Crítica de Dos días en Nueva York (2 Days in New York)

Dos días en NUeva York (2 Days in New York)
En un nuevo giro a su (errática) carrera como directora, Julie Delpy le da continuidad a su opera prima con estos Dos días en Nueva York en que las tornas se cambian: si la otra vez era ella quien llevaba a su novio norteamericano a París (hablamos de Dos días en París), ahora es su familia quien la visita en la gran manzana, instalándose en su apartamento pocos días antes de su nueva gran exposición (sigue siendo fotógrafa), para alegría de su nueva pareja. La Delpy, que por supuesto dirige, produce, protagoniza, y co-escribe (hasta seis manos han sido necesarias para llevar a buen puerto este proyecto), busca de esta manera atender a dos corrientes cinematográficas en una. Como es de prever, la película tiene mucho de cine indie, pero también de comedia francesa, de aquellas deudoras a la vez de la nouvelle vague y de Audrey Tautou (!) que salvo sorpresa, acaban abocadas a la irritación. Aunque la verdad es que por encima de todo, a lo que aspira Dos días en Nueva York
es a servir de vehículo para lucimiento exclusivo de su autora y ese, como objetivo final, se antoja de menor nobleza. La suerte es que Chris Rock sea el partenaire masculino de la función (en detrimento de Adam Goldberg, protagonista de la anterior) que si no esto hubiera sido francamente difícil de aguantar...

Y es que a la postre, sobre él recaen los momentos de mayor lucidez. Salvo alguna salida marcadamente cómica de Alexandre Nahon, actor que hace de ex de la protagonista y actual pareja de la hermana de ésta, y que se saca de la manga dos o tres gags descacharrantes (confundir a un amigo de origen hindú con el Kal Penn de Dos colgaos muy fumaos por el hecho de trabajar con el presidente; desear ser negro porque, afirma, él sería un negro muy cool), es Rock quien acapara el interés y simpatía del público, por ser el más natural en situaciones cómicas, y el de más fácil identificación. De sus excentricidades, tan sólo chirría que trabaje en la radio y que en ocasiones y con fines terapéuticos, hable con una figura de cartón de Obama (sí, sic). Pero por lo demás, es quien recibe un trato menos paródico, y el más sufridor de una situación (o varias: todas las que tengan que ver con la familia política en general) fácilmente extrapolable a cada espectador. Eso, y que su actuación resulta ser la más contenida de un reparto que tiende a la exageración hasta caer en lo paródico sin buscarlo. Y ese quizás sea el mal más grave de Dos días en Nueva York: da con resultados que no busca, mientras que los que sí anhela no llega a encontrarlos en ningún momento.


Dos días en NUeva York (2 Days in New York)

Lo que quiere Delpy es trasladar una comedia típicamente francesa a Nueva York, empresa que tampoco es que sea un derroche de originalidad, pero que en esta ocasión no logra hallar su sitio, no se siente cómoda, resultando en todo momento forzada tanto por su guión como por el estilo que le otorga su directora. Hay voces en off que aparecen y desaparecen, de golpe y porrazo se puede convertir lo que hasta el momento estaba siendo una estilosa y refinada comedia en un videoclip, en una sucesión de instantáneas o en un intento de traspasar barreras de la consciencia recogiendo imágenes de pesadillas barrocas, y el conjunto acaba quedando en una imposible mezcla entre Amelie, Beginners y Bienvenidos al norte, con algún gag propio de Fuga de cerebros. En fin, rechazo absoluto, que se ve agravado cuando se descubre que uno de los leitmotivs de la película va a ser la dificultad de la pareja protagonista por encontrar un momento en el que intimar (...), a causa de la irrupción de esa familia esperpéntica, grotesca y ridícula. Conceptos que no casan con el tono pretencioso que se gasta el film, y cuyo súmmum se alcanza al saberse que ella, fotógrafa francesa (mon dieu!) tiene como gran obra de arte su alma en forma de contrato de venta. Y por eso ni logra emocionar, ni divertir (sumemos un tercer gag a los dos antes mentados: el guiño al KKK de Chris Rock al ver a su hijo disfrazado), ni hacer recapacitar sobre nada en concreto.

Dos días en NUeva York (2 Days in New York)

Todo se sigue con apatía cuando no cabreo; cada mueca de Julie Delpy, cada ridículo de su padre en ficción y en la vida real (el momento de las cosquillas…) y cada excentricidad de auteur asestan una nueva pedrada a una película que no tarda en hundirse en la miseria. Un granguiñolesco ejercicio de complacencia mucho más inofensivo de lo que su teórico humor negro dice de ella, resuelto con torpeza y rematado con unos minutos finales directamente vergonzosos, que no hacen sino evidenciar el vacío sideral que supone toda ella. Con la de jugo que se le suele sacar siempre a una estancia en Nueva York de un par de días...
4/10
Por Carlos Giacomelli

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