¿Jamás? Por aquellos caprichos del destino, con un Rodriguez ya desaparecido en las brumas del olvido, su música estalló en una Sudáfrica que necesitaba expiar las maldades y perversidades del apartheid a través de una producción artística con la capacidad revolucionaria y revulsiva bien engrasada. Y encontró en la figura de Rodriguez su perfecta vía de canalización; la música de Rodriguez conocía el éxito en Sudáfrica sin que el mismo Rodriguez lo supiera. Es más, nadie sabía dónde estaba el propio músico, envuelto su nombre, logros y miserias en leyendas negras, teorías descabelladas y hasta un presunto suicidio que nunca pudo confirmarse o rebatirse y cuyas circunstancias nunca quedaron demasiado claras.
Hasta hoy. Malik Bendjelloul, actor sueco reciclado en director, documenta el proceso de iluminación de la música y legado de Rodriguez a través de la historia de dos expertos lanzados a la caza del artista y a los motivos de su fracaso en Estados Unidos, paralelo a su masiva aceptación en Sudáfrica. Y lo convierte, gracias a recursos que trascienden la ortodoxia genérica del documental (el cultivo de un sense of wonder más ligado al cine de aventuras), a una arrolladora capacidad de fascinación y a una historia apasionante, en todo un ejercicio de thriller arrebatador. En una caza del mito y explicación de la leyenda que no sólo deviene en uno de los mejores rockumentary de las últimas temporadas sino también en una absorvente historia humana. Amor por la música y capacidad antropológica unidas bajo el signo del entretenimiento puro.
Y así es. El periplo nos lleva del Detroit cuna de Sugar Man (alias de Rodriguez) al Cape Town donde ni él mismo conocía que fue a recabar su legado. De los mitos y leyendas flotantes en un halo de incertidumbre a las confirmaciones y certezas impregnadas de triunfalismo subterráneo. De su supuesto suicidio a su retiro espiritual. Del fracaso y el ostracismo hasta la vibrante resurrección. Bendjelloul nos pasea por todo ello de la mano de una personalidad mística, carismática y magnética, y al mismo tiempo por los recovecos de sus canciones ideológicamente encendidas, por los avatares sociales de una Sudáfrica convulsa que encontraba en las cubetas de las tiendas de discos su pequeño reducto de rebeldía, capitalizado por los Beatles, Simon and Garfunkel y, sí, Rodriguez. Así vamos navegando en un ejercicio que tiene algo de formalismo y un aparato de producción potente, por un sinfín de imágenes de archivo, de reconstrucciones visuales del pathos de las canciones de Sugar Man y por las inevitables declaraciones de allegados y expertos, esta vez tocadas por una mezcla de reverencia, sorpresa y desengaño. Y finalmente, el director termina cediendo el testigo y dando la voz a quien más se lo merece y por quien, en el fondo, se sustenta todo esto.
Searching for Sugar Man es, en fin, un acto de amor hacia el rock y hacia los hombres que lo hacen posible; y al mismo tiempo una lanza rota entorno a la capacidad aglutinadora y conmovedora de una música por encima del nombre o la figura que se esconda detrás de ella. Esto es, un quiebro en las preconcepciones del folk ligadas al malditismo de sus responsables pero también una reverencia hacia una figura olvidada, perdida en la noche de los tiempos. Y eso ya es garantía de éxito en una película que pretende, y logra superar con creces el objetivo, trascender un ánimo documentalista para emocionar y conmover profundamente.
8/10



To the Wonder, por Carlos Weishäupl

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