida de soltera no tiene nada. Dejando de lado los ¿oportunistas? parecidos de su punto de partida, el guión de la Headland tarda poco en torcer hacia otros derroteros igualmente conocidos por el espectador, y es que el grueso del film gira en torno a la carrera contrarreloj de las tres mejores amigas de la novia para arreglar su vestido, destrozado tras pasarse con el alcohol y, oh sí, las drogas, la noche antes de la boda. Un clásico. Por el camino, complicaciones de todo tipo, situaciones descabelladas, y otra que nunca falla, como es el retrato de personajes rotos por dentro, inseguros y emocionalmente inestables. Historias de amor pasadas que no han cicatrizado, secretos que en cuanto salen a la luz provocan tensiones indeseadas, y moraleja serpenteando, en clave de superación, amistades verdaderas, el amor que todo lo cura y demás. Todo ello reserva pocas sorpresas, y la falta de contundencia de su humor en relación a los grandes lleva a inevitables bajones más que de ritmo, de interés: todos sabemos lo que ocurrirá entre Caplan y Adam Scott desde el momento en que se nos presentan, o que por mal que se pongan las cosas, el grupo permanecerá unido y el día se salvará de un modo u otro, el vestido llegará a tiempo, y tan amigas. En el fondo, todo ello responde a los movimientos de ese refrescamiento cómico al que se hacía referencia al principio, pues ni Apatow ni McKay, Stiller, Ferrell y compañía pretenden inventar nada con sus películas, más bien darle nuevas pinceladas a los lugares comunes por excelencia del género.

Despedida de soltera (Bachelorette)

Ahora bien, asumiendo que no hay ninguna novedad argumental, y que su punch no es de aquellos que deja huella (admitiendo que, en otras palabras, Despedida de soltera tiene poco que aportar) cuanto menos se reserva un par de ases en la manga que impiden que su visionado sea una total pérdida de tiempo. Para empezar, es corta. Tanto (hora y veinte si se excluyen títulos) que apenas hay tiempo para preparar el terreno: la sensación de inmediatez evita los descalabros rítmicos que hubiera supuesto lo previsible de toda ella, que de este modo apenas se perciben, y aún en frío, ya carga, apunta y dispara un par de gags que informan del descaradísimo tono que va a calzarse. Bromas que si bien derivarán en situaciones conocidas, son de lo más incorrectas y, por tanto, bienvenidas. Pero más importante aún es la labor de sus actrices protagonistas. Isla Fisher es la chica guapa y tonta y hasta arriba de coca perfecta, Lizzy Caplan el contrapunto pasota de vuelta de todo ideal para un trío que se completa con una Kirtsen Dunst en estado de gracia. Más dada recientemente a dramas y personajes circunspectos, Despedida de soltera recupera la versión más disparatada de esta deliciosa arpía. Sólo por ella (y por ellas), la película vale la pena si se la considera, simple y llanamente, como una comedia ligera e intrascendente, tan políticamente incorrecta como cargada de las habituales moralejas de tres al cuarto, que sólo busca sacarle cuatro risotadas sanas al espectador sin más. Y a mí, los momentos de colocón, los piques entre ellas y todo el clímax de su arco final me hicieron reír de lo lindo. Me vale.
6/10

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