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Crítica de Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower)

Llévatelo

Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower)
Hay quien tiene Media y Liceo, quien tiene ESO y Bachillerato y quien tiene Middle School y High School. Metodologías de estudio distintas que en ocasiones apenas si tienen que ver entre sí. Pero hay algo en lo que todo el mundo coincide, y es el infierno en que se puede convertir la época que coincide con los años de estudio pre-universitarios si se tiene la mala suerte de pasar por una edad del pavo complicada, si se tiene alguna clase de deficiencia social, se es distinto, o si tus compañeros de clase la toman contigo. De todo ello, el cine no ha dejado de hablar, ya sea mediante moralizantes historias de superación o tremebundos dramas que acaban en tragedias que encuentran la raíz de su causa en la preadolescencia. Y de eso es de lo que habla ahora Las ventajas de ser un marginado, adaptación de la exitosa novela homónima escrita y dirigida por su propio autor, Stephen Chbosky. De hecho, el interés se centra en un joven tirando a puntero, con evidentes dificultades para sociabilizarse en el colegio hasta que entabla amistad con una pareja de hermanastros (también raritos) que básicamente le descubren un mundo nuevo compuesto por grupos de colegas, amores iniciáticos y flirteos con sustancias dudosas. Temática habitual, la de una película que para redondear su colección de lugares comunes, adopta aires autobiográficos al situar la acción allá por el final de los años 70. Pero ojo, alérgicos de Alber Espinosa, que aquí no se trata tanto del qué, sino del cómo.


Y es que si bien Las ventajas de ser un marginado se vea afectada (y de qué manera) por su total falta de originalidad, Chbosky se anota un inesperado tanto al dar con la fórmula que le brinda, a su propuesta, toda la sutileza que debería exigírsele a productos similares. Lo hace mediante una conjunción de elementos, empezando por una dirección irregular pero voluntariosa, que intenta aplicar un estilo indie pero sobrio a la vez, a caballo entre la manufactura minimalista y la puntual visita a montajes esforzados e imagen retocada (ese efecto de neblina...). También influye una progresión dramática más que correcta, (casi) siempre hacia delante pero sin precipitaciones y con apenas algún que otro bloqueo: los personajes principales van evolucionando paulatinamente, se van desnudando a golpe de pequeñas novedades que a la vez pueden suponer grandes revoluciones internas. Afloran sentimientos, se estrechan amistades, y un goteo de opresión anímica, también inesperado, va asomando la cabeza pero manteniéndose en las sombras... Tampoco hace falta explicitar mucho más. En suma, resultado desigual pero apasionado, trabajo de un autor que esconde carencias poniendo en evidencia su devoción por la obra.

Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower)

Hay más. No puede uno pasar por alto el surtido de referencias, obvias pero deliciosas, que hacen de la que nos ocupa una película poco menos que generacional: no faltan los Escarabajos, las casetes grabadas para confesar sentimientos, David Bowie y The Rocky Horror Picture Show. Todo pensado para provocar una sonrisa parida de la añoranza. Todo, para allanar el terreno de lo que realmente acaba marcando las diferencias: su trío de actores. Un Ezra Miller en plan robaplanos con su pasota pero atribulado personaje (otro más, después de su mucho más turbulento Kevin), se convierte en espectador de lujo de la perfectamente interpretada relación de amistad infinita entre Emma Watson (definitivamente desprendida de Hermione) y Logan Lerman. Este último, más que posible alter ego del autor y joya muy a tener en cuenta en adelante. Los tres colman de abrumadora humanidad a sus personajes, esconden clichés, y evitan incluso los aspectos más irritantes (que no son pocos) de sus respectivas personalidades, sacando petróleo de las situaciones más encorsetadas y triunfando en sus emotivas escenas finales.

Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower)

Sigue habiendo turbulencias, por supuesto. A la que se desata el síndrome indie aquí y allá, Las ventajas de ser un marginado se vulgariza y flaquea en esa por lo demás sólida introspección del joven norteamericano de ayer (y de hoy). Y esa evolución dramática tan correcta que mentábamos, levanta un poco el pie del acelerador entrada su segunda mitad, coincidiendo con cierta dispersión del interés (hasta entonces muy focalizado) del film. Para más inri, si bien emotivo, su final de corte moralista se antojaría algo precipitado, sacando de golpe y porrazo una explicación a esa opresión que hasta entonces tan bien había sabido mantenerse en segundo plano. Con todo, a poco se pueda extrapolar esta historia a vivencias personales, a poco que se entre en su juego y se permita que sus tres protagonistas jugueteen lo que les dé la gana con los sentimientos del espectador, la película de Chbosky puede cuajar y de qué manera. Sus vibraciones positivas, su canto al buen rollo y al recuerdo, y su discurso sobre la superación personal, pregonado casi a gritos, hacen muy difícil que uno no salga del cine con una sonrisa de oreja a oreja. Y eso bien vale una oportunidad, ¿no?
7/10
Por Carlos Giacomelli

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